Estas elecciones serán, sin duda, de FakeNews. Por no decir, ya son.

Viviremos al filo de la postmodernidad en la penumbra de la desinformación manipuladora de jugos gástricos y generadora de heces.

Pero al observar el panorama, pareciera que no solo las noticias son y serán falsas, sino que muchas otras cosas más de nuestra vida democrática y política hunden sus raíces en la falsedad.

Partamos de lo evidente...

Precampañas que no lo son, precandidatos que no lo son, independientes que no lo son, eventos con estructuras militantes que no lo son, propaganda acotada a públicos cerrados en espacios públicos, coaliciones que no se coaligan, ideologías que carecen de ideas y compromiso. La lista puede seguir.

En otro frente de nuestra desastrada democracia destaca un sistema de partidos que no son partidos de ciudadanos, sino estructuras oligopólicas que trucaron la política en negocio.

Estructuras vergonzantes, pero necias. Se avergüenzan de ser partidos, de su fama, de sus especímenes, de su desempeño, de sus miserias, de su corruptelas. Pero no hacen nada por cambiar. En lugar de ello crean Fakecandidatos, Fakemilitantes, Fakecampañas y Fakeelecciones.

Como nadie me cree y nadie nos quiere, voy a lanzar a uno ajeno, como si una cara, un nombre y una no relación anterior, lavasen todos los pecados del mundo partidario. Con Juan, que no es mío, ya no soy yo, aunque me veas en los mítines y mismos eventos. Con Manuel, que nunca ha militado en mis filas, esas personas que ves con él no existen, son fantasmas, mera escenografía. Si Pedro, que no es mío, se arrepiente de mis pecados y los de algunos exgobernadores excomulgados, quedamos todos limpios de pecado.

Realmente creerán los partidos que con lanzar a un ente prestado quedarán saldados todos sus desprestigios y pasados.

Fake también en nuestra cultura de legalidad. Todos violan la ley, pero solo la acusan en los bueyes de su compadre. El INE, tras casi cinco años de una ardua investigación, logró que la Convención Bancaria y de Valores le arrancara a Bancomer información sobre manejos no reportados en las campañas del 2012 a través de tarjetas bancarias. La sorpresa, de la que nadie habla y los partidos hacen hasta lo posible por enterrar, es que todos los partidos, sin excepción, utilizaron en mayor o menor medida dicho mecanismo y todos cargan la mácula de recursos cuyo ingreso y egreso no aparecen reflejados en sus informes de gastos de campaña.

Corral, en sus cinco minutos de gloria electorera, rasga sus vestiduras sin hacerse cargo de los moches que implican a su partido al igual que los priístas, y si nos vamos al PRD basta ver su feria de millones en la capital de la República y negocios clientelares. De MORENA hay nóminas que lo incriminan. Ergo, todos son iguales.

FakeFe

Hay prohibición expresa de la intervención de ministros de culto religioso en temas políticos; pero desde Gobernación, en este sexenio, y desde Los Pinos, en los dos anteriores, se impulsó un partido abiertamente confesional y cuya estructura se monta sobre parroquias y organizaciones clericales. Partido que, por cierto, va en coalición con un candidato que a los cuatro vientos pide la ayuda de sacerdotes católicos y pastores cristianos en su campaña electoral, queriendo enmascarar su participación en defensa de la libertad del voto. Jamás es más esclavo el voto ciudadano, que cuando se orienta desde el púlpito e impone en el confesionario. Pero ni partidos, ni autoridades electorales, ni autoridades civiles paran mientes en el peligroso detalle. FakeFe.

Y qué decir de las otrora ideologías. Leía ayer un anuncio en redes para presentar un examen sobre los Documentos Básicos del PRI. Bueno, ni la burla perdonan. Quién va querer presentar dicho examen, si el paradigma del PRI postmoderno es ser lo más ajeno al PRI posible. Es más, debieran cerrar su escuela de cuadros, la Fundación Colosio y sus instrumentos editoriales, porque las pruebas que habrán de aplicar de aquí en adelante serán para acreditar que no se sabe nada de dicho instituto político.

En ese tenor se inscribe el chaqueteo impúdico de un partido a otro. Nadie se despeina ni ruboriza por abrazar hoy la causa que combatía ayer, ni en atacar hoy lo que se defenderá mañana.

Ayer Martha Anaya en El Heraldo hacía una de las críticas más finas e inteligentes a partir de dos fotografías: Una, la de Osorio Chong despidiéndose de Gobernación en un acto inaugural de una gran cabeza de Juárez, cuando desde Gobernación se impulsó al partido confesional Encuentro Social, nada se hizo para parar a la clerigalla en 2015 en su promoción del voto antiaborto y menos en atemperar los ánimos confesionales de Andrés Manuel. La otra es la de Meade dándole la bienvenida a Javier Lozano en compañía de Ochoa Reza y Nuño, donde a todas luces lo único que se echó de menos fue al PRI representado por al menos un priísta.

Ciudadanía fake

Lo más triste de esta realidad es que nuestra ciudadanía también es fake. Constreñida a votar cada tres años, despotricar cual zombie en las redes, ser hordas de FakeNews y pagar los costos de nuestra borrachera democrática.

Es cierto, en el México del partido hegemónico teníamos una democracia más que acotada, pero hoy que la tenemos omnipresente, onerosa, rijosa y vergonzante, es –también– fake.

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