Opinión

Debates éticos y bioéticos sobre #covid-19

Desde la bioética hay cuatro principios por los cuales se pueden regir todos los aspectos relacionados con la salud. | Leonardo Bastida

  • 04/04/2020
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Cifras de cuántos nuevos registros de covid-19 hay entre la población cada día, cuántas personas han muerto día con día, qué país es el que mayores índices de casos tiene, dónde se han presentado más muertes, cuál es el impacto económico de la pandemia son los temas cotidianos en los medios de comunicación o en las pláticas al interior de los hogares o a través de los distintos mecanismos electrónicos y digitales que han interconectado al planeta en permanente jornada de aislamiento y distanciamiento social durante un aún incierto lapso de tiempo.

Pero, en medio de este caos, que por más que busca evitarse, en cada jornada puede desatarse y contraerse, han surgido algunas situaciones detonadoras de reflexiones a partir de variados enfoques, uno de ellos, el de la ética, pudiendo ser pensada como una ciencia del comportamiento moral de las personas en sociedad o un apoyo teórico sustentado para aplicar reglas que fomenten un comportamiento responsable, tanto individual como en grupo, y la bioética, que va más allá de los aspectos médicos, sino que le incumben aquellos problemas éticos que tienen que ver con la vida en general.

Cabe recordar que desde la bioética hay cuatro principios por los cuales se pueden regir todos los aspectos relacionados con la salud, y los cuales, deberían ser los rectores de todas las estrategias implementadas para dar respuesta a la pandemia por el nuevo coronavirus. Estos principios son el respeto a la autonomía, la beneficencia, la no maleficencia y la justicia.

Sobre esta última, estableciéndose que las personas tienen derechos iguales para ser tratadas en condiciones de igualdad, de dignidad, de consideración y de respeto y que haya una distribución justa y equitativa de los recursos para lograr el máximo beneficio comunitario y evitar situaciones de desigualdad.

A lo largo de estas semanas, se ha hecho énfasis en el lavado de manos con agua y jabón y en tomar medidas higiénicas mucho más estrictas. Sin embargo, en varios rincones del país, incluida la ciudad de México, varios grupos de personas han salido a denunciar la falta de agua en sus lugares de residencia, haciéndose complejo contar con ella en estos momentos en que es un insumo necesario.

Otra duda que surge es qué se podría hacer en el caso de aquellas personas que carecen de acceso a un servicio de salud, una realidad para más de 60 millones de personas en México y que seguramente es la misma en muchos otros países de América Latina y El Caribe, África y Asia, y si los recursos disponibles para la atención a la salud son suficientes. 

Algunas cifras recabadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe han revelado que en la mayoría de los países de la región, sin que México sea la excepción, indican que hay una disponibilidad de 2.2 camas de hospital por cada mil habitantes, a pesar de que los estándares internacionales recomiendan más de seis.   

La respuesta de la comunidad científica ha sido desbordada. Todos los días hay noticias sobre nuevos proyectos de desarrollos de vacunas, de kits de pruebas rápidas y de medicamentos, los cuales, a pesar de su rápido proceso, no estarán disponibles antes de que haya un respiro por parte del covid-19. La pregunta sería si hay esta capacidad de los equipos de investigación científica para responder de manera rápida a una enfermedad como la provocada por el coronavirus, también la podría haber para el desarrollo de insumos médicos para enfermedades que suelen aquejar a las zonas más vulnerables del mundo, y para las cuales, en muchas ocasiones, no se han planteado nuevas soluciones a pesar de conocerse las realidades epidemiológicas de dichos sitios.

En el ámbito virtual se han desplegado múltiples peticiones a gobiernos, instituciones, universidades, entre otras, para solucionar algunas problemáticas. Una de ellas, la que relaciona a la empresa farmacéutica (Gilead), en cuya posesión están las patentes de remdesivir, un antiviral que inhibe el funcionamiento de las enzimas de algunos virus, entre ellos el covid-19, y que ha dado buenos resultados en algunas pruebas clínicas, y su renuncia a la exclusividad de las mismas ante la presión de muchas organizaciones internacionales. Pues originalmente, la farmacéutica había solicitado los derechos exclusivos del fármaco en Estados Unidos hasta 2031.

Una vez que la empresa anunció la medida de renunciar a las patentes, también indicó que era incapaz de garantizar el suministro oportuno del mismo y redujo la escala del programa

De esta manera, se reabre el debate sobre el uso del conocimiento científico en aras del mayor beneficio posible para las comunidades y sobre lo que debe ponderarse, su puesta a disposición frente a una crisis sanitaria como la que se vive o tener una recuperación financiera que podría ayudar a generar más conocimiento.

