Opinión

Del 11 del 9 al 9 del 11: dos historias y un mismo sentimiento nacional

Por Gustavo Ferrari Wolfenson

  • 16/11/2016
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El 11 de septiembre de 2001, volaba desde la ciudad de México a Miami en un avión de American Airlines, para  combinar con otro de la misma empresa hacia New York. Eran las 7:30 de la mañana y minutos antes de aterrizar el capitán comunicaba la noticia que por problemas operativos  el aeropuerto estaba cerrado  y que debíamos regresar a México. Mas allá de los comentarios propios que se hacen en una situación así, nunca nos imaginamos que al descender en el Distrito Federal nos íbamos a encontrar con las imágenes que daban vuelta por todo el mundo y que representaban el atentado más impresionante, visto en tiempo real, de la historia de la humanidad.

 

Aquel 11/9 permitió legitimar a una administración  que no había podido aun desprenderse de la opinión sobre el procedimiento de su acceso al poder y por ende, daba muestras muy notorias de su debilidad institucional. Los sucesos, que representaban un claro ataque contra la integridad y vulnerabilidad del país, hicieron alinear a la población, a sus representantes, más allá del signo político-partidario junto a la máxima autoridad de la Nación: su Presidente. El fortalecimiento del gobierno significó un primer paso para mostrar a la ciudadanía y al mundo, que a pesar de un cuestionado sistema electoral, el Presidente de los Estados Unidos se llamaba George W. Bush.

 

Este 9/11 del martes pasado, quizá representó un nuevo atentado, pero en este caso, en viceversa, de los propios estadounidenses contra el mundo y alinearon a la población en favor de una nueva esperanza. “Vamos a recuperar América” Todos el mundo  esperaba que Hillary se convirtiera en la primera mujer presidente, pero no todos vieron o estimaron que quienes irían a votar era el pueblo de Estados Unidos. Y votó la gente que condenaba abiertamente los nuevos ataques y atentados que estaban sufriendo: los económicos, los migratorios, los del quiebre de la identidad nacional, los de la perdida de ilusiones, los del cierre de fuentes de trabajo y curiosamente el atentado contra algo que siempre se vanagloriaron ellos: la libertad de mercado y la competitividad.

 

América Latina y puntualmente  México han visto esfumarse un aliado natural que consideraba que iban a tener con la administración Clinton, sobre todo a nivel migratorio. Siempre les fue más fácil exportar a Estados Unidos su pobreza que generar en sus propios países fuentes alternativas de progreso e inclusión social.

 

Las relaciones internacionales son de intereses, no de ideologías. Considero que ambas administraciones evaluaran maduramente los verdaderos intereses que emanen a futuro. Ahora Donald Trump es presidente de los Estados Unidos, ya no es un salvador de las causas justas del sueño americano y tendrá que actuar en beneficio de todos sus compatriotas y de todos los intereses políticos, económicos y estratégicos de la nación más poderosa del mundo. México por su parte deberá asumir su papel de país con más de tres mil kilómetros de frontera y trabajar en forma estratégica, cual será primeramente su política para fortalecer su juego interno y después poder negociar sobre lo que pretende en la nueva relación con su gran vecino. 

 

Todos  vamos a recordar estos  11/9 y este 9/11. Aquellos que creían que era imposible que Trump ganara en los Estados Unidos; aquellos que en manos de otros hechos terroristas aun lloran también a sus victimas; aquellos que pensaban recibir ayuda financiera de los bancos americanos para solucionar su déficit interno, lo recordaran quienes quieren recuperar sus puestos de trabajo en manos de extranjeros y volver a marcar “Made in USA” en sus productos, aquellos inmigrantes que pensaban reencontrarse con sus familias deportadas, quienes sentían que el YES WE CAN era un himno inmortal  y  yo  que evidentemente me he puesto a pensar que el destino aún noha signado mi suerte sobre un avión.

 

 

*Gustavo Ferrari WolfensonDoctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Consultor de las Naciones en temas de fortalecimiento institucional para gobiernos. Profesor de Gobernabilidad y Ejercicio del Poder del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard  y del ITAM. Residente buena parte del tiempo en el estado de Quintana Roo.

 

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