Opinión

¿Dónde quedaron los fundamentales de la economía?

Lo grave es que ningún inversionistas privado nacional o internacional, está pensando en construir una refinería en México.

  • 14/11/2016
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La política económica de los últimos tres gobiernos -contando el actual-, ha estado fundamentada en los llamados fundamentales, estrategia que presumían los tecnócratas y neoliberales de la globalización, era la correcta.


Fox y Calderón se vanagloriaron del “éxito” de su decisión de poner la economía en automático, y dejar que el crecimiento lo condujera “el libre mercado”. Se soñaban como los grandes estadistas que cimentaban las bases del crecimiento económico de México hacia el primer mundo.


Ese “éxito” disfrazado de conformismo y especulación de mercado, estaba sustentando en una economía global más o menos estable en el que los altos precios internacionales del petróleo, permitían amortiguar cualquier decisión de gasto público por mala o mezquina que resultara la política económica adoptada, que a diferencia de otros momentos -presumían los presidentes panistas-, no se traducía en deuda pública y deterioro de las finanzas del gobierno.


La receta al entender de los panistas, era simple, disminuir el gasto público, mantener baja la inflación y controlar el déficit público que junto con altos precios del petróleo, daban “sustento” a un tipo de cambio estable, el cual se había apuntalado en el incremento de las remesas y de la inversión extrajera directa. Todo ello, sustentaba la “fortaleza” que requería el país para promover las tan añoradas “reformas estructurales”.


El sucesor de los panistas en Los Pinos, no tuvo tanta suerte de contar con un contexto internacional y económico tan benévolo y a modo para detonar el crecimiento de la economía mexicana, amén de sus propios yerros y deficiencias.


Habrá quien argumente que las reformas estructurales llegaron demasiado tarde, pues los sexenios panistas, no lograron cerrar ese capítulo, y tuvo que volver el PRI para lograr los acuerdos y ser Peña Nieto quien se colgará la presea de haber logrado la ansiada reforma energética.


Haberlas aprobado antes, habría ayudado a amortiguar los efectos del contexto internacional que hoy priva a nivel mundial, argumentan los caudillos de la globalización, y posiblemente la economía habría crecido a 5% anual, pero ese crecimiento estaría fundamentado solamente en prolongar un problema, ese sí estructural que padece la economía mexicana y que es la falta de una estrategia de desarrollo de largo plazo.


Hoy con todo y  reforma energética, los inversionistas que intentan jugar en ese sector, siguen pensando en importar gasolinas, gas, combustóleos y petroquímicos, esto, por la sencilla razón de aquí no se producen, pues las refinerías que existen en México, son pocas e ineficientes para cubrir la demanda.


Lo grave es que ningún inversionistas privado nacional o internacional, está pensando en construir una refinería en México y aprovechar un mercado completamente desprovisto de una industria pretroquímica eficiente.


Decían con sorna los tecnócratas de los gobiernos panistas que no había necesidad de invertir en una refinería, pues los precios internacionales de los energéticos eran competitivos para ser importados y no para perder el tiempo y el dinero, fabricándolos en territorio nacional.


Con un tipo de cambio “estable” y barato, presumían los neoliberales mexicanos, se solucionaría el tema de las gasolinas y demás energéticos, puesto que su fabricación en otros países, era barata comparada con una eventual producción nacional. Quizás tenían razón pues en México no se cuenta con la tecnología que se implementa en otros países para refinar petróleo, pero eso no era todo y hoy los precursores del neoliberalismo en México, están pagando la penitencia.


¿Qué cambio? ¿por qué los fundamentales ya no son tan fundamentales? El escenario económico mundial, se modificó completamente. El trauma más fuerte y severo fue la caída estrepitosa de los precios del petróleo, con ello, vino una fuerte volatilidad y especulación del tipo de cambio y a eso se sumaron el Brexit y Donald Trump.


El escenario, parece un guión de una película de terror que está viviendo el actual gobierno, cuyo desenlace, es de pronóstico reservado. Pero más allá de eso, está claro que la política económica fundamentada en las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, no surtieron el efecto esperado, y serán totalmente irresponsables quienes afirmen que nadie se hubiera imaginado un escenario como el que hoy se está presentando.


Parece que los políticos y tecnócratas mexicanos, no aprendieron la lección de hormiga y la cigarra y mucho menos la de los años 80 y 90. Se cometieron más o menos los mismos errores, nada más que en condiciones distintas; pero el error común es el mismo en materia económica.


En esencia lo que ha fallado es la falta de un plan estratégico de desarrollo de largo plazo basado en una política de desarrollo industrial, tecnológico y de innovación interno, que potencien el crecimiento y desarrollo económico de México.


El tema no es sencillo debido a que hay muchos temas que se deberán alinear para llegar al desarrollo industrial interno para potenciar regiones económicas con vocación. Y sí,  las decisiones importantes deben tomarse en el momento adecuado, pero no eran sólo las reformas estructurales las que debieron implementarse desde hace tiempo.


Ahora, irónicamente el principal enemigo de la economía mexicana en este momento, es el tipo de cambio. Un dólar más caro, incrementa el precio de las importaciones, es decir  de gasolinas, gas y demás energéticos e insumos que requieren los productores del país, lo anterior, impacta los precios de los productos y servicios que consume el público en general lo que deriva en presiones inflacionarias.


En otras palabras, los fundamentales se están deteriorando, la inflación, poco a poco comienza a aumentar, el déficit público es una bomba de tiempo que puede reventar en cualquier momento, la inversión en los pozos petroleros fluye a pasos lentos, los precios del petróleo difícilmente rebasaran los 50 dólares en los siguientes meses, la economía mundial no crecerá arriba de 2% en 2017 y Donald Trump será una incógnita de incertidumbre en los siguientes meses.


Es cierto, una economía desarrollada tecnológicamente habría resentido de cualquier forma los efectos del fenómeno Trump, del Brexit y de la economía mundial, pero el impacto habría sido menor, y para muestra debemos voltear a ver a los países asiáticos.


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