Opinión

El acto discriminatorio

No podemos responder ante una forma de discriminación, con otra forma de discriminación. | María Teresa Priego

  • 15/09/2020
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En la colonia Condesa una pareja insulta a los trabajadores de la alcaldía que llegaron a podar un árbol. Luego, a una vecina que grababa la poda y que después grabó a la pareja en plena escena de odio. La mujer se acerca y le dice a la vecina: "india horrible". El hombre camina hacia la vecina y le da un manotazo que lanza a volar el celular. El video circuló en redes de inmediato. No es la primera vez que la grabación de un acto racista circula en redes con toda la reprobación que amerita. Aquella escena, por ejemplo, de una señora acusando a su trabajadora del hogar del robo de un chile relleno. La grabó la señora misma para subirla a su facebook, era su manera de probar que el mundo está lleno de personas "ingratas".

Por las redes corren los insultos discriminatorios más feroces, pero también las denuncias de esos actos cuyo señalamiento y análisis muestra la urgencia de transformar una cultura que naturaliza la discriminación, porque "las/los mexicanas/os, no discriminamos". "No somos racistas". "Bueno, sí hacemos bromas de las personas homosexuales, las personas con problemas de peso: son sólo chistes". "Ay, por favor, no es un chiste misógino, es sólo un chiste". Sucede cada día. El lenguaje discriminatorio nos habita. Habitamos una cultura profundamente racista y clasista que se niega a reconocerse como tal. El acto discriminatorio, esa profunda desdicha arrojada con violencia contra el otro. Ese deseo de aniquilar. Encarnar por unos minutos el fantasma de la "superioridad".

La mujer tiene un acento reconocible. El video comenzó a circular. Los títulos en los medios: "Mujer argentina insulta a mexicana en la Condesa", "Pareja de argentinos llama a mexicana 'india horrible'", "'India horrible', así insulta argentina a mexicana en la Condesa". "'India horrible': migración va por pareja de argentinos tras video". "Condenan agresión racista de extranjeros contra vecinos de la Condesa". Se insistió en la supuesta nacionalidad de la pareja, en sus supuestos orígenes "extranjeros". Diría que demás, dado que, esa insistencia puede convertirse casi en un llamado a repetir actos discriminatorios contra las personas de nacionalidad argentina en general y contra la comunidad argentina en México. Un llamado a la xenofobia.

De golpe era un enfrentamiento de nacionalidades. Ellas/os racistas, nosotras/os defensores todas/os de los derechos humanos. Esa no es la realidad del México en el que vivimos. Se pedía la "expulsión" de la pareja de México. El Instituto Nacional de Migración a punto de citarlos para investigar "su estatus migratorio". En la realidad, el hombre que dio el manotazo es mexicano. ¿Cambia algo? ¿el acto discriminatorio y el manotazo son más o menos graves? ¿hacia dónde lo van a expulsar dado que es mexicano? No podemos responderle a quien dice "india horrible", con una oleada xenófoba. No podemos intentar cambiarnos por dentro, trabajarnos por dentro y responder ante una forma de discriminación, con otra forma de discriminación. Una persona discriminó brutalmente a otra. Y es inaceptable.

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