Opinión

Democracias en crisis

Las crisis políticas y democráticas en diversos países del mundo están dando lecciones que tenemos que aprender y atender de manera urgente. | Carla Humphrey

  • 15/11/2019
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Las crisis políticas y democráticas en diversos países del mundo, particularmente en hispanoamérica, están dando lecciones que tenemos que aprender y atender de manera urgente. La permanencia en el poder usando las elecciones como instrumento para legitimar extender los mandatos de los cargos; la distancia entre las y los electores y los políticos; el descontento ciudadano y las protestas, las precarias condiciones económicas y la falta de liderazgo, son algunas de las notas comunes de estas crisis.

Bolivia, Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Brasil, Ecuador, Paraguay y España, comparten el momento político y social que en México se manifestó en las urnas en julio de 2018, en las que se eligió al primer gobierno de izquierda en nuestro país. Sin duda un claro ejemplo de este complicado momento también pasa por el debate no resuelto respecto al Brexit en Gran Bretaña.

Las elecciones presidenciales españolas del domingo pasado, son una muestra clara de la falta de entendimiento de la clase política de las decisiones de las y los votantes. Cuatro elecciones han pasado y la misma decisión ha tomado el electorado: no otorgarle la mayoría a ningún partido político y obligarlos a negociar para dirigir el país. Ninguna fuerza política cuenta con el apoyo suficiente para conseguir la investidura de la persona que encabeza las listas de cada partido. Las fuerzas extremas de izquierda y derecha se han fortalecido a pesar de que la gran mayoría de los ciudadanos están más cerca ideológicamente del centro, pero están cansados de enviar una y otra vez el mismo mensaje sin que los partidos y candidatos lo comprendan.

Los costos serán muy altos si, en esta ocasión, no se pasa de un presidente en funciones a uno que sea investido como tal por el Congreso de los Diputados.

En Europa, la Unión Europea funciona como un filtro que permite a esos países, a pesar de las crisis políticas que enfrentan, seguir una ruta determinada marcada por los compromisos que deben cumplir para pertenecer y hacer funcionar a esta Unión. Las directrices las marca un órgano supranacional con independencia de los virajes políticos mandatados desde las urnas. España, ha podido mantener condiciones generales de gobernabilidad y atender tensiones internas, como resultado de las obligaciones comunitarias a las que debe hacer frente.

La política española ha apostado por una clase de políticos jóvenes, que ronda los cuarenta años y que han dedicado en su vida profesional por completo a la política. A esta generación de políticos les cuesta trabajo llegar a acuerdos, negociar las condiciones de un gobierno en el que ningún partido tiene mayoría y parecen no comprender que la ciudadanía ha votado, ya hasta cuatro veces en cuatro años, para comprometerlos a sentarse y pactar las condiciones de un gobierno de coalición. La primera renuncia, la de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, se ha presentado como como consecuencia de los resultados electorales de su partido.

La única solución posible, una coalición de izquierdas, se ha consumado a principios de esta semana, con el PSOE comandado por Sánchez, aceptando y reconociendo las mismas exigencias que Unidos Podemos, liderado por Iglesias, había puesto en la mesa desde meses atrás: una vicepresidencia y 3 ministerios para Unidos Podemos. El único cambio es que ahora será Iglesias el que ocupe esa vicepresidencia. Este acuerdo aún no garantiza la investidura. Como saldo de las elecciones del 10 de noviembre, el PSOE y Unidos Podemos perdieron casi un millón y medio de votos y 10 escaños y el riesgo de nuevas elecciones, ya que ahora no son suficientes los votos de esta coalición para garantizar la investidura, lo que abre la puerta a la derecha y extrema derecha, con Vox doblando sus espacios en el Congreso y convirtiéndose en el tercer partido, para ganar unas siguientes elecciones, con el hartazgo de un electorado cansado de acudir a las urnas.

¿Cuántas renuncias más habrán de llegar que no entiendan el momento político y las condiciones para acceder a los principales cargos públicos? ¿Cuándo entenderán aquellos que son electos por periodos determinados para ocupar el más alto cargo de una nación, que las democracias exigen el respeto de las reglas, se nutren de elecciones que cumplan cabalmente con la ley y de resultados legitimados por una alta participación democrática, por la credibilidad en los resultados y por la certeza de que quien gana en las urnas cumpliendo con el marco jurídico que las rige, ocupará el cargo por el periodo para el que fue electo?