El covid-19 ha sacado a la luz múltiples situaciones de desigualdad, entre ellas, la motivada por las cuestiones de género. Uno de los temas que más se ha visibilizado es el de la posibilidad del incremento de las situaciones de violencia al interior de los hogares como consecuencia del confinamiento obligatorio que se vive. 

Sin embargo, también han surgido cuestionamientos sobre quiénes llevan a cabo las labores de cuidado, la mayoría de ellas mujeres, propiciando la generación de estereotipos en los que se plantea que las mujeres y las niñas sean las únicas que tienen la capacidad de llevar a cabo estas tareas y los hombres y los niños de recibirles. Panorama que imposibilita pensar en que la situación pudiera ocurrir de manera contraria.  

Incluso, este próximo 7 de abril, Día Mundial de la Salud, se hará un énfasis en el reconocimiento de la labor que tienen quienes ejercen la enfermería, en su mayoría mujeres, reconociendo que en este momento, la respuesta al covid-19 sería incompleta, pues entre sus tareas está el dialogar con la comunidad sobre sus temores y sus preguntas, la recolección de datos y la provisión de un cuidado respetuoso y de alta calidad.  

Una de las preguntas más recurrentes en las conferencias de prensa de la Secretaría de Salud es si se implementará o no un toque de queda para impedir que la población esté en las calles y se resguarde en sus hogares. La postura del gobierno federal ha sido que no se implementarán medidas como “toques de queda” o patrullajes para forzar a la población a quedarse en casa. Sin embargo, los gobiernos de Chihuahua, Puebla y Yucatán han establecido que aquellas personas infectadas con covid-19 que no notifiquen su caso a las autoridades o salgan de casa, pueden hacerse acreedores a una pena de cárcel. Esto a pesar de que recomendaciones de organismos internacionales como Onusida han externado que estas medidas represivas no ayudan a disminuir las tasas de nuevas de infecciones y sí propician que las personas no se acerquen a los servicios de salud para saber su diagnóstico.

De acuerdo con Javier Darío Restrepo, uno de los deberes de quien ejerce el periodismo es mostrar la verdad de los problemas a través de una inobjetable descripción de las necesidades de la gente. En estos tiempos de emergencia, han surgido cuestionamientos sobre los contenidos mediáticos, si sólo se reproducen cifras de nuevos casos y de muertes; si el tono de las notas es o no amarillista o si la información da o no un rostro más humano a la situación. 

Un elemento básico en estos momentos es la información, clara y oportuna, que se sobreponga a los ríos informativos sin control, característicos de esta época de posverdad.  Si bien los múltiples gobiernos han comenzado a compartir sus datos epidemiológicos, cabe preguntarse si estos resultan de utilidad para la población en general, si son comprensibles, si permiten la comprensión de la problemática, si son de fácil acceso y si son fidedignos.

En materia de derecho a la información, también se contempla el resguardo de los datos personales y la confidencialidad de los mismos. A fin de monitorear si las personas estaban o no quedándose en casa como parte de las medidas preventivas contra la pandemia, el gobierno de la ciudad de México ha solicitado apoyo a las compañías de telefonía celular para que, a través de sus mecanismos de rastreo de teléfonos celulares, se pueda saber si las personas están en casa o en algún espacio público. Lo anterior, sin avisar a los propietarios de los celulares.    

El derecho a la salud es un derecho humano que salvaguarda el mayor bienestar físico, psicológico y social para todas las personas. Los sucesos que han derivado de la aparición de este nuevo coronavirus han mostrado que el alcance de ese bienestar implica muchos factores, como los ya anteriormente mencionados, y probablemente muchos más, por lo que, queda pendiente una redefinición interseccional de la salud desde una perspectiva de derechos humanos. 

Siempre se espera que a partir de las crisis surjan nuevos elementos que puedan mejorar las condiciones de vida vigentes. Esta pandemia ha sacado a relucir muchas carencias, desigualdades y rezagos que, muy probablemente, en otros momentos, no serían de gran relevancia. El mundo no volverá a ser el mismo una vez que se retomen las actividades cotidianas y comience a girar a la misma velocidad vertiginosa que solía hacerlo. Sin embargo, cuando se intente restablecer es el momento de replantear muchos aspectos partiendo desde la bioética social, herramienta que propicia el debate plural, ético y político, el respeto a los derechos humanos, la interdisciplinaridad, la libertad de pensamiento, la toma de decisiones centradas en el individuo y su contexto y aspira al desarrollo social en equilibrio con el entorno social, cultural y ambiental.

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