Opinión

Descrédito de partidos, precampañas y preferencias electorales

No hay mayor estrategia por parte de los institutos políticos que atender las demandas de la población, sus necesidades y requerimientos.

  • 26/03/2015
  • Escuchar

Qué lejano parece aquel 7 de octubre de 2014 cuando formalmente dieron inicio los trabajos en torno a la organización del proceso electoral federal y, de manera concurrente en 16 entidades federativas más el Distrito Federal, los procesos electorales locales. Qué tan cerca parece ya, el inminente arranque de las campañas electorales en el mes de abril de este 2015.

 

Con el inicio de las campañas seguramente observaremos la máxima expresión ideológica, política, propagandística y de estrategias de los contendientes electorales a través de los partidos políticos y de sus candidatos o bien, por primera vez (al menos a nivel federal), de los candidatos independientes, por tratar de obtener la simpatía del electorado, por tratar de influir en su razonamiento que corre por dos vías: Por un lado, convencer al ciudadano de que determinada oferta política es la mejor, y por el otro y tal vez, la tarea más difícil, convencerlo de que cumpla con su responsabilidad social de ir a votar.

 

¿Cómo arribamos a estas campañas? Para responder esta pregunta son tres los factores que podemos analizar. Primero, el descrédito de los institutos políticos ante la ciudadanía.  Segundo, el desgastado proceso del periodo de precampañas y tercero, el posicionamiento que ocupan los partidos políticos, según registros de medición estadística, de manera previa al arranque de las campañas. 

 

En el primer caso vale la pena retomar un muy interesante ejercicio llevado a cabo por el Grupo Reforma entre el 13 y 14 de febrero a 450 adultos y publicado el 20 de febrero en Análisis, Gobierno y Política en torno a la Percepción de la Corrupción. En dicho ejercicio, entre otros análisis por demás relevantes, destaca la medición, en una escala de 1 a 10, donde 0 es “nada de corrupción” y 10 “mucha corrupción”, los partidos políticos obtienen el primer sitio con un 9.0, por sobre los altos funcionarios públicos, el sistema judicial, el gobierno federal, el gobierno estatal/del Distrito Federal, los legisladores, el gobierno local /delegacional, los sindicatos, los burócratas, los petroleros, la iniciativa privada y la Iglesia.

 

Pero eso no es todo, el mismo ejercicio del Grupo Reforma revela que 53% opina que la corrupción es un fenómeno que se da entre todos los partidos políticos, en tanto que 45% considera que hay unos más corruptos que otros.  Recomiendo ampliamente ver el estudio completo en la referencia mencionada con anterioridad.

 

El segundo punto al que he llamado el desgastado proceso del periodo de precampañas, es el referente a toda la serie de procesos polémicos por publicidad y propaganda desplegada por diversos Institutos Políticos que ha terminado en el seno del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) con llamados al orden, con amonestaciones, con sanciones pequeñas, medianas y grandes, amén de los dimes y diretes entre dirigentes partidistas y por los representantes de los partidos políticos ante el Consejo General del INE por mencionar sólo algunos,  y que han derivado en una judicialización de la elección, y eso que aún no empiezan las campañas electorales.

 

Casos hay muchos, pero el espacio de esta columna no me permite ahondar en el tema.  Sin embargo, este proceso, en mi opinión, ha generado malestar en la población que, espero no suceda, puede ser uno de los ingredientes que inhiban la participación de la ciudadanía en las elecciones.  Esto es de llamar la atención, toda vez que entre mayor participación social, mayor credibilidad de los competidores para ejercer algún cargo de elección popular que la población así lo haya decidido.

 

Ahora bien, respecto al posicionamiento con el que arrancarían las diferentes fuerzas políticas, destacaría un estudio integrado por un querido amigo, el doctor Francisco Abundis, director General de la Empresa Parametría. En dicho análisis que junto con El Financiero, se hace la medición, levantada con 1,200 casos a nivel nacional, entre el 14 y el 18 de marzo de este 2015, sobre la tendencia de la preferencia electoral en torno a la elección de diputados federales.

 

El instrumento muestra una competencia política real entre el PRI y el PAN (preferencia efectiva), colocando al primero con un 30% de las simpatías electorales, seguido del PAN con un 27%; esto es sólo 3 puntos porcentuales de diferencia. Le seguiría el PRD con un 12%, Morena con un 11% y el PVEM que alcanzaría un 10%, lo que significaría en aquel momento del levantamiento de la encuesta, una contienda muy cerrada por el tercer lugar de las preferencias electorales.[1]

 

La fotografía de ese momento hace ver que el proceso electoral federal, en este caso, será definido por las estrategias que sean desplegadas en el transcurso de las campañas electorales. Por ello, me atrevo a señalar que no hay mayor estrategia por parte de los institutos políticos que aquella que advierta y, en su oportunidad atienda, las demandas de la población, sus necesidades y requerimientos.

 

Hoy la ciudadanía no necesariamente guarda ya una simpatía o preferencia electoral lineal; me parece que más bien vota por quien puede satisfacerle dichas necesidades independientemente del color y con ello, se ha instituido el voto diferenciado como una herramienta de control ciudadano que me parece acertada.  Así, lo importante será que los ciudadanos asistan a votar el próximo 7 de junio, y que lo hagan por el partido político o candidato de su preferencia y con ello, no dejarle la importante decisión a uno cuantos para el transcurrir de los próximos años.

 

@fdodiaznaranjo

 

[1]  El estudio completo de marzo de la serie de preferencias electorales de El Financiero-Parametría, puede consultarse en http://www.parametria.com.mx

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.