Opinión

Dreamers

El presidente Donald Trump insiste en discursos nacionalistas, lavándose las manos como un Pilatos moderno

  • 11/09/2017
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El cese del DACA (siglas en inglés del programa de Barack Obama que evitaba la deportación de 800.000 jóvenes que entraron en el país de forma ilegal hace una década, siendo niños) por parte de Donald Trump, se perfila para que la Casa Blanca apoye la regularización de estos menores a cambio de que el Congreso apruebe fondos para la construcción del muro con México, un movimiento que fija un precio al futuro de los dreamers. La propuesta, rechazada de plano por los demócratas, convierte a estos 800.000 inmigrantes en rehenes de una negociación cuyo final se vislumbra temible.

Durante la última década la situación legal de los dreamers fue objeto de negociación parlamentaria, pero nunca salió adelante. Tanto en la época de los ex presidentes George W. Bush como en la administración de Barack Obama, los diferentes intentos no tuvieron ninguna respuesta. Recordemos la llamada Dream Act, que solidificaba su cobertura legal. Llegó a la Cámara de Representantes, pero en 2010 cayó por cinco votos en el Senado.

Ahora en 2017, el destino de estos jóvenes inmigrantes ha regresado al Congreso justo cuando mayor es la fractura. En la administración Trump, la distancia entre demócratas y republicanos resulta abismal y las propias filas conservadoras se han vuelto un campo minado. Ni siquiera en sus mayores banderas, como la reforma sanitaria, han sido capaces de lograr el consenso.

El presidente Donald Trump insiste en discursos nacionalistas, lavándose las manos como un Pilatos moderno, asegurando que el futuro de los dreamers está en manos del Congreso y únicamente allí: “que nadie se equivoque, vamos a poner por delante los intereses de los ciudadanos estadounidenses. […] Tengo amor por esta gente y espero que el Congreso sea capaz de ayudarles de forma correcta. Realmente, no tenemos otra posibilidad”.

Mis recomendaciones literarias:

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” (Planeta), de Elena Favilli y Francesca Cavallo. Este libro reinventa los cuentos de hadas. Elizabeth I, Coco Chanel, Marie Curie, Frida Kahlo, Serena Williams y otras mujeres extraordinarias narran la aventura de su vida, inspirando a niñas ?y no tan niñas? a soñar en grande y alcanzar sus sueños; además, cuenta con las magníficas ilustraciones de sesenta mujeres artistas de todos los rincones del planeta.

¿Qué clase de criaturas somos?” (Ariel) de Noam Chomsky. Este libro aborda los aspectos fundamentales que definen nuestra condición humana: la exclusiva capacidad para el lenguaje, la naturaleza y los límites de la mente humana y las posibilidades del bien común en la sociedad y la política. Utilizando un lenguaje preciso y exento de tecnicismos, Chomsky examina en profundidad cincuenta años de desarrollo científico en el estudio del lenguaje, esbozando cómo su propia obra ha tenido repercusiones en la concepción de los orígenes de este, la estrecha relación entre lenguaje y pensamiento y su eventual base biológica, pasando del ámbito del lenguaje y de la mente al de la sociedad y la política.

El campeón ha vuelto” (Duomo Nefelibata) de J. R. Moehringer. En 1997, a J.R. Moehringer le encargaron un reportaje sobre Bob Satterfi eld, un peso pesado que peleó entre 1945 y 1957 y sobre el cual nada se sabía. Se había esfumado del mapa. Moehringer andaba en busca de una buena historia, fue tras los pasos de un hombre que vivía en la calle y que juraba ser Bob Satterfi eld. Se hacía llamar el «Campeón» y decía ser Bob, «el mejor noqueador de todos los tiempos». Pero ¿era realmente el «Campeón»? Moehringer examina el corazón de su personaje y desgrana la historia de un hombre que se le convierte, a medida que lo observa como si fuera un entomólogo, en su Moby Dick particular: una persona que le revela, detrás de su misteriosa identidad, algo de su propio pasado, algo que tiene que ver con el valor, con el deporte y con el deseo constante de un hombre que busca a su padre.

A cielo abierto” (Seix Barral) de Antonio Iturbe. Francia, años veinte. Sólo los mejores pilotos son aceptados en Latécoère. Entre los elegidos están Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Antoine de Saint-Exupéry, tres heroicos aviadores que abrirán las primeras líneas de reparto de correo en rutas inexploradas. Ninguna distancia es demasiado extensa para ellos, ninguna montaña demasiado alta: las cartas deben llegar a su destino. Cuando aterrizan, afrontan las turbulencias de la vida en tierra en un siglo partido por las guerras.

A cielo abierto cuenta las increíbles proezas de tres grandes amigos que marcaron la historia de la aviación y es, además, un homenaje al autor de El Principito, un escritor inolvidable que supo ver la realidad con ojos de niño.

Antonio Iturbe ha escrito una novela apasionante gracias al cuidado equilibrio entre la acción trepidante y la sutil emotividad proyectada por la mirada de Saint-Exupéry sobre el mundo, a la perfecta caracterización de los personajes y a la ambientación tanto de los salones parisinos y los círculos literarios neoyorquinos como del universo que rodeó a aquellos legendarios aviadores. Una celebración de la esencia de la literatura en un relato de amistad, de sueños imposibles, de amor y pasión, del placer de volar y descubrir, desde el cielo, un planeta hermoso cargado de misterios.

La cacería” (Tusquets) de Elvis Peeters. En un mundo donde los animales sienten nostalgia, pasiones y deseo, donde son conscientes de que pensar es existir –a la manera de los hombres–, la cacería no puede menos que ser considerada asesinato y el amor interespecie ha perdido por completo su inocencia. En medio de toda esa animalidad racional, sometida y condenada a ocupar los escaños menos privilegiados del orden social, Érik y Karla viven como se supone que lo hacen las personas, aunque a veces sus pensamientos, obras y omisiones demuestren que la gente suele ser más despiadada que las bestias. Como sucede en las mejores fábulas, los animales de La cacería se vuelven un espejo de la sociedad contemporánea, pero un espejo mágico que refleja con un brillo deslumbrante todo eso que normalmente no podemos –o no queremos– ver.

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