Opinión

Diario de una joven artista el s. XIX: Marie Bashkirtseff

Marie murió de tuberculosis a los 25 años, pero dejó una obra pictórica importante y sobre todo, las 19,000 páginas de su diario íntimo. | María Teresa Priego

  • 28/01/2020
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“¡Tan solo pensar que sólo vivimos una vez, y que la vida es tan corta! Cuando lo pienso mis sentidos me abandonan y mi alma se convierte en una plegaria a la desesperación. ¡No vivimos sino una vez! Y yo estoy perdiendo esta preciosa vida, escondida en la oscuridad. Sin ver a nadie. ¡Vivimos solo una vez! Y mi vida está siendo arruinada. ¡Vivimos solo una vez! Y yo estoy hecha para desperdiciar mi tiempo miserablemente. Y los días están pasando, pasando para nunca regresar, llevándose una parte de mi vida con ellos, cuando pasan”. Marie Bashkirtseff.

Marie murió de tuberculosis a los 25 años. Dejó una obra pictórica importante (se expone obra suya en algunos de los mejores museos del mundo) y sobre todo, las 19,000 páginas de su diario íntimo publicado por primera vez –por su madre– dos años después de su muerte. “Un modelo en su género”, escribió Simone de Beauvoir, sin dejar de reprocharle en distintos comentarios –en “El segundo sexo” – la fascinación que Marie sentía por sí misma: “Incansable multiplicando su imagen página tras página”. Es cierto, Marie tenía una tendencia aguda a considerarse el centro del mundo, lo que no la hace menos fascinante. Una joven brillante y cultivada, con una escritura exaltada, analítica, plagada de referencias de sus lecturas y de su época. Una pluma –por momentos– muy lúdica, como en el caso de su correspondencia con el escritor Guy de Maupassant a quien buscó (firmando con un pseudónimo) cuando sabiéndose muy enferma, quiso encontrar un editor para su diario.

Su diario se convirtió en lo que hoy llamaríamos un best seller. Una joven rusa de lo que solía conocerse como “la baja nobleza” que decidió hacerse un programa de estudios personal, dado que las mujeres no tenían acceso a la educación formal. A los catorce años, con su familia, se instaló en Niza. Un tiempo después en París. “Lejos del deseo de ser un hombre, estoy muy contenta de ser lo que soy. Mi manera de entender una mujer puede ser tan útil a su país y a la humanidad como un hombre, si solo hubiera (no la hay) una diferencia en la educación. No puedo vivir ignorada y perdida en la multitud; tengo que distinguirme”. Una muchacha del siglo XIX se preguntaba por qué una mujer no podía ser presidenta “en Francia, por ejemplo”.

La madre de Marie donó parte de su obra a los museos rusos, donde las pinturas se extraviaron durante la segunda guerra mundial. Los manuscritos de su diario (105 cuadernos) los entregó a la Bibliothèque Nationale en París, con la condición de que fueran abiertos diez años después de su muerte. Cuando se tuvo acceso a los cuadernos se descubrió que la “selección” de la primera publicación había sido censurada por su madre. “Edulcorada”, como escribe su biógrafa Colette Cosnier en “Marie Bashkirtseff. Un portrait sans retouches” (“Un retrato sin retoques”). Omitía reflexiones de Marie que a su madre no le parecieron lo suficientemente pudorosas, así como las que rebelaban circunstancias familiares: el hermano de la madre a quien Marie odiaba y que pasó su vida en litigios con la policía, o el origen real de la fortuna –la tía de Marie se casó con un Romanoff, del que enviudó– que les permitía una vida de lujos entre la Riviera francesa y las calles del barrio XVI en París.

Cosnier escribe: “Se ha cambiado su fecha de nacimiento, se han suprimido expresiones juzgadas como poco propias, se han censurado pasajes enteros considerados indecentes, se ha azucarado todo lo que indicaba una revuelta contra los límites impuestos a la condición femenina”. Y agrega: "Bajo la criatura angélica y desencarnada un cuerpo de mujer grita su deseo”. Las ediciones posteriores han sido muy distintas. Hasta llegar a la publicación completa del diario.

