O estás conmigo o estás contra mí. Esa pareciera ser la máxima de varios actores políticos que quisieran, de una vez por todas, incendiar México y volcarlo al caos para que resurja una nueva República. Los del PRI pugnan por la continuidad; los del PAN apuestan por el conservadurismo y los de Morena desean sepultar a los dos anteriores.

Cada uno tiene su cuota de razón, pero no por ello sus razonamientos son absolutos y deben seguirse al pie de la letra. La única vía viable, predecible, sustentable, es la democrática. Ni las amenazas de estallidos sociales, toma de carreteras o advertencias de que México será un caos si gana el PRI deben llevarnos al abstencionismo en las elecciones venideras.

La soterrada convocatoria en redes sociales a una insurrección o guerra civil en México, no tiene sustento. Y no lo tiene porque el ciudadano de a pie, el que todos los días desquita un jornal, sea en el campo, en la industria, en la oficina o en el comercio, desea un país en paz, con certeza, tranquilo, en el que se desarrolle y crezcan sus hijos.

Por eso quienes quisieran ver a México incendiado no lograrán ese sueño pues podrá más la legítima aspiración de los mexicanos de que prevalezca la República y que se respeten las instituciones.

No hay duda de que millones de mexicanos quisieran echar a patadas del poder a quienes hoy lo detentan. Debe ser, sin embargo, en las urnas donde se aplique el ajuste de cuentas y se les mande a volar.

Voto razonado

En México urge un voto razonado, civilizado, pero sin la amenaza de prenderle el fuego. Sea que quede, Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya o José Meade Kuribreña, como nuevo jefe de Estado, se debe respetar la voluntad del electorado.

Es obvio que muchos no quieren a AMLO quede porque advierten que México será una nueva Venezuela. Otros tachan a Ricardo Anaya de corrupto y de frívolo y muchos más responsabilizan a Meade por el incremento a los carburantes. No hay en todo esto verdades absolutas.

Es obvio que ningún político de izquierda, de derecha, de centro, líder social, maestro, campesino, estudiante u obrero puede hacerse justicia por propia mano frente a los yerros del gobierno. Hay muchos ejemplos en la historia latinoamericana de desbordes sociales que concluyeron con resultados funestos.

La democracia cuesta y mucho

Los mexicanos invertimos, oficialmente, unos 19 mil millones de pesos para mantener el actual sistema, pero extraoficialmente la cifra escala hasta los 50 mil millones de pesos, ya que hay recursos de aporte a campaña que no se reportan.

El debate actual es cuánto nos cuesta sostener la actual clase política en la que se han infiltrado algunos gavilleros metidos a políticos.  Si las cifras fueran reales, transparentes, cada pretendiente al cargo de diputado federal debiera respetar los topes de campaña. Las cifras de gastos mínimas superan el millón de pesos que se invierte en gasolina, tortas, refrescos, pendones, publicidad.

Mantener al actual Congreso mexicano nos cuesta a todos 15,000 millones de pesos. Las decisiones de diputados y senadores son demasiado costosas para el erario. En los últimos 18 años, los partidos políticos han recibido la suma de casi 80,000 millones de pesos que de poco han beneficiado al país.

Nos toca vigilar, con nuestro voto y decisiones, a los legisladores y gobernadores y al próximo presidente de México para que hagan un papel decoroso. Todos están obligados a rendir cuentas y a transparentar sus actividades.

Hay que vigilar la democracia y no dejar que los agoreros de la crisis aseguren que el país se derrumbará. No pasará nada. Si al caso un cambio de timonel. Por eso quienes quieren incendiar el país desde las redes sociales no tendrán éxito. El deseo de los mexicanos, por alcanzar un punto de equilibrio y desarrollo, es superior a las intentonas de quienes quisieran quemar el Palacio Nacional y a sus inquilinos.

México tiene instituciones que, lamentablemente, parecieran sucumbir cada sexenio ante el capricho de quienes gobiernan.

Hoy nos toca ser más vigilantes y actuar más de cerca frente a los gobernantes. No los dejemos solos y les amarremos las manos, vía fiscalización, para que no haya otros “Duartes” que han caído en la sinvergüenzada de pretender plantear ahora de que es cleptómano y que dado a esa enfermedad es inimputable.

Persecución

Muchos políticos opositores a Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas, temen, al cierre del actual sexenio, un acoso y persecución política bajo el manto del combate a la corrupción. Algunos sospechan que el mandatario, al que se le ha acusado de ser timorato y blandengue, ahora sí aplique un ajuste de cuentas contra gente que simpatizó en otros partidos, ajenos al Verde Ecologista que encumbró al poder al todavía mandatario.

En ese escenario varios ex presidentes municipales que ocuparon cargos hace casi nueve años han comenzado a ser perseguidos y encarcelados bajo el argumento de que no les cuadran las cuentas. Recién hasta ahora se da cuenta de ello el Órgano de Fiscalización del Congreso, organismo que paradójicamente, no mueve una hoja si no recibe orden directa del Ejecutivo.

En el escritorio del Fiscal General de Chiapas, Raciel López, están varias órdenes de captura contra ex alcaldes por delitos como peculado, enriquecimiento o desvío de fondos.

Este es el escenario que recibirá quien quede como gobernador en las elecciones de julio. Quienes están cerca de las mieles del poder venidero son Roberto Albores Gleason, Rutilio Escandón Cadenas y José Antonio Aguilar Bodegas. Uno de estos deberá ordenar los desaciertos que reciban de manos de Velasco Coello, un joven farandulero que privilegió más su imagen en las revistas rosas que ver la realidad de Chiapas.

joseluiscastillejos@gmail.com

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