Opinión

El desdén por la educación

Llámenme exigente, yo quiero a las personas mejor preparadas y también con los más altos estándares de ética. | Pamela Cerdeira

  • 18/02/2019
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La educación en este país ha sido y seguirá siendo, por lo que se asoma, botín político. Desde la educación formal que utilizó a la historia para formar fanáticos de figuras de culto y no ciudadanos críticos con la capacidad de ver a su pasado con todos sus matices, hasta el control por las plazas educativas y el sistema de promoción basado en participación sindical, no en capacidades pedagógicas, han sido el lastre que nos mantiene atrapados en donde estamos.

Hace muchos años preguntaba a la entonces embajadora de Finlandia en México, sobre su sistema educativo, considerado uno de los mejores en el mundo. Todo esto en el marco de las marchas que inundaban la ahora CDMX en contra de las evaluaciones a los maestros. Ella respondía que en Finlandia los maestros no son evaluados constantemente, porque los filtros más complicados los atraviesan para poder llegar a ser maestros. De todos los que aspiran a enseñar, sólo muy pocos lo consiguen: los mejores. Mencionaba otro dato que hoy más que nunca me parece relevante: “Un maestro puede aspirar a ocupar el cargo más alto en materia educativa del país, un maestro puede aspirar a ser Secretario de Educación.”

En la última semana se ha dibujado un desprecio por la preparación académica de las personas que ocupan diferentes cargos públicos. El CONACYT es quizá el más tristemente célebre de los ejemplos:

- Un Subdirector de Comunicación Social en tercer semestre de la carrera de comunicación.

- La secretaria administrativa del fondo sectorial CONACYT-SENER con estudios de secundaria y experiencia profesional como demostradora de lencería. Por cierto, CONACYT se deslindó del nombramiento, argumentando que había sido facultad de la Secretaría de Energía.

- La titular de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados con título de Diseñadora de Modas. Incluso el comunicado del Consejo resaltaba sus “profundos conocimientos tradicionales sobre los maíces nativos mexicanos adquiridos a lo largo de su vida, ya que proviene de una familia campesina de Milpa Alta”.

- También la titular de la Comisión Nacional del Deporte, Ana Gabriela Guevara, estudió hasta secundaria. De hecho la junta directiva de la SEP tuvo que modificar los requisitos mínimos, que eran de licenciatura, para que pudiera asumir el cargo. ¡La Secretaría de Educación, acreditando que la educación no es un requisito importante!

¿Son los títulos universitarios garantía de buenos servidores públicos o buenas personas? ¡No! El régimen Nazi contaba con el apoyo de académicos seguidores de la causa. Por otro lado, la historia de Pedro Carrizales resulta en la grata de sorpresa de quién sabe hacer más con lo menos. Vale la pena mencionar, que consciente de sus deficiencias no ha dejado de prepararse desde que asumió el cargo como diputado local de S.L.P. Pero Pedro es la excepción, el golpe de suerte, y un representante popular, no un funcionario para el que hay un perfil que cubrir.

Llámenme exigente, yo quiero a las personas mejor preparadas y también con los más altos estándares de ética. En un país de más de cien millones de personas no tengo duda de que existen. Sólo basta pensar más a México que en los cuates. Así de simple.

Cómo hice de Twitter un lugar de paz

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