Opinión

El derecho a disentir

El llamado a defender las libertades, las instituciones democráticas y los equilibrios de poder está hoy más vigente que nunca. | Marco Adame

  • 17/06/2020
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La democracia presupone dos valores fundamentales: La igualdad, es decir, que todos los ciudadanos gocen de los mismos derechos; y la libertad, dentro de la que se encuentra la libertad a disentir y a pensar diferente. Las sociedades son plurales, lo que implica que siempre habrá puntos de vista diversos. Es por eso que en democracia todos los votos se cuentan, porque todas las opiniones valen. Cuando sólo la opinión de uno es la que cuenta, lo que existe no es democracia sino dictadura.

Es por ello que preocupa que desde la presidencia se confunda el disenso, con el conflicto o el golpismo. Y aún más grave es que se amenace a quien piensa diferente bajo la sentencia de “estás conmigo o contra mí”; en un maniqueísmo donde o se es “liberal” o se es “conservador” y quien no esté de acuerdo con el gobierno sufrirá las consecuencias. Sólo los regímenes autoritarios perciben el disenso como un complot para derrocar al gobierno.

Y eso sucede cuando el presidente utiliza el espacio oficial para denunciar una supuesta campaña en su contra denominada “Bloque Opositor Amplio”. El mandatario acusa por parejo a empresarios, periodistas, partidos políticos, al Instituto Nacional Electoral y al Tribunal Electoral, en una paranoia inusitada.

Más allá de que el documento parezca apócrifo y que los involucrados han desmentido participar en él, en una democracia el disentir es un derecho. El formar coaliciones y llamar a votar por uno u otro partido es legítimo y es parte de la libertad que tenemos como ciudadanos. Lo ilegítimo, tal y como lo establece nuestra Constitución (art 134), es utilizar los recursos del gobierno para descalificar a los partidos de oposición.

En este sentido, los gobernadores del PAN lanzaron un manifiesto denominado “Acuerdo en Defensa de la Libertad, la Democracia y el Federalismo”, en el cual además de plantear una ruta diferente para salir de la crisis sanitaria y económica que enfrentamos, llamaron a la defensa de las instituciones, del federalismo, de los contrapesos, de la democracia y de la libertad.

El presidente no tardó en responder calificando el acuerdo como “politiquería” y amenazando a sus opositores advirtiendo: “yo no me voy a dejar o no voy a permitir que se menosprecie, que se ningunee la investidura presidencial”. Y afirmando que “ya tuvieron su oportunidad y se dedicaron a saquear y a robar”, lo cual es una acusación muy grave por parte del presidente.

Y es que la preocupación de los gobernadores por la defensa de las instituciones está bien sustentada. Son muchos los casos donde el gobierno ha intentado eliminar los contrapesos. El más reciente ha sido la iniciativa para desaparecer al Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica y la Comisión Reguladora de Energía y crear un organismo diferente.

La iniciativa supuestamente pretendía ahorros, pero resultaba nociva ya que afectaba la confianza en las actividades de regulación de los mercados y ponía en riesgo el nivel de profesionalización requerido por estos institutos. Lo que sí garantizaba era que el presidente tuviera el control absoluto de los organismos autónomos al ser él quien nombrara a los nuevos responsables.

Y no es la primera vez que legisladores de MORENA atentan contra los equilibrios de poder, baste recordar la iniciativa para incrementar el número de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Bajo el pretexto de crear una Sala para combatir la corrupción lo que en realidad se lograba era asegurar el control del Máximo Tribunal. Y el argumento, a su vez, era un despropósito ya que la Suprema Corte no tiene como objetivo la corrupción sino defender la constitucionalidad y el equilibrio de poderes.

Pero también hemos visto cómo impusieron a una titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que no cumplía los requisitos de ley, especialmente el de imparcialidad o la imposición de un titular de la Comisión Reguladora de Energía sin aptitudes para el cargo, donde lo que importó fue ser partidario del gobierno. Y ahora el presidente amaga en contra del Instituto Nacional Electoral; el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales; y el Sistema Nacional Anticorrupción argumentando supuestos ahorros.

En definitiva, el llamado a defender las libertades, las instituciones democráticas y los equilibrios de poder está hoy más vigente que nunca. Si bien hay mucho que mejorar en nuestra democracia, no podemos tirar por la borda lo que tanto sacrificio nos ha costado conseguir. Como decía Vaclav Havel “no permitamos que el deseo de servir a uno mismo prospere de nuevo bajo la bella máscara del deseo de servir al bien común”. No permitamos que bajo pretextos como la austeridad o la lucha contra la corrupción se atente en contra de nuestras instituciones democráticas.

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