Opinión

El destino de la seguridad en nuestro país

¿Podrá Rodríguez colaborar y dirigir a personas con 20 o 30 años de experiencia en la materia? | Francisco Rivas

  • 04/11/2020
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El pasado viernes 30 de octubre el presidente López anunció que invitaba como nueva titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) a la ex secretaria de gobierno de la Ciudad de México, Rosa Rodríguez.

Un nombramiento sorpresivo tanto para Rodríguez como para la opinión pública. Por días, desde que el ex secretario Durazo anunciase su salida, se habían peloteado una serie de nombres entre expertos y personas con algún nivel de *expertise* en el tema, pero en ningún momento -que yo tenga conocimiento- el de Rodríguez o algún otro candidato inexperto en la materia.

Hasta la fecha sigue siendo sólo un nombramiento debido (1) a lo sorpresivo de la invitación hecha por López -según se dice ella misma se enteró por la mañanera-, como (2) por el confinamiento que Rodríguez se auto impuso a raíz de su contagio por covid-19.

De la periodista se sabe que es mujer leal al presidente, al secretario de Relaciones Exteriores y a la Jefa de Gobierno; su experiencia incluye el control político de la capital, el breve encargo que el presidente le encomendó de los puertos del país -donde quien manda es la Marina Armada de México- y la coordinación de los grupos de seguridad por sectores, en la Secretaría de Seguridad capitalina en parte de los sexenios de Ebrard y Mancera.

Nada relacionado con la definición de estrategias de prevención y/o reacción de delitos, inteligencia policial, formación, evaluación, supervisión, régimen disciplinario de las fuerzas del orden.

Si por un lado el nombramiento de una mujer, inteligente y disciplinada al frente de la SSPC podría parecer un avance, tras una titularidad de un neófito, en los hechos es más de lo mismo: con el nombramiento de una persona sin experiencia el presidente da un serio golpe a muchas mujeres expertas y formadas dentro de las instituciones de seguridad, confirma que la SSPC es un adorno más de un gabinete irrelevante, donde quien decide qué se debe hacer es él y quienes ejecutan las ordenes son las fuerzas armadas.

López no buscó a una experta que le dijese qué decisiones son las mejores para la seguridad de los mexicanos; qué recursos se necesitan; por qué la seguridad debe estar en mano de los civiles y no de los militares; que le aconseje y se le oponga, que le impida salir a decir todos los meses que los homicidios bajan aún cuando están subiendo o qué errores no se deben cometer como los absurdos recortes presupuestales de 2019 y 2020 o “el Culiacanazo”.

La nueva secretaria deberá decidir si -como Durazo- será la vocera de seguridad o si pelea por el control de la Guardia Nacional, una institución que normativamente está a su cargo y donde el control lo detiene la Secretaría de la Defensa Nacional.

La nueva secretaria deberá luchar por el liderazgo interno por ser una improvisada en una estructura donde trayectoria y experiencia pesan.

¿Podrá Rodríguez colaborar y dirigir a personas con 20 o 30 años de experiencia en materia; con sacrificios de vida importantes y compañeros perdidos en servicio? ¿Será capaz Rodríguez de negociar con alcaldes, secretarios, fiscales, gobernadores, agencias y gobiernos extranjeros sin la experiencia necesaria que respalde sus posturas? ¡Lo dudo! Por ello estoy convencido que su rol es meramente representativo para la foto y el discurso.

Por mientras los delitos que debe combatir la federación siguen creciendo, de enero a septiembre hay un 1% más de víctimas de homicidio doloso; 6% más de carpetas de investigación de trata de personas y 8% más de narcomenudeo respecto a 2019, el peor año de la historia en homicidio doloso, trata y narcomenudeo; hay por lo menos 3 mil personas desaparecidas más y un preponderante control de la delincuencia organizada en regiones completas del territorio nacional.

Al mismo tiempo, los recortes presupuestales de 2019 y 2020, los desvíos por atender la pandemia nos llevan a tener menos capacidades policíacas y ministeriales respecto tan sólo a 2018, donde varias entidades y municipios se encuentran en inoperabilidad debido a las decisiones del gobierno federal.

Un mal nombramiento en un tema sumamente delicado, una decisión del presidente que anuncia que habremos de seguir sin estrategia, con una seguridad militarizada, sujetos a la politiquería y en un contexto donde la violencia seguirá creciendo y rompiendo récords.

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