Opinión

El buen fin del sexenio

Hay quienes no sólo tienen un buen fin sino un buen sexenio.

  • 15/11/2015
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Como usted sabe, de unos años a la fecha se ha instituido un fin de semana en el que presuntamente los establecimientos comerciales ofrecen sus productos a un precio inferior.

 

Esta medida ha demostrado una ineficacia, cuando con anticipación suben precios para ofrecerlos a un precio inferior, a manera de oferta.

 

Pero mire usted, parece que hay quien no tiene un buen fin, sino un buen sexenio, porque existen personajes que la suerte ronda su vida política y como el rey midas, hacen oro todo lo que tocan.

 

Mientras que la ciudadanía le agravia y debe de vivir muy frecuentemente o quizás diario, entre la pobreza, la corrupción, el desempleo, el fracaso educativo, la desigualdad, los fraudes, la impunidad, la delincuencia, la injusticia, la violencia, la partidocracia, las mentiras, los moches, el despilfarro y la opacidad, entre otros temas, a la clase política le agravia la crítica, el señalamiento, la transparencia y la denuncia pública.

 

Un estudio hecho por el CIDE y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), denominado “México: Anatomía de la corrupción” incorpora una gráfica de la comparación de corrupción de gobernadores de México y Estados Unidos, de 2000 a 2013.

 

La gráfica indica que mientras en Estados Unidos en ese periodo hubo nueve gobernadores acusados, con los mismos casos investigados y con las mismas detenciones, en México hubo 41 gobernadores acusados, 16 de ellos investigados y sólo 4 detenidos, exponiendo lo deficiente del sistema anti impunidad mexicano. Eso, es tener un buen sexenio, en el que la impunidad es patente para ejercer el poder.

 

Un solo ejemplo que quizás sea representativo del agravio ciudadano lo constituye, la injusta distribución de la riqueza, que podría generar o coincidir en factores de corrupción, por la vía del régimen de consolidación fiscal.

 

Dicho régimen se aplica para las grandes empresas y consiste en la deducción de perdidas contra ganancias acumuladas por impuestos, mediante la adquisición premeditada de una empresa con pérdidas y mantenerla de esa manera, para demostrar a la SHCP sus mermas y deducirlas de sus utilidades. Esta parte del modelo bajo el que funcionan los corporativos que para deducir impuestos, crean una fundación filantrópica o una asociación, como el Teletón México, que ha sido seriamente cuestionado por Naciones Unidas.

 

Otro ejemplo son las facilidades fiscales a grandes corporativos. Entre el 2000 y el 2005 los 50 grandes contribuyentes -de empresas de la industria automotriz, productos fotográficos, panificadoras, acereras, tiendas departamentales y de autoservicio, e instituciones financieras-, pagaron sólo 74 pesos de Impuesto sobre la Renta (ISR) y 67 pesos por Impuesto al Valor Agregado (IVA), en promedio.

 

Aquí es muy probable que en el anterior supuesto se encuentren las empresas del próspero empresario recipiendario de la medalla Belisario Domínguez, y que Palacio de HIerro pudiera haber pagado la módica cantidad de 67 pesos de IVA, entre 2000 y 2005. Esto podría explicar la gratitud al recibir el galardón del Senado, cuyo espíritu ha quedado lejos del honor de Estado, bajo los más nobles principios enarbolados por los grandes hitos de este país, en lo que parece que el poder político hace reverencia al poder económico.

 

Bien. Este sistema hacendario funciona porque existe una estructura fiscal diseñada para omitir información y generar canonjías a discreción. La percepción del agravio en materia tributaria también es palpable e incide en el ánimo de la ciudadanía.

 

Para el campo político, si no hay perdón para ciudadanos que pagan impuestos, tampoco lo debe haber para servidores públicos deshonestos, que hayan abusado de sus funciones, para quienes parece que el buen fin se transforma en buen sexenio.

 

No sólo eso. En la administración pública se enquista una camada de personajes, herederos de los beneficios del buen sexenio. Se trata de mirreyes o ladys que ocupan cargos públicos de responsabilidad, y que los problemas de política pública que conocen se circunscriben a los de su círculo de vida en Lomas o Tecamachalco en la ciudad de México; Cumbres o San Jerónimo en Monterrey, Nuevo León o Colinas de San Javier o Valle Real en Guadalajara, en las que desconocen que hay vida afuera de estas colonias, despreciando todo aquello que tenga que ver con lo social.

 

En este nicho podrían encontrarse directores de área, secretarios particulares, asesores o consultores, algunos de ellos pubertos maleducados, recién egresados de alguna facultad, quienes a falta de talento político lo substituyen con dosis de desinterés, descortesía y hasta majadería, cuya única preocupación es elegir el próximo destino en sus vacaciones, ya sea de playa o de ciudad, exótico o conservador.

 

Algún país de Europa o Asia posiblemente será el mejor refugio para descansar de unas duras jornadas de trabajo, luego de la extenuante tarea de atender al público. No conocen límites y en el mejor de los casos, podrían ser promovidos para algún cargo de elección, porque no se les da convivir con la ciudadanía, motivo para devengar su salario.

 

Para ellos, un buen fin de semana es el cambio de las tortillas, por supuesto.

 

@racevesj