Opinión

Democracia laboral en el vecindario empresarial

Algo insólito que quita el polvo a decenas de años de inmovilismo sindical. | Manuel Fuentes

  • 17/08/2021
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En el vecindario empresarial, vía zoom por supuesto, no se habla de otra cosa más que de la legitimación en General Motors, de Silao Guanajuato, y de la empresa Tridonex de Matamoros Tamaulipas, por el arreglo tan especial. Pero también es tema de líderes, funcionarios laborales y hasta académicos, perdidos como yo, que no dejamos de sorprendernos por cómo está cambiando el mundo laboral.

Pero el escenario laboral en México no cambia por evolución propia; es el comercio, y no de cualquier tipo. El de nivel internacional, el que impone, el que decide los tiempos y modos, donde los legisladores y políticos mexicanos no tienen ni idea de lo que pasa en su esfera de corta distancia.

Las normas laborales se dictan del otro lado del río Bravo. Desde allá se exige que haya democracia sindical, que desaparezcan los contratos colectivos de trabajo de protección y, de paso, se deshagan de los líderes antiguos (conspicuos) que sólo han vivido de las cuotas sindicales y miran los bajos salarios de sus agremiados como un trofeo.

Hasta apareció dentro del vecindario en medio de tanto argüende, sorprendido (¿hasta ahora?), un señor de apellido Seade, según él indignado de tanta intromisión externa; a quien por cierto le dicen el padre del T-MEC, porque recién designado se fue a Washington a negociar el Tratado Comercial y, para quedar bien con su jefe, el ya saben quién, fue a decir sí a todo.

¿Qué firmó Seade? Ni él lo sabe, ni lo sabrá, pero eso no importa, si en algunas líneas decía democracia (perdón quise escribir democracy) ha de estar bien el convenio ese, claro, según él. Dicen que se fue solitario allá al país del Norte para la firma del T-MEC, lo arregló en unas horas y regresó a México como héroe nacional.

Dicen los sorprendidos que en la empresa Tridonex, fabricante de partes automotrices y asentada en Matamoros, Tamaulipas, el gobierno mexicano no aceptaba que el conflicto, que arrojó a 154 trabajadores a la calle, fuera parte del T-MEC porque los hechos ocurrieron tres años antes del 1º de julio de 2020, alegaron que como aquí se respeta la no retroactividad en perjuicio de persona alguna, a la empresa de autopartes se le debería dejar en paz.

Cuentan los bien entendidos que al gobierno estadounidense le parecieron insensatos los argumentos del lado mexicano, y decidieron llamar a cuentas a la empresa Cardone Industries, radicada en aquel país, para que arreglara las violaciones laborales de su filial en México. Le dijeron: arreglas el asunto o nosotros lo arreglamos. Mejor cedió aquella empresa transnacional voluntariamente a la fuerza.

El acuerdo apareció publicado el lunes 9 de agosto pasado detallado por la representación Comercial de Estados Unidos. En México fue noticia de segunda, allá en la última sección.

La razón del acuerdo impulsado por el gobierno estadounidense fue la negativa avalada por Tridonex a los derechos de libre asociación y negociación colectiva en relación con una campaña de organización sindical.

El convenio es sorprendente porque se pactó pagar a cada uno de los 154 trabajadores despedidos el equivalente a 9 meses de salario, alcanzando una cifra total de 12 millones de pesos (600 mil dólares).

Se acordó que la cifra sería mayor para los trabajadores con más antigüedad.

Se obligó a la empresa a apoyar el “voto personal, libre y secreto de sus trabajadores”.

Se comprometió la empresa Tridonex a realizar una “declaración de neutralidad”, no se dice si los hicieron jurar ante la biblia.

Aunque no se precisa si las autoridades mexicanas intervinieron o no en el pacto con la empresa, se obligó a ésta a permitir la entrada de “inspectores y observadores independientes” (que siempre habían rechazado) a las instalaciones de la empresa “comenzando ahora y continuando después de una elección de representación sindical”.

Se crearon los inspectores de guardia permanente (que así lo denomino) quienes deben estar todo el tiempo dentro del centro de trabajo. Nunca antes fue vista esa función que se inauguró en General Motors de Silao.

¿Se les proporcionará una oficina permanente? ¿Realizarán rondines por toda la empresa? Que les digan a los trabajadores: somos la autoridad, no teman a sus líderes.

Se le obliga a la empresa a ser transparente (¿antes no lo era?) en las negociaciones salariales y de contrato colectivo de trabajo.

Algo inusitado también es permitir durante las horas de trabajo, y dentro de las instalaciones de la empresa, la capacitación ¡sobre los derechos de negociación colectiva y libertad de asociación!  Además, en una línea final se estipula que la capacitación sindical con ese contenido se aplicará de manera regular en el futuro. Algo insólito que quita el polvo a decenas de años de inmovilismo sindical.

Se le exigió a la empresa que cimbrara (quise decir removiera) sus prácticas para mejorar su capacidad en el área de recursos humanos y en sus políticas laborales para proteger mejor los derechos de los trabajadores a la libertad de asociación y negociación colectiva (lo releo varias veces porque no lo puedo creer).

Crear un lugar seguro de trabajo y establecer una línea directa, un correo electrónico anónimo y confidencial, administrado por un proveedor externo, para que los trabajadores denuncien violaciones a sus derechos.

Con esta información, que ronda por todas partes, el murmullo elevado a la máxima potencia ha llegado a otro vecindario: el de los trabajadores. Les han dicho que se habla de ellos, que quieren que se organicen, que se capaciten y luchen por mejores condiciones de trabajo y salarios dignos.

El murmullo (de libertad sindical) en las moradas y barriadas obreras se escucha cada vez más alto. Ellos se empiezan a asomar

Una voz se escucha arriba, en una de las azoteas:

¿Qué se necesita remover entre los trabajadores para que sean ellos los que ejerzan sus derechos colectivos con una fuerza propia que sea imparable?

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