Opinión

El caso de Jesús Romero Colín

El delito de violación ocurrió en 1994 y siguió hasta 1999 | Fred Álvarez

  • 15/03/2018
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¿Y la reparación del daño? ¿75 mil pesos?

Por fin, después de 9 años de haber interpuesto una denuncia penal ante la Fiscalía de delitos sexuales de la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México (PGJ), el ex sacerdote Carlos López Valdés fue sentenciado a 62 años de cárcel por el delito de abuso sexual cometido contra el entonces niño Jesús Romero Colínhoy de 35 años de edad.

Jesús Romero Colín, víctima y denunciante, y sus abogados David Peña Rodríguez, y Luis Ángel Salas del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social A.C. convocaron a una conferencia del prensa el martes 13 en el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos) para dar a conocer la sentencia.

El pasado 8 de marzo el Juzgado 55º en materia penal de la Ciudad de México notificó la emisión de la sentencia condenatoria dentro de la causa penal 244/2008 imponiéndole al ex sacerdote una sentencia privativa de libertad de 62 años, la cual sólo podrá ser cumplida por los próximos 40 años debido a que esa es la pena máxima que puede cumplirse en la capital.

Una nota de Reforma firmada por Silvia Garduño dice que pese a la condena -de 63 años-" y debido a su edad (70 años) el prelado podría quedar en libertad mediante reparación del daño

¡No es así!

El ex sacerdote nunca saldrá de la cárcel a menos que haya una amnistía o pida la prisión domiciliaria después de un largo proceso penal; eso sí, tendrá que pagar por la reparación del daño la mísera cantidad de 75 mil pesos...

Por cierto, no sabemos el por qué el Poder Judicial ni la PJG de la Ciudad de México emitieron un comunicado sobre el caso.

Reacción del arzobispado Primado

El mismo momento de la conferencia en Cencos, el arzobispado manifestó su disponibilidad para colaborar con las autoridades y se solidarizó con la víctima y su familia.

Con motivo de la sentencia penal contra un sacerdote católico (Sic), la Arquidiócesis de México manifiesta lo siguiente:


Nos solidarizamos con la víctima y su familia. Lamentamos profundamente lo sucedido. Estos comportamientos terribles nos producen dolor y vergüenza, y nos confirman en el compromiso de hacer todo lo necesario para sanar estas situaciones desde la raíz.

No estaremos conformes hasta que quede extirpado este mal. Como ha dicho recientemente el Papa Francisco, esta es una de las prioridades de la Iglesia de nuestra época.

Secundando la afirmación de los últimos papas: “no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores”, ratificamos nuestro criterio de actuación de “tolerancia cero” ante estas situaciones, y de la necesidad de informar, de reconocer el mal y de pedir perdón...".

Nos hubiera gustado que en el comunicado se hubiera dado a conocer el nombre del ex sacerdote: Carlos López Valdés.

El ex sacerdote fue acusado por Jesús Romero Colín, que sufrió los abusos entre 1994 y 1998 e hizo la denuncia en 2007; debemos decir que el caso estuvo mucho tiempo congelado en la PGJ, hasta que una fiscal valiente lo sacó del baúl, y fue cuando el caso empezó  a tomar forma.

Hace nueve meses las autoridades capitalinas detuvieron al ex sacerdote por una orden del juez… Entonces la PGJ emitió un raro comunicado, fueron 274 palabras y colocaron 85 de más, un párrafo completo, que dice:

“Al conocer el ilícito, el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis Primada de México solicitó que se iniciara el juicio canónico contra el indiciado, y a su vez, el Tribunal Eclesiástico informó a la congregación de la doctrina de la Fe en la Santa Sede en Roma, Italia; quienes continuaron con la investigación, remitiendo como sentencia definitiva en el 2010 (Sic, fue en 2011), su exclusión del ejercicio sagrado del ministerio; además, se le prohibió predicar y desempeñar algún oficio directivo en el ámbito pastoral ni fungir como administrador parroquial”.

