Opinión

Dos planes de desarrollo en conflicto

La clave de un nuevo rumbo es separar al poder político del económico y recuperar la claridad del lenguaje. | Jorge Faljo

  • 05/05/2019
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Estaba cantado el tema de esta semana: el Plan Nacional de Desarrollo. Un documento de gran importancia en el que se plasmaría la visión y diagnóstico de la nueva administración federal sobre el país que llegaba a gobernar. De esta visión se desprenderían lineamientos de política y acciones que permitirían llegar a los grandes objetivos y metas a cumplir en el sexenio.

Dada la importancia de este documento que será el fundamento de la actuación pública federal de todo el sexenio esperaba una estrategia de difusión de mayor peso y que fuera el foco de una intensa discusión en los medios. El Plan está redactado de una manera novedosa, en un lenguaje llano, apto para una muy amplia difusión.

Sin embargo, lejos de divulgarlo, por lo menos durante un par de días no fue fácil localizarlo. Pareciera que de momento es mejor no atraer la atención sobre el Plan.

Porque parece que se elaboraron dos, en distintos equipos de trabajo y que, para darles gusto a todos, ambos se entregaron a la Cámara de Diputados. Uno como el Plan propiamente dicho y el otro como un anexo. Recapitulemos.

El martes 30 de abril, en la fecha límite, se entregó el PND a la Cámara de Diputados y aunque circuló de inmediato en redes sociales fue hasta el 3 de mayo que se publicó en la Gaceta Parlamentaria en forma de un doble documento. Uno de 64 páginas y con el nombre oficial de Plan Nacional de Desarrollo 2019 -2024 y el otro, de 228 páginas, presentado como Anexo XVIII-bis, aunque es el único anexo a la vista.

Sólo que el XVIII-Bis no tiene las características de un anexo y a su interior se maneja como si fuera otro PND. Es evidente que fue elaborado con esa intención. Lo cual no es anormal; un documento complejo de esta naturaleza es producto de múltiples insumos.

Lo que sí resulta inusual es que los dos documentos no son compatibles entre sí. El PND de 64 cuartillas es un manifiesto político contundente, que expresa de manera muy cercana el discurso de AMLO.

El segundo PND, de 228 páginas, fue escrito por un equipo de trabajo avezado en esos menesteres. Seguramente ubicado en el área de la Secretaría de Hacienda encargada, en el pasado, de elaborarlo. Un equipo que hace esfuerzos por adecuarse a los nuevos tiempos e ideas, pero que no abandona el estilo y las formas tecnocráticas convencionales.

Por sus características diferenciadas en adelante me referiré al PND de AMLO y al PND de Hacienda.

Plan Nacional de Desarrollo


El PND de AMLO retoma sus encabezados de los mensajes centrales del presidente; entre ellos: No al gobierno rico con pueblo pobre; El mercado no substituye al Estado; Por el bien de todos, primero los pobres; No dejar a nadie atrás, no dejar a nadie afuera; No puede haber paz sin justicia; El respeto al derecho ajeno es la paz; No más migración por hambre o por violencia.

Su lenguaje es claro, directo y contundente: El neoliberalismo desmanteló a los sectores público y social. Perpetuó la crisis del desarrollo estabilizador y fracasó en sus propios indicadores de crecimiento, deuda externa, poder adquisitivo del salario, pobreza y marginación.

En su perspectiva el mayor desastre fue la destrucción del contrato social, expresado en instituciones antidemocráticas y corrupción generalizada.

Lejos de resolver los conflictos entre los distintos sectores los ha llevado a peligrosos puntos de quiebre. La desigualdad se ha hecho extrema entre segmentos de la población, regiones y el campo y la ciudad.

La clave de un nuevo rumbo es separar al poder político del económico y recuperar la claridad del lenguaje. Este nuevo PND, el de AMLO, dice que será histórico porque abandona el lenguaje oscuro y tecnocrático que escondía los propósitos gubernamentales; ahora el poder público servirá al interés público y no a los intereses privados. Se cambiará el concepto mismo de desarrollo; el crecimiento económico no como objetivo en sí mismo; sino como medio para mejorar el bienestar de la población.

El otro PND, el de Hacienda, retoma elementos del anterior, en unos casos textualmente, en otros con modificaciones. Inicia con “Palabras del Presidente”, como para señalar el distinto origen. Ahí se le va un error pues las corta a medio párrafo y media oración. Es claro que no trata de ser un anexo sino un Plan con sus propios objetivos e indicadores. Los que no tienen relación alguna con los programas planteados en el PND de AMLO.

Los dos planes de desarrollo, o el PND de AMLO y el anexo XVIII-bis, de Hacienda, son no sólo incompatibles, sino que se confrontan en su lenguaje, diagnóstico, propósitos y metas.

El asunto de fondo es que su existencia en paralelo no parece una mera falta de coordinación, sino que revela una distancia de fondo entre un grupo que podemos llamar “político” y otro que sería “tecnocrático”. La diferencia de mensajes está permitiendo distintas alineaciones en los medios y la burocracia entre aquellos que están con un PND que consideran “retórico”, es decir grandilocuente pero insustancial y otros con el PND “serio”.

Ambas propuestas llegaron a la Cámara de Diputados que tiene la facultad de revisar y aprobar el PND. Lo que espero es que en este proceso se clarifique la situación y apruebe solo uno de ellos, el oficial. Si aprueba este incluyendo lo que se presenta como anexo creará una confusión duradera de efectos imprevistos porque hará obligatorio el cumplimiento de la incongruencia.

Futuro incierto de la presidencia norteamericana

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