Opinión

Delgado, Gallardo y el acertijo de SLP

¿Qué implicaría concluir que todo el armado de Mario Delgado en San Luis Potosí tiene como propósito intentar un asalto a la gubernatura?. | Roberto Rock L.

  • 14/01/2021
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Se cumplen dos meses desde el 11 de noviembre, cuando el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, pactó personalmente en San Luis Potosí una extraña alianza electoral con un bloque de partidos (Verde, PT y Panal), para luego hundirse en un pantano de contradicciones que hasta ahora genera un solo ganador: el controvertido político local Ricardo Gallardo, diputado federal del Verde.

Gallardo, “personaje con antecedente criminal”, como lo describió Citlalli Hernández, secretaria general de Morena, es investigado por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), según lo reveló su titular, Santiago Nieto, el pasado 10 de octubre. Se halla al centro de múltiples señalamientos que lo ligan al crimen organizado.

El referido 11 de noviembre, Delgado firmó el oficio de alianza entregado al Consejo Estatal Electoral. Al registro correspondiente Gallardo llegó acompañado por una multitud para presentarse como abanderado inevitable de la coalición. Seis días después, el Consejo Nacional de Morena decidió, casi por unanimidad, dar una bofetada política a Delgado y canceló esta alianza

Morena lanzó su convocatoria para designar candidatos, admitió el registro de 13 de ellos el 4 de diciembre. Pero a finales de año Delgado colocó todo en el limbo, filtrando en oídos selectos que debía dar marcha atrás y registrar a una mujer para acatar las disposiciones de los órganos electorales federales en materia de equidad. Eso supone abrir una nueva convocatoria en la que se admitiría el registro de mujeres únicamente, incluso externas al partido. Se trata de un aberrante malabar aun para un partido del que no se conocen estatutos formales.

Todo se ha frenado en San Luis Potosí, menos la campaña de Gallardo a la gubernatura bajo el registro del Verde. También crecen la incertidumbre y las versiones de que hay algo oscuro en esta historia, algo con olor a metálico…

A partir de esta semana los nombres de precandidatas mujeres empiezan a poblar los espacios de medios de comunicación. La mayor parte de ellas no estaban hasta hace algunas semanas en la mente de nadie. Y si en algún momento se les incluyó en una encuesta, su porcentaje de simpatías caía por debajo de la décima posición: Mónica Rangel, secretaria de Salud del gobierno estatal, que encabeza el priísta Juan Manuel Carreras; Francisca Reséndiz, dirigente de uno de los sindicatos de burócratas; Marcelina Oviedo, ex oficial mayor del Congreso estatal, destituida en 2019; Paloma Aguilar, funcionaria del SAT. 

El equipo de la señora Rangel ha difundido que a finales del año pasado Mario Delgado en persona la invitó a registrarse en Morena como candidata externa, y que ella viajó a la Ciudad de México el pasado fin de semana para sostener encuentros con actores por ahora desconocidos. Lo menos que se dice en este caso es que su postulación por parte de Morena sólo podría ser imaginable como un pacto con el gobernador Carreras.  

Gallardo es acompañado en su proyecto por Héctor Serrano, igualmente diputado federal, pero una presencia ubicua en San Luis Potosí desde noviembre de 2018 cuando renunció al PRD. Serrano fue el poder tras el trono durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, en la Ciudad de México (2012-2018). 

El nombre de Serrano debe estar ubicado bien arriba en la lista de malquerencias de Andrés Manuel López Obrador y de una parte central de sus colaboradores, entre ellos la actual jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la nueva secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, y el canciller Marcelo Ebrard.  

Calificado en muchos ámbitos como operador en las catacumbas políticas, a Serrano se le atribuye haber violentado en la capital del país las elecciones intermedias de 2015, en perjuicio de Morena, lo que atrajo una crisis entre el hoy presidente y el ahora senador Mancera

Esa crisis provocó la salida de Serrano de la Secretaría de Gobierno para ser designado titular de Movilidad, desde donde no solo no perdió poder aprovechando los vacíos que dejaba su jefe, sino que lo acrecentó cuando aquél dejó el cargo para buscar un escaño en la cámara alta y fue relevado por José Ramón Amieva.

De acuerdo con testimonios recogidos por este columnista, Serrano estuvo detrás de la maniobra para que, tras el terremoto de septiembre 2017, se achacara responsabilidad a Sheinbaum, a la sazón delegada en Tlalpan, por la tragedia derivada del derrumbe del Colegio Rébsamen, que ocasionó la muerte de alumnos infantes. Igualmente, se asegura que presionó a Mancera para destituir a Rosa Icela Rodríguez como secretaria de Desarrollo Social tras los comicios de 2015, por lo que fue a dar a Desarrollo Rural. En el caso de Ebrard, se le atribuye a Serrano y a Mancera, en coordinación con Miguel Ángel Osorio Chong, entonces secretario de Gobernación, haberle armado diversas acusaciones en los ámbitos mediático y judicial.

¿Qué implicaría para estas figuras referentes de la 4T concluir que todo el armado de Mario Delgado en San Luis Potosí tiene como propósito central intentar que un candidato impresentable, apoyado por esos compañeros de viaje, encuentre el camino abonado para intentar una asalto a la gubernatura?

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