El azote de la contaminación del aire

Henos aquí de nuevo padeciendo los azotes de las altas concentraciones de contaminantes atmosféricos. La Ciudad de México ahogándose en un mar de partículas finas y ozono troposférico. Situación inédita, por cierto, la que ha generado en esta zona metropolitana esta inoportuna combinación de múltiples incendios forestales y pésimas condiciones meteorológicas. Mucho humo y poco viento, mucho sol y pocas lluvias.

Por un lado, los incendios, la combustión de millones de motores y muchas reacciones químicas en la atmósfera produciendo grandes concentraciones de PM2.5, esas partículas finas que llegan hasta los alveolos pulmonares y el torrente sanguíneo para producir padecimientos graves y muerte, no sólo aquí sino en muchas ciudades del mundo. Y por otro, los contaminantes emitidos principalmente por los vehículos que circulan en la ciudad reaccionando en la atmósfera para producir grandes cantidades de ozono troposférico, en una cuenca atmosférica que con el apoyo de la radiación solar y la baja humedad relativa se convierte en una enorme fábrica de ozono.

Lo que hay que decir con todas sus letras es que los impactos de la contaminación atmosférica sobre la salud son mucho más graves de lo que se pensaba hasta hace unos pocos años. Esta no es una opinión periodística, es un hecho comprobado por la comunidad científica internacional cuyas investigaciones son publicadas en revistas académicas muy serias.

Retomo una de las publicaciones recientes, la de febrero de 2019 del European Heart Journal, en donde se publica un artículo firmado por siete investigadores de diferentes institutos y centros de investigación de primer nivel, principalmente europeos. El artículo demuestra que en los 28 países que conforman la Unión Europea, la contribución de la contaminación atmosférica sobre las muertes por padecimientos cardiovasculares es mucho más importante que lo que se pensaba.

Los investigadores prestan especial atención a los dos contaminantes que nos tienen en jaque estos días en la Ciudad de México, las partículas PM2.5 y el ozono, y encuentran que éstos están en el origen de un abanico de padecimientos que desembocan en un mayor número de muertes por complicaciones cardiovasculares. Estos padecimientos incluyen los relacionados con el sistema respiratorio, con cáncer de pulmón, con enfermedades isquémicas del corazón, con enfermedades cerebrovasculares y con diabetes, entre otros. El estudio encuentra que las partículas PM2.5 y el ozono causan cientos de miles de muertes adicionales en los 28 países de la Unión Europea.

Pero lo que me parece mucho muy preocupante es un tema que el autor de esta columna ha expuesto en foros académicos y de especialistas en contaminación atmosférica, y es el hecho de que las políticas de gestión de la calidad del aire todavía no incorporan un hecho aceptado por la comunidad científica internacional: que los efectos sobre la salud de la exposición crónica a los contaminantes atmosféricos, son mayores que los efectos de la exposición aguda. Es decir que hace más daño estar respirando los contaminantes por periodos largos, aunque las concentraciones no sean altas, que respirar concentraciones más altas pero por periodos cortos.

Lo anterior es mencionado en el artículo para el caso de los padecimientos cardiovasculares, pero es algo que sucede para otros varios contaminantes, como el dióxido de nitrógeno, el cual generamos también abundantemente en esta ciudad y que es uno de los precursores del ozono.

El programa que dijo estar trabajando la Comisión Ambiental de la Megalópolis es un programa de contingencias de PM2.5, esto es, un instrumento equivalente a los que ya existen para PM10 y ozono. El propósito es incluir un paquete de acciones para tratar de proteger a la población una vez que las concentraciones de PM2.5 lleguen a niveles muy altos.

Pero, como he mencionado, la verdad es que enfrentamos un problema mucho más grave con la exposición crónica al coctel permanente de contaminantes en el que vivimos inmersos, el problema es estar respirando las concentraciones consideradas como "normales" la mayoría de los días del año.

Próximamente se deberán iniciar los trabajos para la elaboración del nuevo Proaire de la zona metropolitana del valle de México, el programa que trazará las rutas a seguir para combatir el problema de la contaminación atmosférica en los próximos años. Con eso en mente me parece imperativo que ese programa cambie los paradigmas de la gestión de la calidad del aire para poder proteger la salud de la población de manera más efectiva. La innovación es urgente y estrictamente necesaria. Esperemos que se logre.

Las injusticias de la distancia

@lmf_Aequum  | @OpinionLSR | @lasillarota



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