Opinión

Destruyendo el medio ambiente, por el bien del pueblo

Ser diferente a los políticos conservadores y neoliberales que antecedieron a AMLO, significa destruir el medio ambiente por el bien del pueblo. | Leonardo Martínez

  • 25/02/2021
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Una de las necesidades vitales de López Obrador es presumir constantemente lo que él percibe como sus hazañas históricas y los logros de su gobierno. Siguiendo fidedignamente los pasos del manual que ha dado éxitos efímeros a otros líderes con los que comparte el mismo perfil, López Obrador se esmera todas las mañanas en seguir construyendo una realidad alterna que no se corresponde con lo que sucede en el país, pero que deja obnubilada y satisfecha a su amplia masa de creyentes incondicionales.

El “Make America Great Again” de Trump y la cuarta transformación son recursos retóricos que podrían estar cortados con la misma tijera. Ambos se apoyan en premisas falsas o engañosas y manipulan las referencias históricas para sustentar un movimiento político que se presenta como el inicio de una nueva era, en el sentido religioso del término. 

Cuando la realidad desnuda las mentiras del discurso presidencial, lo hizo Trump en su momento y lo hace López Obrador reiteradamente, sacan de su caja de herramientas una variedad de recursos como las fake news y el “yo tengo otros datos” que son suficientes para convencer a su base electoral que ellos son dueños de la verdad y que lo demás son ataques infundados de sus peores enemigos.     

Pero mientras Trump se debate ahora en un remolino de investigaciones y denuncias legales, López Obrador se ve forzado a enfrentar a Biden, a quien ve como un nuevo adversario con quien mantiene posiciones opuestas y lejanas en muchos de los temas de la vida pública y de la agenda bilateral.

Mencionaré por el momento sólo algunos de los temas ambientales, ámbito en el que por cierto las posiciones de ambos presidentes no podrían ser más alejadas y diferentes. 

Mientras que las políticas de López Obrador están diseñadas para contribuir con el calentamiento global e incrementar los riesgos del cambio climático, las acciones que Biden ha empezado a tomar a unas semanas de su toma de posesión van en el sentido exactamente contrario.

En efecto, desde el primer día de su gobierno, Biden solicitó el reingreso de Estados Unidos al acuerdo de París y posteriormente ha empezado a revertir y a desmantelar una a una las decisiones que Trump tomó para favorecer la operación ambientalmente irresponsable de los diferentes niveles de gobierno y de varios giros industriales. 

Entre las medidas anunciadas hasta ahora, están las siguientes: creación de un programa nacional para eliminar la producción e importación de clorofluorocarbonos; la directiva para alinear el gasto público con los objetivos de la política de cambio climático; un plan para desarrollar estrategias inteligentes de cambio climático en agricultura y reforestación; la orden para hacer mandatorio el cambio de las flotas vehiculares del gobierno federal y gobiernos estatales a vehículos cero emisiones; la decisión para actualizar la regulación de las emisiones de gases de efecto invernadero de plantas de generación de energía; la instrucción a todas las dependencias del gobierno a tomar en cuenta modelos climáticos para la elaboración de sus planes y programas; la actualización de los protocolos de pruebas de CO2 de motores de vehículos pesados; la anulación de la revocación ordenada por Trump para evitar que California siguiera imponiendo límites más estrictos de emisiones a los vehículos de combustión interna; la anulación de las órdenes de Trump para retrasar la actualización de muchas normas de eficiencia energética. 

En las acciones de Biden hay claridad de objetivos y congruencia estratégica para contribuir en el cuidado del medio ambiente a nivel local y global. En la postura y en las decisiones de López Obrador vemos exactamente lo contrario: ni le interesa ni le preocupa cuidar el medio ambiente, lo cual se plasma de manera clara en la inexistencia absoluta de una visión de Estado en la materia.

Por ejemplo, todas las acciones con las que ha construido su contrarreforma energética tienen efectos ambientalmente desastrosos. No sólo acabarán por incrementar las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero, incrementando los riesgos asociados al cambio climático, sino que empeorarán las condiciones de la calidad del aire en muchas ciudades y zonas del país. La salud de los mexicanos empeorará y la mortalidad post pandemia se verá incrementada por estos factores.

En cuanto a los impactos ambientales de sus proyectos insignia, como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, éstos serán sin duda mucho más graves que los reconocidos por los sumisos y diligentes funcionarios responsables de su autorización.

La falta absoluta de compromisos ambientales del gobierno de López Obrador es evidente. Para muestra un botón: la página de la Semarnat, la dependencia responsable de articular las políticas ambientales federales y estatales, no muestra ningún contenido nuevo y relevante desde el cambio de la administración presidencial. Los contenidos son refritos de los que se viene arrastrando desde hace años, los mismos pequeños programas, las mismas estampitas, los mismos mensajitos aspiracionales. 

López Obrador insiste en que él es diferente a los nefastos políticos conservadores y neoliberales que lo antecedieron. Lástima que, en materia ambiental, eso signifique destruir el medio ambiente por el bien del pueblo.      

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