Opinión

Derechos humanos de las personas con discapacidad

Grandes retos para un país como México, donde 19 de cada 100 familias y hogares cuentan con un integrante con alguna discapacidad. | Leonardo Bastida

  • 15/06/2019
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A pesar de ser un grupo visible a la sociedad por siglos, las personas con discapacidad carecían de un reconocimiento pleno de sus derechos humanos y de herramientas que les permitieran exigirlos y gozar de ellos.

Para revertir esa realidad, el siglo XXI comenzó con una gran pujanza para que por primera vez en la historia de la humanidad se creara un documento en el que los países de todo el mundo reconocieran los derechos de las personas con discapacidad. Comenzando por quitar el mote de minusválidos o de discapacitados o de impedidos, como en un principio se les había denominado en la agenda política internacional.

El resultado fue que en 2006 se aprobara la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en la asamblea plenaria de la Organización de las Naciones Unidas y en 2007 se comenzara a firmar por parte de los diferentes países integrantes del organismo internacional.

Uno de los impulsores del documento, que establece los lineamientos mínimos para que las personas con discapacidad puedan gozar de un trato igualitario en todos los ámbitos de la sociedad mediante el diseño de políticas públicas y líneas de acción específicas para este sector de la población así como la armonización legislativa correspondiente para el reconocimiento de sus derechos, fue Gilberto Rincón Gallardo.

En su momento, a raíz de la aprobación del documento, el político mexicano y primer presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación advirtió que el gran reto consistía en “convertir en acciones concretas los principios de este importante tratado es una tarea que se antoja difícil y de larga duración” y era una labor de toda la sociedad.

A poco más de una década de la aprobación de la Convención, organizaciones de la sociedad civil como Quirón, Cultura + Derechos Humanos y la Fundación Dime y Juntos lo Haremos, en conjunto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), organizaron el Foro “Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad en el siglo XXI: logros y retos” con la finalidad de abrir un espacio de reflexión sobre los avances y pendientes en la materia.

Tras varias horas de debate entre especialistas en derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil con trabajo con personas con discapacidad, defensores de derechos humanos y personas con discapacidad concluyeron que es necesario realizar acciones dirigidas a terminar con las actitudes de rechazo y exclusión hacia las personas con discapacidad, una mayor vinculación entre la sociedad para colaborar en la realización de políticas que realmente trasciendan y funcionen; redirigir  las acciones y  programas, así como armonizar las legislaciones implementando su transversalidad y la interseccionalidad y no permitiendo la implementación de políticas públicas regresivas.

Sumado a la vigilancia y la asignación de presupuesto público para garantizar el empoderamiento, la integración e inclusión de las personas con discapacidad, buscando siempre la participación, el diálogo y la consulta de las personas involucradas e interesadas, exigiendo que se garantice el derecho al acceso a la información pública, permitiendo así identificar los obstáculos y los avances reales en la materia.

Durante el foro, la CNDH reconoció la carencia de una estrategia nacional y de largo plazo en la toma de conciencia que contribuya a cambiar el enfoque asistencialista que aún domina las políticas públicas y el actuar de la población en general hacia este sector, así como una débil coordinación interinstitucional e intersectorial que abarque los tres órdenes de gobierno y la falta de una estrategia nacional de accesibilidad en todos los ámbitos.

A propósito de la publicación del libro Entre Cuerpos y Placeres. Representaciones y prácticas sexuales en personas con discapacidad adquirida, de Edith Yesenia Peña Sánchez y Lilia Hernández Albarrán, resultado de sus investigaciones con personas con paraplejia a partir de una visión biosocial y una sociocultural, han planteado la urgencia de reconocer las diferencias entre las múltiples formas de discapacidad y las maneras en que las distintas colectividades se han apropiado del término para autodenominarse, identificarse, establecer sus luchas sociales y políticas o deconstruirlo  pata tomar otras formas de asumirse como personas y ciudadanos.

En definitiva, grandes retos para un país como México, donde 19 de cada 100 familias y hogares cuentan con un integrante con alguna discapacidad, es decir 6.4 por ciento de la población mexicana vive con alguna discapacidad, 39.4 por ciento de las personas de este sector viven en pobreza, y a una de cada tres personas con discapacidad que solicitó empleo se le negó la oportunidad de trabajar por su condición.

@leonardobastida | @OpinionLSR | @lasillarota

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