Opinión

¡Déjense de berrinches y rabietas!

Mantener los discursos y divisiones que se conjuran gobierno y empresarios, podría pasar factura de cara al nuevo tratado de libre comercio. | Ismael Jiménez

  • 22/01/2020
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La ratificación del T-MEC por parte de Estados Unidos, es una bocanada de aire para el gobierno de la 4T. Para el presidente López Obrador, esto es suficiente para que las empresas nacionales y extranjeras, comiencen a invertir y así, retomar el crecimiento.

Sin embargo, para una parte del sector empresarial, la aprobación del T-MEC, no es motivo suficiente para estar tranquilos y confiar en un gobierno que todos los días, les parece hostil. Como hemos dicho con anterioridad, existe un gremio de empresarios que simplemente no comulga con el presidente.

Se respira un ambiente que parece irreconciliable entre ese grupo de empresarios y el actual gobierno. Lo anterior es sintómatico, pues un escenario como éste, lo único que genera es más división e incertidumbre para el país.

Es vital que cada una de las partes, se ponga a trabajar en lo que le corresponde para iniciar el proceso de adpatación a las nuevas reglas del T-MEC. El tratado ya está aprobado y por ahora, está de más señalar o culpabilizar a unos y otros por lo que se firmó o se dejó de firmar.

Tanto los representantes del gobierno, como de la iniciativa privada, estuvieron presentes durante todo el proceso de las negociaciones. Nada está oculto entre los firmantes.

Señalar lo contrario, es querer deslindar responsabilidades de un convenio que, en su primera fase, tuvo en la voz de los empresarios, el liderazgo y la comunicación de las negociaciones del tratado comercial.

Con la llegada de la 4T, el orden de los factores cambió, el gobierno tomó mayor protagonismo y los empresarios se sintieron relegados. Sin embargo, el tratado estaba practicamente acordado en lo que a México concernía desde antes de la llegada de López Obrador.

Hay temas del tratado que deben ocupar al sector empresarial como el combate a la corrupción, el cumplimiento de las reglas de origen, la adapactación al comercio digital, las disposiciones aduanales, así como la integración de las cadenas productivas del sector automotriz, eléctrico y electrónico.

Poco o nada, sabemos de las condiciones de las negociaciones en temas como el energético, transporte terrestre de carga, agricultura, producción acuícola, turismo, seguridad en el manejo de residuos peligrosos en puertos y fronteras, entre otros.

Un tema relevante, es el cuidado del medio ambiente, capítulo que se anexó en la nueva versión del tratado. No sabemos si seremos vigilados y sancionados bajo los criterios de nuestros socios, o si tendremos la facultad para demandar y reclamar indemnizaciones por derrames de petróleo en el Golfo de México, o por querer convertir el territoro nacional en cementerio nuclear de las empresas estadounidenses.

Así que lo mejor será dejarse de berrinches y rabietas y comenzar a trabajar en estos temas de vital importancia para los mexicanos. De no hacerlo, a nadie sorprenda que, en el futuro, México enfrente demandas por daños ambientales o concernientes al resto de los temas que desconocemos del nuevo tratado comercial.