Opinión

Defensores de Derechos Humanos ante la covid-19

Desde su labor observadora y defensora del respeto a los Derechos Humanos, la aspiración seguirá siendo vivir en un mundo mejor. | Javier Tapia*

  • 29/12/2020
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La pandemia por la covid-19 si bien ha sacado a flote todas las carencias, debilidades y limitaciones personales e institucionales del mundo entero, también nos ha dejado grandes enseñanzas y, sobre todo, la oportunidad de conocernos y valorarnos más como familia, amigos, compañeros de trabajo, aliados, vecinos, etcétera.

En esta ocasión, una reflexión sólo en cuanto a uno de tantos escenarios, en particular, el del trabajo de las y los defensores de derechos humanos de las instituciones públicas encargadas de la promoción, protección y defensa de estos derechos en nuestro sistema jurídico nacional.

Agradecido con la vida por la oportunidad de un año más –o quizá un año menos–, un año de intensos y complejos aprendizajes, desde el uso de herramientas tecnológicas para mantener la comunicación con nuestros seres queridos, familiares o amigos, hasta para adaptarse a nuevas realidades laborales, económicas y sociales. Esta pandemia nos ha permitido –además– saber y conocer los alcances y limitaciones de nuestras capacidades fisiológicas, intelectuales o creativas, pero también, de nuestras relaciones personales, familiares, sociales y laborales. Saber con quién cuentas a la distancia se ha convertido -en la actualidad- en una experiencia que determina tales relaciones, en ocasiones fortalecidas, en otras, desmarcadas.

Este año 2020, inolvidable para el mundo en todos los sentidos, hizo patente infinidad de juicios de todo tipo, desde los relacionados entre personas, hasta los relativos al desempeño de instituciones.

Así como los héroes indiscutibles de esta pandemia han sido las y los médicos, enfermeras y enfermeros, y personal de salud en general que han estado en la línea de fuego contra la covid-19, también hay otros que, con su trabajo han dado la lucha por subsistir, sacar adelante a sus familias y cumplir con su misión por el bien común.

Por supuesto, en la viña del Señor hay de todo, sin embargo, un grupo de personas que realizan una función de especial relevancia en nuestra compleja vida democrática, cargada de violencia e infortunios para millones de familias, nacionales o extranjeras en nuestro país, son las y los visitadores adjuntos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de los organismos estatales de Derechos Humanos en todo México, cuyo trabajo es -nada más ni nada menos- la protección y defensa de los Derechos Humanos pilar de cualquier sistema democrático en el mundo.

Las y los visitadores adjuntos –así nombrados en la legislación mexicana–, son un grupo de personas servidoras públicas, profesionistas en alguna rama del conocimiento, como: médicos, psicólogos, abogados, entre otros, que tienen a su cargo la investigación de hechos o actos constitutivos de violaciones a Derechos Humanos y que, desde luego, hay quienes merecen un reconocimiento especial, aquellos que aún con la pandemia han estado cerca de la gente, igualmente poniendo en riesgo su salud y su vida, para brindar atención, auxilio y protección a sus derechos fundamentales.

Generalmente suele hablarse del trabajo de las instituciones, sin embargo, hay que recordar que las instituciones funcionan por las personas que en ellas se desempeñan, muchas pilar económico o sostén de familias enteras, también vulnerables ante la covid-19. Tiempos difíciles para todos, para algunos, tiempos crueles que arrebataron algún familiar o ser querido, para otros, de angustia ante el padecimiento de la enfermedad y la zozobra médica y económica que implica su tratamiento.

Todos hemos afrontado de alguna u otra manera la crisis sanitaria y económica derivadas de la pandemia, en mayor o menor grado, quizá uno de los efectos más perjudiciales ha sido en el plano psicológico, el temor, la angustia y la incertidumbre que ha causado esta pandemia, ha trastocado la mediana tranquilidad o vida cotidiana de todos, en tanto mayormente vulnerables y en la indefensión ante la enfermedad.

La defensa de los derechos fundamentales, como actividad sustantiva de los organismos protectores de derechos humanos, se encuentra latente los 365 días del año, las 24 horas del día, por ello, vale decir que ese trabajo lo realizan igualmente personas con una vida propia y de familia, pero cuyo esfuerzo -suele ocurrir- pasa desapercibido ante la abrumadora demanda de necesidades sociales y económicas.

De ahí la mención especial hacia aquellas y aquellos visitadores adjuntos, defensores de derechos humanos que, en el afán de ayudar, anteponen su voluntad frente a la pandemia en este caótico 2020. A ellos, porque desde su labor observadora y defensora del respeto a los Derechos Humanos, la aspiración seguirá siendo vivir en un mundo mejor -presente y futuro- para todas y todos, porque ayudar a una persona es ayudar a la humanidad.

*Mtro. Javier Quetzalcóatl Tapia Urbina. Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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