Opinión

Dos caras frente a la migración

En estos momentos, vivimos lo mejor y lo peor del carácter estadounidense en la reacción frente a los menores migrantes llegados de Centroamérica.

  • 28/07/2014
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En Estados Unidos, siempre ha existido una esquizofrenia respecto a la migración. Por un lado es un país que tiene una capacidad impresionante de integrar a nuevos inmigrantes año tras año, y con su llegada, Estados Unidos se fortalece económicamente y se transforma cada vez un poco en cultura y costumbres.  Como pocos, Estados Unidos es un país forjado por muchas culturas y renovada en cada generación con la llegada de nuevos miembros de la sociedad de distintas partes de mundo.

Pero al mismo tiempo, en cada generación se libran batallas verbales y legales por la llegada de la nueva ola de migrantes, de donde sean. La virulencia que en este momento vemos de parte de algunos sectores del país en contra de jóvenes centroamericanos, hace poco se dirigían en contra de los migrantes mexicanos y antes hacia los italianos, irlandeses y japoneses, entre muchos otros. En 1753, Benjamín Franklin, uno de los próceres de nuestro país, escribió una carta expresando el temor del momento que la ola de migración de Alemania iba a socavar a la naciente democracia y cultura estadounidenses (todavía colonia británica pero con una identidad y autogobierno emergentes), un tema que tendría eco más de dos siglos después.  Estos debates no son nuevos, pero se reviven en cada generación con un nuevo blanco de atención. Y en cada generación, los recién llegados se integran y aportan a la sociedad a pesar de estos temores.

En estos momentos, vivimos lo mejor y lo peor del carácter estadounidense en la reacción frente a los menores migrantes llegados de Centroamérica, que asciende a casi sesenta mil desde octubre. En varias ciudades como Murieta en California y Oracle en Arizona, ha habido protestas contra la llegada de estos jóvenes y los intentos de encontrar alojamiento temporal para ellos ahí.  También han surgido algunos grupos cazamigrantes, que trabajan para rastrear a los migrantes y entregarlos a las autoridades migratorias, como documenta la periodista Karla Zabudlovsky en su artículo escalofriante en Newsweek sobe un grupo en de rancheros Tejanos que se dedican a detener ilegalmente a los migrantes, comparando búsqueda de migrantes a la caza de animales.

(http://www.newsweek.com/asknewsweek-twitter-chat-border-crisis-261200)

 

En uno de los esfuerzos más llamativos, el gobernador de Texas, Rick Perry, activó a la Guardia Nacional para "fortalecer la frontera", un gesto cargado de simbolismo de echar mano del ejército, aunque hueco en realidad, ya que un gobernador estatal no tiene autoridad legal para intervenir en funciones federales, como resguardar la frontera internacional. La guardia nacional, que son los elementos auxiliares de las fuerzas armadas, bajo su orden sólo puede coadyuvar a funciones de la policía estatal, que no incluye nada que ver con los migrantes, pero el símbolo de su acción quedó plasmado.

 

Sin embargo, también hay muchos otros que han ofrecido bienvenida a los jóvenes llegando de Centroamérica.  Iglesias, templos, grupos comunitarios y gobiernos municipales en muchos lugares se han movilizado para apoyar a los recién llegados.  De los menores hondureños detenidos, más de la mitad de los que han tenido audiencias, han recibido el estatus de refugiados con derecho a permanecer en Estados Unidos legalmente y el gobierno estadounidense parece estar considerando si puede evaluar los casos en Honduras antes de que los menores salgan de su país para evitar su viaje peligroso.

(http://www.nytimes.com/2014/07/25/world/americas/administration-weighs-plan-to-move-processing-of-youths-seeking-entry-to-honduras-.html?hp&action=click&pgtype=Homepage&version=HpSum&module=first-column-region&region=top-news&WT.nav=top-news&_r=1)

 

También están pensando si pueden trabajar con otros países de la región, quizás incluyendo a México, Canadá y Panamá, para recibir a menores hondureños, ya que la tasa de homicidios para civiles en Honduras es más alto que la tasa para soldados norteamericanos en activo, según una comparación que hicieron colegas del Centro para el Desarrollo Global en Washington.  El caso de los salvadoreños y guatemaltecos, que forman una parte importante, pero menor del flujo, es más complicado y parece ser menos ligado directamente a la violencia, aunque sin duda se encuentran muchos que también merecen ser considerados como refugiados.

 

Si bien esta crisis ha generado las mismas respuestas de siempre -los que reciben con brazos abiertos a los recién llegados y los que les quieren cerrar la puerta de entrada-- la reacción mayoritaria entre la ciudadanía estadounidense es más de preocupación por la llegada de niños y jóvenes vulnerables que el enojo y el temor que expresan una minoría ruidosa y visible. Sin embargo, la cuestión queda en el aire de si los mejores instintos de la sociedad estadounidense prevalecerá en las decisiones políticas o si la minoría temerosa se impondrá.

 

@SeleeAndrew

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