¿Por qué hizo eso ciudadano procurador, Rodolfo Fernando Ríos Garza?

No sabemos, y además, esa es otra historia.

Romero señaló en una entrevista al periódico El País...

“Cuando conocí la sentencia rompí a llorar. Ni siquiera pensaba en todo lo que me hizo Carlos, sino en el martirio que he pasado después por denunciar. El Ministerio Público hizo desaparecer pruebas, me trató mal, me humilló, me citó en vacaciones o intentaba convencerme de que el caso había prescrito”.

No dice Romero Colín quién fue ese agente del Ministerio Público...

Las pruebas de Jesús son las fotos del religioso vestido sólo con un tanga o desnudo con el pene del niño en la boca....

“Esta sentencia es simbólica no sólo para mi proceso y para mi lucha, sino para que sea el instrumento que permita romper la burbuja de protección e impunidad que hasta hoy mantenían muchos curas pederastas”, dice Romero.

Esta es la primer sentencia condenatoria contra un cura católico pederasta en la Ciudad de México, no hay antecedente alguno y por ello representa un parteaguas en la procuración e impartición de justicia en nuestra ciudad”, señaló el abogado y defensor de derechos humanos David Peña integrante del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, organización civil que acompañó durante todos estos años a la víctima.

Este hecho hizo que, por primera vez, un par de prelados: Monseñor Jonás Guerrero, obispo de Culiacán y Marcelino Hernández, obispo de Colima, testificaran ante el juez 55 del Reclusorio Oriente.

¿Qué pasó en el caso de Romero Colín?

Lo hemos documentado puntualmente en este espacio de La Silla Rota.

No hay perdón sin justicia, un caso más de pederastia

El delito de violación ocurrió en 1994 y siguió durante años hasta 1999, cuando el inculpado era el párroco de los templos de San Agustín de las Cuevas, y San Judas Tadeo, en la delegación Tlalpan.

Muchos años después -en 2007- la víctima decidió denunciar los hechos criminales; primero lo hizo con las autoridades eclesiásticas, quizá para darle la oportunidad de que hicieran algo; el día 22 de marzo de 2017 la madre de la víctima, la señora Esperanza Colín habló con el entonces obispo Jonás Guerrero Corona responsable de la VI Vicaria para exponerle el asunto vergonzoso.

¿Qué pasó entonces?

Al enterarse de la gravedad del caso las autoridades eclesiásticas actuaron equivocadamente; lo que hicieron -y está documentado- fue pedirle que atendiera su problemática emocional y “conductas inadecuadas”.

Así el clérigo siguió ejerciendo su ministerio varios meses más como si nada hubiera pasado. 

¡Increíble!

Meses después y gracias a la presión mediática –vía reportajes en medios impresos y electrónicos, y también a un filme Agnus Dei- le suspendieron momentáneamente la licencia sacerdotal al cura e iniciaron un juicio canónico que duró varios años; primero en el Tribunal Interdiocesano de la Arquidiócesis Primada de México y al final el caso llegó a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Le fue retirado el grado sacerdotal; esos hechos concluyeron en enero de 2011.

Las pruebas presentadas por el Tribunal fueron “contundentes”. Entre ellas, un disco compacto con pornografía infantil que incluye imágenes de la víctima tomadas por el propio agresor.

Hasta donde sabemos Carlos López Valdés dejó el cargo de sacerdote en enero de 2011.

Para la Arquidiócesis de México, encabezada entonces por Norberto Rivera Carrera, ahí quedó su responsabilidad, nadie fue a la cárcel, nadie pago daño a la víctima.

En ese sentido, los abogados de la víctima interpusieron el 17 de agosto de 2007 una demanda penal en contra del ex cura por violación y abuso sexual; después acudieron a presentar una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México e incluso acudieron al Comité de Derechos del Niño, de la ONU.

Tuvo que llegar una fiscal valiente para que reabriera el caso, y también tuvo que llegar Jorge Mario Bergoglio a ser el papa número 266...

