Opinión

Debatir o no debatir

La política mexicana debe transparentarse y abrirse a la ciudadanía

  • 12/05/2017
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Una de las etapas cruciales de cualquier campaña electoral son los debates entre las y los candidatos. Estos eventos constituyen un momento crucial para conocer la experiencia, conocimiento y propuestas de las y los candidatos fuera de la mercadotecnia de las campañas electorales.

En México los debates muy poco han contribuido a la construcción de un electorado mejor informado. Los formatos que comúnmente se usan en nuestro país para llevar a cabo los debates son absurdamente cuadrados y estrictos, con reglas y tiempos para cada cosa que los acerca más a una serie de aburridas repeticiones de las propuestas de las y los candidatos sin la posibilidad de contrastar, cuestionar o exponer la trayectoria o propuestas de las y los candidatos.

Los formatos que se utilizan en nuestro país están pensados y acordados por los partidos políticos con la única finalidad de cuidar a sus candidatos. Las autoridades electorales poco han podido hacer para modificar las reglas de los debates derivado de que, hasta hace un par de años, los debates en nuestro país no eran obligatorios y, además, las reglas para debatir debían ser consensuadas entre los representantes de las y los candidatos, por lo que ante cualquier desacuerdo amenazaban con levantarse de la mesa y con retirar la participación de su candidato en el debate. La autoridad electoral fungía únicamente como facilitadora de los acuerdos a los que llegaban los partidos políticos. Desde la reforma constitucional de 2014 en materia político electoral, la autoridad electoral debe organizar obligatoriamente dos debates.

Las exigencias y requisitos de los partidos políticos son abrumadoras: la fecha y el lugar del debate, si el debate debe ser de pie o sentados, a qué altura deben colocarse los atriles y micrófonos, las tomas que podrán hacer los camarógrafos, los tiempos de los que cada candidato o candidata dispondrá para cada bloque en el debate, el lugar en el que se colocará cada uno, si habrá preguntas y respuestas, el candidato que abrirá el debate, quién lo cerrará, la persona que será la o el moderador del evento y, por supuesto, el más complejo de todos, el acuerdo sobre los temas que se debatirán y su orden.

Las y los candidatos preparan su participación en los debates durante días. Los ensayos incluyen las personas que toman el lugar de los otros candidatos, preguntas incómodas, tiros de cámara, entrenamiento en medios, selección de vestuario, las frases con las que iniciarán y cerrarán el debate. Todo es previamente ensayado y meticulosamente medido.

Tantas reglas para cuidar a las y los candidatos y un espacio considerable de tiempo entre los debates y las jornadas electorales, hacen que las y los electores pierdan interés en los debates y que simplemente lo tomen como otro acto de campaña.

Lo que queremos ver las y los ciudadanos en un debate es la experiencia de los candidatos, sus conocimientos sobre diversos temas, la profundidad con la que conocen una materia y la forma en la que plantean concretar sus propuestas. No pretendemos tener a candidatos o candidatas que conozcan absolutamente todo sobre todos las cuestiones sino a personas congruentes, honestas, sensibles y cuya trayectoria nos permita evaluar con un alto grado de certeza su comportamiento si llegara a ocupar el cargo para el que aspira.

Los medios de comunicación sin duda alguna juegan un papel relevante en los debates y en los análisis que por días hacen de ellos. De la profundidad de los análisis y opiniones que emitan los medios de comunicación depende la seriedad y compromisos de las y los candidatos con sus propuestas.

De cara al 2018 deben repensarse los formatos de los debates en nuestro país. Las democracias de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, España y Francia tienen una larga tradición de debate, no sólo como un evento de campaña, sino en las sesiones de control que ocurren cotidianamente en sus Congresos. La política mexicana debe transparentarse y abrirse a la ciudadanía, una de las mejores formas de hacerlo son debates públicos, abiertos, espontáneos y que permitan contrastar propuestas y opiniones distintas sobre los temas más relevantes para nuestro país.

@C_Humphrey_J



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