Opinión

El censo patriarcal

Llegó el censo con su categoría de “jefe de familia”, lo cual incumple los Lineamientos para Incorporar la Perspectiva de Género en el SNIEG. | María Elena Estavillo

  • 16/03/2020
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Pues comenzó el Censo de Población y Vivienda 2020. Coincide ahora con este gran movimiento de mujeres reclamando nuestros derechos y haciendo consciencia sobre el machismo en el que vivimos, en todas sus expresiones, incluyendo el institucional.

Y es así que están apareciendo comentarios críticos sobre la pregunta que hacen los encuestadores para identificar al “jefe de familia”, como por ejemplo este tuit que ha generado miles de reacciones

Me da gusto ver este cambio de conversación, dado que tenemos mucho tiempo de estar censando y clasificando en México a los “jefes de familia” sin haberse generado mayor cuestionamiento.

Y aquí quiero contar mi batalla personal por este tema, en la que fracasé rotundamente.

A lo largo de 6 años, desde 2014, me propuse lograr que en el censo de este año desapareciera el concepto de jefe de familia.

Como consejera en el Consejo Consultivo del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, señalé el tema. También lo comenté personalmente con el presidente del INEGI. Recibí una respuesta en principio positiva, pero pasaba el tiempo y no se abordaba ningún cambio.

En diciembre de 2015 el INEGI publicó los Lineamientos para incorporar la perspectiva de género en los proyectos estadísticos, que en su artículo 10 señalaban la obligación para las unidades del Estado que realicen actividades de divulgacio´n y servicio a personas usuarias de la informacio´n estadi´stica y geogra´fica, de considerar la perspectiva de ge´nero desde el disen~o, integracio´n y ana´lisis de la informacio´n.

Había entonces ya un marco para revisar el censo con perspectiva de género.

Cuando se sometió a consulta pública el Proyecto de Norma Técnica para Incorporar la Perspectiva de Género en el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica presenté comentarios formales en mi carácter de consejera del Consejo Consultivo del SNIEG y como comisionada del Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Al mismo tiempo, envié un resumen de los comentarios al secretario ejecutivo del Comité Ejecutivo del Subsistema Nacional de Información Demográfica y Social, pues me interesaba hacer hincapié sobre la importancia de eliminar conceptos como “jefe de familia” y modificar el lenguaje de otros como “ama de casa”.

También destaqué el principio de neutralidad de género, que ya había tomado fuerza en otros países, y que se refiere a que la política pública, el lenguaje y otras instituciones sociales deben evitar la distinción de roles según el sexo o el género de la persona, con el fin de evitar la discriminación que surge de la percepción de que hay roles sociales más apropiados para un género que para el otro.

Finalmente me comunicaron que tomarían en cuenta algunas de mis sugerencias relacionadas con el uso de lenguaje incluyente, pero no hubo mención alguna sobre el diseño de indicadores, el principio de neutralidad de género, ni los conceptos de “jefe de familia” o “ama de casa”.

Por esas fechas escribí el artículo “Ya no quiero ser jefa de familia” que difundí también entre algunos directivos del INEGI. Los invito a releerlo, pues veo con tristeza que podría publicar exactamente lo mismo el día de hoy.

Pero el resultado fue que, después de compartir argumentos informales, formales, verbales, por escrito, conceptuales, técnicos, sustentados en mejores prácticas internacionales, el concepto se mantuvo. Llegó de nuevo el censo 2020 con su categoría de “jefe de familia”, lo cual por otra parte incumple los Lineamientos para Incorporar la Perspectiva de Género en el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica publicados por el mismo INEGI, que señalan que todas las unidades del Estado que generen estadísticas incorporarán la perspectiva de género, para identificar “las acciones que mujeres y hombres realizan como partes equilibradas, sin predominio de alguna sobre la otra”.

Y no puedo dejar de preguntarme: si este camino que recorrí lo hubiera tomado un hombre ¿habrían atendido mis argumentos? ¿Algún hombre dentro del INEGI o del Consejo Consultivo del SNIEG retomará la preocupación y, entonces sí, tendrá eco?

Lo único que se atinó a hacer fue darle un espacio al tema dentro de la capacitación a los encuestadores y reflejar una políticamente correcta declinación femenina en “jefa”, que evidentemente son acciones cosméticas que no pueden atender el problema de fondo: que el mismo concepto de jefe de familia es sexista y patriarcal. Hace referencia a la familia controlada por una cabeza que, por default en una sociedad machista, se piensa masculina.

Por más que el INEGI esté ahora tratando de minimizar el contenido patriarcal de este concepto, su significado el claro.

La primera definición de “jefe” que encontré en Google es:

-         Persona que tiene autoridad o poder sobre un grupo para dirigir su trabajo o sus actividades.

-         Representante o líder de un grupo.

Para la Real Academia de la Lengua Española, jefe es:

-         Superior o cabeza de una corporación, partido u oficio.

-         Militar con cualquiera de los grados de comandante, teniente coronel…

Todas estas definiciones expresan subordinación en una relación jerárquica, y este es el mensaje que llevan los encuestadores a cada núcleo familiar por todos los rincones del país, como si nos hiciera falta.

El concepto de jefe de familia hace referencia a un funcionamiento vertical y autoritario -patriarcal-, donde no se concibe la posibilidad de una organización paritaria, ya que no pueden coexistir dos o más jefes.

Al mismo tiempo, se hace eco de la noción de que, con el poder económico, viene la autoridad, ya que el concepto de jefe de familia se asocia al de proveedor. En una sociedad donde las mujeres se encuentran en una gran desventaja respecto de sus oportunidades económicas -lo que confirman las mediciones del Foro Económico Mundial, que ubican a México con una de las mayores brechas en el mundo-, el mismo hecho de vincular la aportación económica con la jefatura familiar, empuja a justificar a los hombres como controladores de las decisiones familiares.

Pero, por otro lado, no se entiende la insistencia en mantener el concepto de familia más que en la inercia y en una resistencia al cambio que impide aplicar con seriedad la perspectiva de género.

¿Qué utilidad tiene el indicador mismo? La forma en la que está concebido no permite conocer cuántas personas sostienen económicamente el hogar o cómo se involucran los integrantes del núcleo familiar en diversas responsabilidades, ya que el concepto está impregnado de sesgos que distorsionan las respuestas y su interpretación.

Si quisiéramos saber cuáles son los hogares que reflejan una organización autoritaria tampoco lo sabríamos, porque el mismo concepto impone a los encuestados una narrativa. O se tiene jefe o se tiene jefa, pero no existe la opción de registrar una organización más moderna, horizontal y solidaria, una que refleje la igualdad de los hombres y mujeres ante la ley, la solidaridad y asistencia mutua que se espera en una familia, o la variedad de modelos de familia que existen.

La inercia y la resistencia al cambio son muy poderosas. Por eso el Foro Económico Mundial nos advierte que, si seguimos a este ritmo, tardaremos 257 años para cerrar la brecha de género medida en oportunidades económicas. Todos necesitamos entenderlo y hacer un alto para cuestionar muy seriamente lo que hacemos y cómo lo hacemos, pero principalmente las autoridades por la incidencia que tienen en las dinámicas y arreglos sociales que mantienen prácticas discriminatorias que afectan la autonomía de las mujeres.

Terminaré citando a Aubrey De Grey: No te aferres a un error sólo porque invertiste mucho tiempo cometiéndolo.

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