Opinión

Día de la mujer y pandemia

El Estado mexicano tiene que actuar en su conjunto para preservar las conquistas que las mujeres han alcanzado. | Areli Cano

  • 04/03/2021
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El rol de las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad se ha visto injustamente velado. En los años recientes, han sido muchos los esfuerzos por traer a la escena pública su participación, como justo reconocimiento a las aportaciones a la ciencia, la educación y la economía, además de aquellas que tienen que ver con el desarrollo cotidiano de la vida en sociedad. En este sentido, las Naciones Unidas han celebrado desde 1975 el Día Internacional de la Mujer, proclamado como tal por la Asamblea General del organismo en 1977, con el objeto de reconocer cada 8 de marzo las luchas femeninas por el derecho a votar, por mejores condiciones laborales y en general por la igualdad entre géneros.

Esta fecha constituye una oportunidad para contribuir a visibilizar las problemáticas que aún aquejan a la población femenina, en un contexto que las ha intensificado, como lo es el de la pandemia ocasionada por la covid-19.

Los tiempos de crisis son propicios para afectar a quienes ya se encuentran en alguna circunstancia de dificultad o vulnerabilidad y la violencia de género se ha situado como un tema con un impacto sumamente negativo. Así, el confinamiento por la covid-19 que transcurre en ocasiones con el propio violentador, en un contexto en que las mujeres están alejadas de sus conocidos y familia, puede resultar en un entorno riesgoso para su integridad, ante agresiones físicas, sexuales, psicológicas y económicas. Aunado a esto, las restricciones para el funcionamiento de instituciones de ayuda a la mujer, de los espacios jurisdiccionales y otras instancias, agravan la situación.

La pandemia también exhibe y acentúa las brechas existentes en otros planos sociales. En el ámbito laboral, los efectos de la emergencia golpearon con mayor dureza a las mujeres. Datos al respecto son expuestos por el INEGI, a partir de una encuesta realizada en julio del año pasado, en la que se establece, por ejemplo, que de los 35.7 millones de personas ocupadas, 22% se declaró ausente temporal o suspendida durante la contingencia sanitaria, bajo tal contexto, 25.8% del total de mujeres ocupadas eran ausentes temporales o fueron suspendidas durante la contingencia sanitaria, en tanto que para los hombres la proporción fue del 19.9 por ciento.

En cuanto a las personas ocupadas independientes, se identifica una mayor vulnerabilidad en la situación de las mujeres a causa de la pandemia, pues declaran tener más problemas que los hombres ocupados independientes, siendo el 44.9% de las mujeres mientras que para el caso de los masculinos fue 5.6 puntos porcentuales menos (39.3%).

No debe perderse de vista que, por factores estructurales y culturales, las mujeres son particularmente impactadas por el aumento en las necesidades de cuidado en el hogar. Son ellas quienes principalmente toman la responsabilidad de atender a quienes enferman y que, en ocasiones por falta de espacios nosocomiales, deben resguardarse en sus domicilios; o a los niños que se encuentran en casa recibiendo clases en línea y que tienen necesidades de ayuda en tareas y actividades académicas, en el contexto del cierre de colegios y guarderías.

Así, a partir de la pandemia, es posible delinear una agenda de temas pendientes que tienen que resolverse para hacer que nuestra sociedad siga en la ruta hacia la igualdad. Hoy el Estado mexicano tiene que actuar en su conjunto para preservar las conquistas que las mujeres han alcanzado en nuestro país. Además, es imperativo atender los problemas que el SARS-CoV-2 nos ha puesto enfrente, identificando su impacto distinto entre géneros, con la intención de que se actúe eficazmente en su mitigación, a lo largo de la pandemia y luego de su conclusión.

Por ello será relevante que las acciones para mitigar y controlar la covid-19, así como aquellas necesarias para la recuperación una vez concluida, sean planeadas e implementadas con la inclusión de la perspectiva de género. Desde lo presupuestario y lo fiscal se puede coadyuvar a la promoción de la igualdad; estableciendo medidas orientadas a evitar el aumento de la precariedad de las mujeres, impulsando su empleo; otorgando incentivos a empresas femeninas; operando programas con medidas afirmativas para la creación de negocios o para proporcionar apoyos financieros y en especie.

Las mujeres contribuimos significativamente desde distintas trincheras al desarrollo de la sociedad y miles lo hacen con compromiso e intensidad para atender la emergencia sanitaria. La crudeza de la enfermedad corrió el velo existente sobre las múltiples áreas de oportunidad que aún deben ser superadas para llegar a la igualdad de género. Ante esto, el mejor reconocimiento al colectivo femenino será el trabajo de todos los actores sociales para lograr ese objetivo.

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