Opinión

¿Días difíciles?

La confianza de la mayoría ciudadana se mantiene en el presidente, a pesar de las fuertes críticas y cuestionamientos de algunos de sus opositores. | José Antonio Sosa Plata

  • 17/01/2019
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Las encuestas publicadas sobre el llamado #PlanVsHuachicol son muy positivas para el gobierno federal. Los datos difundidos por Grupo Reforma, GCE, El Economista, El Financiero y Demotecnia reflejan un claro apoyo de la ciudadanía a las acciones tomadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir el robo de combustibles.

Hasta ahora, la #Estrategia está dando buenos resultados. Sin considerar las diferencias que existen en los tiempos de levantamiento, metodologías y resultados obtenidos, los estudios coinciden en el respaldo mayoritario al Presidente, en su decisión de que sean el Ejército y la Marina quienes vigilen las instalaciones de #PEMEX y en la efectividad que se está logrando con las medidas tomadas.

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Por otra parte, hay confianza en que el abasto de gasolina se normalizará pronto. Los números de los estudios demuestran confianza y tranquilidad. También confirman la comprensión y paciencia que tiene en el presidente un alto porcentaje de la población. Los errores logísticos y de comunicación que se cometieron durante los primeros días no tuvieron un impacto significativo en la opinión ciudadana. En general, la situación se mantiene bajo control.

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Sin embargo, mientras pasan los días crece la presión para que se den a conocer los nombres de los responsables de este delito. Hasta ahora, la información que se ha dado no ha sido clara ni suficiente. Y mucha gente que apoya al presidente quiere también que haya sanciones, en congruencia con el compromiso que hizo de acabar con la impunidad y la corrupción en el país.

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El conflicto alcanzó además a cinco ex presidentes

El presidente López Obrador acusó desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto de ser cómplices en el robo de combustibles. Aunque las respuestas de algunos de ellos fueron de rechazo y enojo, la agenda sigue dominada por el tema y ha ocupado el espacio principal de las conferencias de medios matutinas.

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Para bien o para mal, otros asuntos importantes de la agenda nacional se han relegado. La conformación militar o civil de la Guardia Nacional, las comparecencias de candidat@s para la Fiscalía General de la República, la crisis con el presidente estadounidense Donald Trump por el muro, la nueva caravana de migrantes y muchos más no tienen, en los medios ni en las #RedesSociales, la relevancia que ameritan. El Presidente gana así tiempo con otras presiones importantes y evita aparecer en varios frentes de manera simultánea.

La gestión política del arranque de su gobierno parece adecuada. Pero estas señales de la opinión pública no deberían tomarse con mucho optimismo. Revisar lo que ha sucedido en los primeros meses de los últimos tres sexenios es absolutamente necesario. Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto tuvieron altos niveles de reconocimiento y aprobación, no obstante las situaciones críticas que cada uno tuvo que enfrentar durante el primer año.

Pasada la “luna de miel”, la necedad de la realidad se impuso. Por un lado, porque no se cumplieron las altas expectativas que los ex presidentes generaron. Las promesas de meter a la cárcel a los “peces gordos” del viejo sistema, resolver el problema de Chiapas “en 15 minutos”, ganar “la guerra” a los grandes cárteles del crimen organizado, pasar a la historia como “el Presidente del empleo” o transformar al país y reducir la pobreza en forma significativa con grandes reformas solo fueron percibidas como eso: promesas, sin grandes resultados que celebrar.

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La percepción ciudadana de que no cumplieron tuvo costos muy altos. En los tres proyectos de nación, las fallas en los modelos operativos fueron evidentes, pero el problema principal estuvo en las estrategias de #ComunicaciónPolítica. De una u otra manera así fue reconocido en algunas declaraciones —y confirmado en una gran cantidad de análisis de especialistas— al hacer el balance de cada gestión.

Frente al compromiso de una #4T, es mucho lo que el presidente López Obrador no podrá cumplir.

¿Serán suficientes la gran cantidad de programas sociales que ha puesto en marcha y los resultados de alto impacto que podría alcanzar, como el de poner freno al robo de combustible, reducir el salario de los altos mandos o vender la flota de aviones que tenía el gobierno federal?

La clave está en la percepción que se tenga de la inseguridad y el manejo de la economía. Me refiero, por un lado, a la sensación de tranquilidad que tendrá la población frente a los crímenes, ejecuciones, secuestros, asaltos, robos, extorsiones y moches, los cuales no se acabarán pronto. Por el otro, a los efectos que tendrá en las emociones de la gente el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo, la pésima movilidad en las ciudades más importantes del país o la falta de calidad de los servicios públicos, de manera particular los relacionados con la salud, la educación y la vivienda.

Con el tiempo, veremos también si funciona la decisión de mantener la figura de un Presidente Vocero.

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¿Blindarse con símbolos?

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