En efecto, a las 12:06 horas del miércoles 13 de marzo de 2013 —hora de México— salió humo blanco de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina; el repique de campanas en la Plaza de San Pedro confirmó el signo de la nube: habemus papam. El cardenal jesuita Jorge Mario Bergoglio se convirtió desde ese momento en el papa número 266, el primer americano, el primer jesuita en la historia del papado. No sabemos exactamente por cuántos cardenales fue nominado, al menos fueron 77, en el tercer escrutinio en el segundo día del cónclave.

El caso llegó a los oídos del papa Francisco

De hecho Jesús Romero Colín le escribió una carta personal al nuevo papa jesuita explicando de su situación. La sorpresa para la víctima fue que el papa le respondió con una misiva muy personal, escrita con pluma azul sobre una tarjeta de opalina color blanco de 15.5 por 11 centímetros, con el sello azul marino del Estado de la Ciudad del Vaticano, y fechada el 19 de julio de 2013. Es decir, apenas 3 meses en el cargo.

Un año después -en 2015-, Jesús la hizo pública, la compartimos de nuevo en La Silla Rota, dice la misiva:

“Tengo recibida su carta.  Con dolor, vergüenza, la releí y también con los mismos sentimientos la respondo.  Perdón en nombre de la Iglesia, así con sencillez se lo pido. No me sale otra palabra. Rezo por Usted y por todos los que pasaron por ese martirio. Quiero estar cercano. En Usted, y en los que han sufrido lo mismo, veo la cara de Cristo ultrajada. 

Estoy a su lado y, por favor, le pido que rece por mí. 

Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide. 

Fraternalmente, Francisco”.

Hagamos una retrospectiva de lo que ocurrió con el caso de Jesús.

Hay un oficio -JGC/04207- que muestra la evidencia -que no prueba- de protección de altos prelados hacia el agresor sexual. La carta es de la VI Vicaría, cuyo responsable era entonces Monseñor Jonás Guerrero Corona, hoy obispo de Culiacán, Sinaloa.

Está fechado el 13 de septiembre de 2007 y dirigido al Presbítero Carlos López Valdez –nótese cómo le habla de “tú”-, le dice:

“Padre López, el 13 de marzo de este año te entregué una carta de extrañamiento, donde te pedía que atendieras tu problemática que comprende lo económico y lo emocional, recomendándote acudir a la ayuda de un terapeuta a favor de tu vida sacerdotal”.

El 02 de abril -agrega el escrito-, en las oficinas de esta VI Vicaría fuiste confrontado por S.E.R. (leer como su  “Excelencia Reverendísima) Mons. Marcelino Hernández y tu servidor, en la que aceptaste la realidad de tus conductas inadecuadas y nuevamente te pedimos que te atendieras”.

El día 03 de abril se entregó la amonestación canónica “para que cambies de conducta y evitar el escándalo” y volví a recomendarte para que te presentaras con Mons. Marcelino Hernández (hoy obispo de Colima) para tu atención médica”.


Subraya que “cada vez más preocupado por tu salud integral (física, sicológica, moral y espiritual) y dado el descuido  e irregularidad como has asumido tu proceso de atención a tu persona y a tu ministerio, me veo en la necesidad de proceder a suspenderte las licencias ministeriales (cc. 13333-1338) ad cautelam (léase provisionalmente) hasta que este proceso administrativo haya concluido”.

Continua la amonestación: “Por lo pronto, preséntate de inmediato ante S.E.R Mons. Marcelino Hernández para que ingreses y recibas tratamiento en Casa Damasco, para que de ese modo sumas tu intención emocional y psíquica como ya se te había pedido y que no has atendido debidamente.

De este modo, al retirarte tus licencias ministeriales queremos manifestarte que la Iglesia está preocupada por tu ministerio, pero también debes salvaguardar el bien en sí misma, particularmente si explícitamente hay denuncias sobre tu modo de actuar, y por tanto debes asumir y responder ante las respectivas autoridades eclesiástica y civil”.

