Opinión

¿Educación a distancia o cada vez a mayor distancia de la educación?

Las herramientas digitales nos pueden ayudar a generar estrategias educativas más eficientes. | Miriam Ordoñez Balanzario

  • 21/02/2021
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El ámbito educativo ha sido profundamente afectado por la crisis sanitaria causada por el covid-19. Se calcula que hacia mayo de 2020 más de mil 200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza en el mundo interrumpieron sus clases presenciales, de ellos aproximadamente 160 millones se encuentran en América Latina y el Caribe[1]. Frente a la situación de emergencia y ante la imposibilidad de los educandos para acudir a sus centros de estudio, fue inevitable recurrir a los ambientes virtuales.

Esto no es novedad para muchas instituciones educativas, pues las modalidades digitales de enseñanza-aprendizaje llevan varias décadas desarrollándose; sin embargo, ahora el reto es acudir a la virtualidad de manera acelerada, sin tiempo para planeaciones escolares extensas y a gran escala, abarcando masivamente a todo tipo de instituciones públicas o privadas, e independientemente de sus capacidades instaladas para afrontar los desafíos inherentes.

Detrás de bambalinas, las escuelas recurrieron a la adquisición de diversas herramientas digitales para continuar con sus actividades y los profesores hemos requerido fortalecer nuestras habilidades para saber utilizarlas. Esto ha representado aprender rápidamente y sobre la marcha; además de vencer ciertas reticencias a innovar en nuestras formas de enseñanza. Lo anterior implica no sólo una cuestión de voluntad personal sino de reconocer las brechas digitales que prevalecen en alumnos y docentes como un factor central que obstaculiza la educación a distancia.

Aun así, la digitalización de múltiples procesos y actividades de nuestras vidas, incluida la educación, es una tendencia irreversible, lo que se evidencia en los últimos años con la efervescencia de nuevas aplicaciones, programas, plataformas y múltiples recursos empleados para propósitos educativos. Es un hecho que el mercado de tecnologías para la educación digital va en incremento, se calcula que para 2025 su valor supere los 350 billones de dólares y esté liderado primordialmente por China y Estados Unidos[2].

En este contexto, se ha puesto especial énfasis en la disponibilidad de tecnologías educativas para sortear la crisis. Y aunque no es el único factor posibilitador de la educación en línea, se le atribuyen demasiadas expectativas a su adquisición y uso en aras de no interrumpir la impartición de clases. Frente a ello, argumento que la posibilidad de generar innovaciones metodológicas más profundas en los procesos de enseñanza-aprendizaje recae en adquirir las competencias digitales necesarias para emplearlas con efectividad y en crear entornos propicios para la educación basados en la interrelación entre docentes y alumnos como base.

Es por ello que, ante los cambios vertiginosos actuales y la carrera tecnológica irrefrenable, resulta relevante preguntarse: ¿Es suficiente contar con una gran oferta de herramientas digitales para transitar a esquemas más eficientes de educación a distancia? ¿Cuáles son las implicaciones de su uso en el contexto de los procesos de enseñanza-aprendizaje? Dichos cuestionamientos nos exigen superar las posturas encontradas entre quienes dudan de sus beneficios y quienes se mantienen optimistas frente a las expectativas de incrementar su potencial en el ámbito educativo.

Existen años de investigación que nos pueden ayudar a encontrar respuestas, ciertamente es importante regresar a las evidencias, experiencias y conocimientos generados para proponer estrategias pertinentes y coherentes de educación en línea. También es significativo aprender de la crisis, pues, aunque existe mucha información disponible sobre cómo hacer más eficientes los espacios digitales, nos encontramos ante una situación sui géneris, la cual nos plantea nuevos y más complejos dilemas.

Es sustancial repensar los sistemas educativos, pues hay muchos vicios que se arrastran a los ambientes virtuales: los alumnos siguen siendo tratados como entes pasivos frente a una pantalla; los espacios de enseñanza-aprendizaje diseñados para esquemas presenciales permanecen inamovibles, con la única diferencia de que ahora se efectúan a través de una herramienta digital. Por el contrario, se generan espacios virtuales en los cuales se sobre utilizan dichas herramientas ante la ansiedad de llenarlos de contenidos, lo cual provoca una sobrecarga de actividades para los estudiantes y pone al docente en un papel de “entretenedor”, más que de educador.

Las herramientas digitales sólo son apoyos, las cuales bien utilizadas nos pueden ayudar a generar estrategias educativas más eficientes. No obstante, la posibilidad de establecer relaciones de confianza entre educandos y docentes, contagiar el interés por el aprendizaje, fomentar una participación más activa y proactiva de los estudiantes y menos dependiente de sus profesores, son algunos de los aspectos que estriban en propiciar un entorno educativo con plena consciencia de las necesidades actuales.

Un buen comienzo para ello es ser responsables como profesores, promover con el ejemplo que nuestros estudiantes también lo sean, y exigir a las instituciones y autoridades educativas a asumir sus obligaciones. Definitivamente no podemos dejarnos llevar por la inercia de educar como se pueda para salir del paso, pues las consecuencias económicas, sociales y humanas serán funestas en el futuro inmediato.

Mtra. Miriam Ordoñez Balanzario | Doctoranda en Estudios del Desarrollo por el Instituto Mora. Ha sido profesora en la Universidad Abierta y a Distancia de México y la Universidad Anáhuac. Recientemente participó en el curso digital “Build Back Better: Training the Trainers for Civil Servants” organizado por el United Nations System Staff College y colaboró en el grupo de investigación en educación transformativa de la Academia de Gobernanza Global 2020 coordinada por el Instituto Alemán de Desarrollo (DIE, por sus siglas en alemán).


[1] Informe “Educación en tiempos de la pandemia de COVID-19” publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en agosto 2020 sobre los efectos del COVID-19 en los sistemas educativos de la región. En el documento se resaltan las medidas más apremiantes de política pública a atender y se realizan recomendaciones estratégicas.

[2] Estos datos pueden consultarse en el Reporte “Online Education Market & Global Forecast, by End User, Learning Mode (Self-Paced, Instructor Led), Technology Country, Company” de la empresa Research and Markets.

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