El derecho de Taibo II

Nicolás Alvarado renuncio a su puesto al frente de TV UNAM, tras calificar de nacas y jotas las lentejuelas de Juan Gabriel. No es la dignidad destruida de las lentejuelas lo que importa, sino el poder que las palabras tienen dentro de determinado contexto para denostar y el mayor poder que adquieren en voz de quien las pronuncia o escribe. Nicolás Alvarado no era solo un columnista al que no le gustaba Juan Gabriel, sus palabras eran también las del director del canal de televisión de la máxima casa de estudios.

Perelló perdió también su trabajo en Radio UNAM tras una serie de comentarios que hacían apología de la violación. Puedo imaginar que sus expresiones hubieran recibido en el ámbito de lo privado el mismo repudio que recibieron en el público.

La libertad de expresión no es igual para todos, porque la voz de todos no suena igual de fuerte.

Las palabras de Paco Ignacio Taibo II en el marco de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, no solo son misóginas y alientan la cultura de "el que la mete gana" y si "la mete en contra de la voluntad del otro, es todavía mejor", lejos están de ser solo lo que en su disculpa alude, dejan entrever una forma de asumir para qué sirve el poder. La ley que impide a Taibo II quedar al frente del Fondo de Cultura Económica, por no ser mexicano por nacimiento, es a todas luces absurda y discriminatoria. Modificarla es importante, en el marco de una serie de revisiones que permitieran estos vicios en todas las leyes y reglamentos. Pero modificarla como se ha planteado es hacerle un traje a la medida, es utilizar al legislativo para un beneficio propio, a modo. El asunto ha quedado atorado en el Senado seguramente en espera de que se calmen los ánimos y el siguiente escándalo nos haga olvidar esta historia. Si finalmente termina, como sea, dirigiendo el Fondo será un ejemplo de la falta de consecuencias ante comentarios incendiarios en un país al que le urge la paz, el mensaje no es solo para él, es para todos.

El escritor argumentó que si algo se había ganado era la libertad de llamar a las cosas por su nombre, aprovechando este derecho, el contorsionista genital nos vuelve a demostrar que él es un patán con ínfulas de tirano.

Mirarse el ombligo

@PamCerdeira | @OpinionLSR | @lasillarota



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