La censura de la madre contrarió el deseo de su hija y la promesa que hace a sus lectoras/es en su diario: “Si este libro no es la exacta, la absoluta, la estricta verdad no tiene razón de ser. No sólo digo siempre lo que pienso, sino que no he especulado un solo instante en disimular lo que podría parecer ridículo o desventajoso para mí… Pueden estar seguros entonces, caritativos lectores, de que en estas páginas me expongo toda entera. Yo, como objeto de interés, soy quizás demasiado insignificante para ustedes, pero imaginen que no soy yo, imaginen que éste es un ser humano que relata todas sus impresiones desde la infancia. Será, entonces, un extraordinario documento humano”.

Una vidente le dijo a su madre: “Tendrás dos hijos: un hijo ordinario y tu hija será una estrella”. Y la madre lo creyó a pie juntillas. Qué duro para Paul (el hermano menor). También Marie lo creyó. Su diario es el desgarramiento entre sus sueños de gloria, sus talentos tan diversos y la falta de salud para realizarlos. Una lucha cotidiana contra el tiempo. “Si no muero joven, espero permanecer como una gran artista, pero si muero joven, quiero que se publique mi diario”. Aprendió cinco lenguas, leía en latín y griego, tocaba el piano, el arpa, la mandolina. Se declaraba una “republicana convencida”, participó en el célebre “Salon de Paris”, salón de pintura y Escultura. El “Salon” oficial –contra el cual los pintores impresionistas se rebelaron– a partir de sus cursos en L’Académie Julian, donde recibió su formación. L’École des Beaux-Arts de París no aceptaba mujeres. Discriminación que Marie denunció en un ensayo publicado en “La Citoyenne” (La ciudadana), la publicación de la organización feminista “Droit des Femmes” (Derecho de las mujeres) en la que escribió con el pseudónimo de Pauline Orell.

Las rebeliones de Marie tenían lugar entre sus paseos en carroza, los vestidos de encajes (sobre todo blancos), los bailes mundanos, los viajes y las visitas a las estaciones termales por su salud que muy pronto comenzó a traicionarla. También entre las solicitudes de matrimonio rechazadas y algún amor imposible. Deseó ser cantante, tenía una voz de mezzo-soprano, pero una laringitis crónica la hizo perderla. Comenzó también a perder el oído. El diagnóstico de tuberculosis terminó por llegar, era una enfermedad mortal. Fue el momento de decidirse por la pintura y aquella legendaria Académie Julian en donde el talento femenino era bienvenido. Una de sus obras más conocidas es el salón de clases para mujeres de la academia. Amaba pintar a las personas en las calles de los barrios obreros, paisajes, naturalezas muertas.

De Beauvoir no fue la única que consideró el diario de Marie como una inspiración, también Katherine Mansfield y Anïs Nin. Georges Bernard Shaw escribió: ”En 1890, la sensación literaria del día era el ‘Diario de Marie Bashkirtseff’”. “De Sobremesa”, la novela del escritor colombiano José Asunción Silva parte de un homenaje a Marie, fascinado por su talento, su personalidad y su escritura. Existen dos asociaciones dedicadas a mantener la memoria de Marie: “Le Cercle des Amis de Marie Baskirtseff” (El Círculo de Amigos de Marie Bashkirtseff”, y en rusia, la “Fundación Renacimiento de la Memoria de Marie Bashkirtseff”. Esta última recoge material: obra, objetos de su vida, información, para crear un museo a su memoria en Poltova, su lugar de origen.

Marie disfruta mucho de la amistad del pintor Jules Bastien-Lepage. En 1882, un nuevo diagnóstico sin apelación posible confirma los anteriores: no le queda mucho tiempo de vida. Su padre muere del mismo mal que aqueja a la hija. Expone de nuevo en el “Salon de Paris”, la pintura “Una reunión”, un grupo de niños conversan con un adolescente en una esquina. Y, sí, esta obra de Marie está en el Museo d’Orsay en París, justo el de los impresionistas. También allí la acompaña su amigo que exponía –con gran éxito– en el “Salon de Paris”.

Jules Bastien tiene cáncer (muere a los 36 años), ambos se acompañan hasta el final. Quien tiene un poco más de energía se desplaza para visitar al otro. Después de su participación en el “Salon”, la prensa comienza a ocuparse de la obra pictórica de Marie, ella sabe que el tiempo se acaba. Marie murió el 31 de octubre de 1884. Su mausoleo en el cementerio de Passy, en cuyo interior se reproduce su taller de pintura, es un lugar de culto. “Llegará un día en el que por toda la tierra, mi nombre se escuchará a semejanza de un trueno”. Que su nombre se escuche. Como “un trueno”. Marie Bashkirtseff.