Opinión

Del discurso a las balas

Es tiempo de que se dejen atrás los discursos de odio y que entendamos que tienen consecuencias. | Julio Castillo

  • 14/08/2019
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Es difícil dimensionar las consecuencias que pueda traer un discurso de odio en política. El populismo, en cualquiera de sus expresiones en el mundo, se sustenta en culpar y odiar a alguien de todos los males de un país y capitalizar ese odio para ganar democráticamente las elecciones.

Evidentemente hay diferentes tipos de populismo, pero es común a todos la construcción de un enemigo a partir de un discurso de odio. El populismo que se califica de izquierda promueve un odio de clases, como el que vemos todos los días desde las conferencias mañaneras de López Obrador que odia a los fifís, a la mafia del poder (que además él preside), a los “neoconservadores” o a los “neoporfiristas” y a cualquiera que se le oponga, pero también existe un populismo de derecha que es el que se vive en Estados Unidos y el que acusa a los mexicanos de todos los males del vecino del norte. Todos los discursos tienen consecuencias sociales, algunos comentarios al respecto:

·         Para empezar el gobierno de Trump es una consecuencia de un discurso populista anterior a él. Un discurso que inició con la idea de “por qué debo pagar yo por las deudas de mi vecino” en la época de la Gran Depresión y que se acentuó radicalmente hace 11 años con la crisis del sistema financiero que tuvo enormes consecuencias en Estados Unidos y en el mundo entero.

·         En la democracia siempre existieron contrapesos y filtros que evitaron que un populista llegara al poder, pero eso no quiere decir que el discurso de odio no existiera o que la idea de una superioridad racial no estuviera arraigada en algunos lugares. Quiere decir que nadie que atentara contra la pluralidad había llegado antes al poder.

·         Ahora ese discurso de odio hacia México que hace unos años llevó a Trump a la presidencia se convirtió en el asalto de un joven que buscaba matar mexicanos para frenar la “invasión hispana” a su país.

·         El Walmart donde fue el tiroteo que mató a ocho mexicanos es uno donde comúnmente van de compras los habitantes de Chihuahua, por la cercanía que tiene con Ciudad Juárez y por la naturaleza de la cultura de la zona, que es totalmente binacional. El asesino eligió bien el lugar si su objetivo era matar mexicanos.

·         Por otro lado, que haya racismo contra México en Texas es absurdo e irónico. La capital de Texas estuvo en México y aunque ahora es parte de Estados Unidos, Texas fue país independiente, fue colonia española, fue colonia francesa y fue parte de México. Es posiblemente el estado con raíces más plurales de Estados Unidos.

La pregunta es qué tan lejos estamos de que algo así pase en México porque, aunque es cierto lo que declara el presidente López Obrador sobre que hay mayor control de armas en nuestro país, también es cierto que vivimos en un lugar donde el respeto a la autoridad no existe y cualquiera que tenga como objetivo conseguir cosas ilegales lo puede hacer, incluso sin salir de su casa.

Es tiempo de que se dejen atrás los discursos de odio y que entendamos que tienen consecuencias; no hace falta que un loco vaya a Polanco o a Santa Fe a dispararle a los “fifís” para notar que López Obrador desde sus inicios se ha dedicado a soliviantar a los ingenuos y puede llegar el día en que esa violencia verbal que ha promovido, se convierta en balas o en violencia física.