Está firmado por el Vicario Jonás Guerrero y el secretario Carlos González Guerrero.

Tiene los sellos correspondientes.

Los prelados debieron de poner a disposición de la autoridad al cura agresor y no invitarlo a que recibiera tratamiento en la Casa Damasco.

Por cierto, la amonestación al agresor se parece mucho a la que emitió la Santa Sede en mayo de 2006  contra el padre Marcial Maciel, cuando se decidió “invitarlo” a retirarse a una “vida de oración y penitencia”, sin llevarlo a un proceso canónico debido a su avanzada edad.

Es igual que el caso del padre Karadima en Chile, con la diferencia que allá el delito prescribió y el sacerdote  no pudo recibir condena por un tribunal civil.

Por otro lado, la legislación eclesiástica hasta antes del papa Francisco perdonaba todos esos pecados.

No es casual que apenas hace tres años –el 11 de julio de 2013–, Francisco emitió un motu proprio (decreto papal) donde dio a conocer una nueva legislación en materia penal y de sanciones administrativas para el Estado de la ciudad del Vaticano y la Santa Sede. Y sobre todo enfatizó el delito contra los menores, entre los cuales se señalan: La venta, la prostitución, el reclutamiento y la violencia sexual contra los menores; la pornografía infantil, la posesión de pornografía infantil; actos sexuales con menores.

Por eso nos resulta increíble que la VI Vicaría en lugar de haber puesto al cura a disposición de las autoridades civiles lo hayan mandado a curarse a Casa Damasco como si fuera un enfermo.

¡Error gravísimo!

Lo que debieron hacer, era poner al presunto criminal a disposición de la autoridad correspondiente.

Sin embargo, para Armando Martínez, abogado entonces de la Arquidiócesis, dijo hace tiempo que ellos cumplieron con su obligación de inhabilitarlo como sacerdote en 2011.

Con todo respeto para el abogado Martínez, debieron de ponerlo a disposición de las autoridades civiles.

El papa Francisco piensa distinto y ha pedido cero tolerancia.

Reiteramos. El caso del ex sacerdote Carlos López Valdés es paradigmático, el tema de la pederastia es un clavo en la Iglesia Católica.

¿Cuántos casos hay como el de Romero Colín?

¡Muchos!

A pocos días de la llegada del nuevo cardenal Primado Carlos Aguiar Retes hay un caso de un presunto sacerdote violador y seguramente habrá muchos más...

Es necesario sacarlos a la luz pública antes que el periodismo de investigación lo haga...

Finalmente los abogados de Romero Colín nos han dicho que han ganado "2 de 3, Carlos López está preso, condenado y tiene que pagar una reparación, la PGJ ha sido señalada como responsable por la CDHDF por lo que tiene que pagar también una reparación, sólo nos falta la batalla legal contra la Iglesia católica, de la que estamos seguros también saldremos con la victoria pues tendrán que aceptar sus responsabilidades y pagar una reparación por el daño provocado a Jesús Romero” dice en entrevista Luis Ángel Salas del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia.

Con todo respeto, difícilmente prosperara la reparación del daño por parte de la Arquidiócesis Primada de México, como pretende la víctimas y sus abogados, el criminal fue separado del cargo hace años...

Pero veremos qué pasa.

Seguro estoy que el papa Francisco le dio seguimiento a este caso..., se dio a conocer justamente el martes 13 de marzo a cinco años de su pontificado, en aquella misiva personal le dice a Jesús Romero…:

"Perdón en nombre de la Iglesia, así con sencillez se lo pido. No me sale otra palabra. 

Rezo por usted y por todos los que pasaron por ese martirio.

Quiero estar cercano. En Usted, y en los que han sufrido lo mismo, veo la cara de Cristo ultrajada.

Estoy a su lado y, por favor, le pido que rece por mí. 

Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide. 

Fraternalmente, Francisco”.

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