Opinión

Ejército y Marina; 246 misiones y contando

Las misiones de las fuerzas armadas se multiplicarán. | Jorge Medellín

  • 21/10/2021
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La militarización galopante del régimen es una de las características centrales en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. El militarismo, que es la inserción de la cultura castrense –usos, costumbres, valores– en la vida nacional, en la vida civil, buscando empatar ambos mundos como si se tratara de uno solo.

Esta es la fase en la que estamos ya en el proyecto obradorista, que le ha ordenado a las fuerzas armadas el cumplimiento de más de 30 misiones no vinculadas necesariamente con su formación bélica. Recordemos, una vez más, que López Obrador fue durante muchos años duro opositor y crítico de los abusos cometidos por las fuerzas armadas en los gobiernos priístas y panistas.

Ya en el poder y reunido varias veces con los mandos militares salientes de Enrique Peña Nieto y con los elegidos por él, se dio cuenta de que no podría gobernar a un país profundamente desigual, terriblemente corrupto y dividido sin el apoyo central de los militares.

De paso, AMLO comenzó a deslizar su idea de un “ejército de paz” –absurda por donde se le vea– como un objetivo de largo plazo para desactivar a las fuerzas armadas y convertirlas poco a poco en una Guardia Nacional estructurada básicamente para garantizar la seguridad interior. No hay que olvidar la entrevista de finales de junio de 2019 que le dio a La Jornada, en la que anticipaba que si por él fuera desaparecería al ejército, pero que no podía hacerlo porque había muchas resistencias al interior.

No se equivocó el presidente y Comandante Supremo de las fuerzas armadas. Sin embargo, en el camino, los militares de tierra, aire y mar han sido pacientes y convencieron al mandatario de que su estructura, orden, disciplina, patriotismo y respeto a la Constitución bastaban para confiarles cualquier cosa.

López Obrador, viejo lobo de mar, entendió de inmediato y aprovechó la mano tendida de los ex represores, ex violadores de derechos humanos y ex abusadores –como los llamaba en campaña– para utilizarlos en las calles, pueblos, plazas, ciudades y barrios para acercarlos a la gente, para socializarlos y despojarlos de la mala fama represora forjada en décadas de servicio al PRI-Gobierno.

Con el tiempo, la idea del presidente de desaparecer a las fuerzas armadas se convirtió en proyecto para reducir su crecimiento como ejército de defensa preparado para resistir una invasión y ha mutado en la obsesión de transformarlo en una fuerza centrada en labores de seguridad pública, de preservación y resguardo del orden interno y contención de la violencia, cosas en las que también ha fallado la milicia desde hace años.

En esta dinámica de presencia militar galopante en un gobierno que prometió regresar a las tropas de tierra, aire y mar a sus cuarteles, el presidente abrió más el abanico del despliegue castrense con más de 30 misiones no bélicas, pero sí vinculadas al proyecto de gobierno populista y reivindicador de unas fuerzas armadas revestidas con el velo del profesionalismo, la infalibilidad y la honradez por naturaleza y a toda prueba.

Esta progresión tiene una historia detrás que ha sido documentada desde la sociedad civil. El ex ombudsman capitalino, el senador Emilio Álvarez Icaza, habló hace unos días sobre el tema y en su informe de labores reveló que desde 2006, al final del gobierno de Vicente Fox, los militares han realizado más de 200 tareas de todo tipo que correspondía a los civiles llevar a cabo.

“De esas 246 (labores en manos de los militares), no hay información pública del presupuesto destinado en 140; no hay información pública porque se abusa del tema de la seguridad nacional para la secrecía y la opacidad”.

“Son 138 labores federales, 109 en materia estatal, entre ellas control migratorio, distribución de libros de texto gratuitos, entrega de fertilizantes, construcción y futura administración de los aeropuertos Felipe Ángeles y de Tulum, la construcción de 2 mil 700 sucursales del Banco del Bienestar, el control militar en puertos y aduanas, militarización de la educación mercante naval, la construcción parcial y futura administración de un tramo del Tren Maya, sólo por mencionar algunos”, detalló Álvarez Icaza”.

Con la pandemia en retroceso y la cercanía de los tiempos preelectorales con miras al 2024, las nuevas misiones de las fuerzas armadas se multiplicarán, con énfasis especial en lo que surja con la Guardia Nacional una vez que sea incorporada a la estructura de la SEDENA para convertirse en la tercera fuerza armada, igual en número y capacidades –militares, al fin y al cabo– a la par del Ejército que AMLO sueña con desaparecer o reconvertir.

Mientras, las fuerzas armadas no sueñan; moldean paso a paso su presencia, expansión, crecimiento y huella ­–militarismo– como garantes de la seguridad interior y vigilantes de la seguridad pública con los límites que sólo ellos se impongan.

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