Opinión

¿Debate o espectáculo político?

El domingo 22 veremos un aquelarre, en donde todos se lanzarán con todo con un solo objetivo: tumbar a AMLO | Joel Hernández Santiago

  • 18/04/2018
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Desde 1994 se puso de moda en México una costumbre gringa: la de los debates de candidatos a puestos de elección popular. En particular entre los que quieren ser presidentes de la República.

De ahí en adelante, cada seis años —o cada entre-corte, en el caso de los estados, donde hay debates locales— los mexicanos somos testigos de algo a lo que han llamado “debates” pero que la verdad no lo han sido tanto, porque los hacen con un esquema acartonado, aburrido, insulso y dado mucho al “qué bueno que vino, si no, qué hubiéramos hecho con toda esa comida”…

Y se ha vuelto usual ver a los candidatos a la presidencia llegar a esos debates, lanzar su cuarto a espadas, denostar-descalificar-insultar a sus adversarios políticos y salir de ahí como si nada porque, al final de cuentas, eso que vimos y escuchamos y leímos es lo de todos los días mientras dura la campaña electoral.

3 debates


Así que para las elecciones de julio de 2018 habrá tres debates: el primero en la Ciudad de México; el segundo en Tijuana, el norte del país; el tercero en Mérida, hacia el sur.

Tres debates presidenciales

Y ya está todo listo para que este próximo domingo se enfrenten los candidatos, no a sus adversarios políticos, que ellos ya se conocen y saben de qué pie cojea cada uno; sí de frente a los mexicanos que estarán atentos para ver quién es quién en esto de ser más veloz en su respuesta, más ácido, más certero al corazón y más dañino a los otros.

¿Eso es un debate?


Ya se había dicho hasta el cansancio que lo que se ha visto en México son presentaciones de candidatos de manera extremadamente acartonada y diciendo lo que todos sabemos de ellos y lo que todos escuchamos de ellos todos los días de nuestras vidas, no solo por sus discursos públicos, sino por sus 23 millones de spots que nos atormentan en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión que, por lo que se ve, ya ha tomado por su cuenta el recurso electoral.  

Esta vez, atentos al clamor popular, los señores del INE decidieron “cambiar” el formato y darle un tono “más abierto” más de “participación pública” –dicen–, aunque atentos al mandamiento de los partidos políticos a los que cada uno representa ahí. Lo cambiaron, pero sin cambiar.

Sí hay novedades, pero no hay compromisos. Sí estarán ahí, según el nuevo formato para el domingo 22 de abril en el Palacio de Minería de la UNAM en la Ciudad de México, los tres candidatos de coalición o partido y los dos independientes por obra y gracia de otro ramillete de representantes de partido en el Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Formato de los debates


Así que en este caso los 1.54 minutos que durará el “debate” se dividirán en cuatro bloques: 1. Seguridad, corrupción e impunidad; 2. Democracia; 3. Grupos vulnerables; 4. Política y gobierno; esto es, menos de media hora en cada caso. Los tres moderadores: Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento deberán preguntar e incluso interpelar a los candidatos.

Cada segmento de los cuatro bloques, se dividirá en dos: en el primero –menos de quince minutos–, los moderadores preguntarán a los candidatos asuntos concretos que deberán responder en 2 minutos; la segunda parte –quince minutos– será un diálogo entre candidatos y moderadores y luego por ocho minutos los cuatro candidatos podrán decirse sus lindezas y sus deberes: pasado pecaminoso y presente olvidado. 

Al final de los cuatro bloques de menos de media hora, cada uno de los candidatos tendrá un minuto para soltar el cuerpo y decir lo que quieran decir. Y hasta ahí.

¿Debate o show?


Esto tiene un sesgo de show, de espectáculo y de pelea de gallos, más que un debate de ideas en el que los mexicanos pudiéramos acercarnos a la intensidad de sus programas de gobierno, a la doctrina que los mueve a hacer esto o aquello, cuál es la virtud de sus ideas respecto de los temas tratados y por qué es una novedad y no una reiteración o un engaño.

En todo caso, lo que ya se puede prever desde ahora es que tanto Anaya, como Meade, como Margarita Zavala y Jaime H. Rodríguez Calderón, alias “El bronco” se lanzarán en contra de quien encabeza las preferencias electorales en este momento: Andrés Manuel López Obrador. El mismo que ha sumado a su imagen y partido la indignación nacional “por todas esas cosas tan absurdas de la vida” y que muestra a un PRI en dificultades para repetir en el gobierno federal. Pero esto no termina hasta que termina el primero de julio de este año.

¡Adiós a la certeza!

Así que no nos hagamos rosquilla: el domingo 22 veremos un aquelarre, en donde todos se lanzarán con todo y se dirán lindezas, perversidades, mentiras, verdades, agua sucia, inmundicia y la pureza de quien lo dice y un solo objetivo: tumbar a AMLO de su lugar preferente.  

AMLO tartamudeará. Hará pausas interminables. Se le irá el tiempo entre suspiro y suspiro, no importa. Parece que ya, en este momento, la mayoría de los mexicanos sabe esto y ha tomado su decisión y AMLO, como San Francisco de Asís, guardará silencio cuidadoso y dejará golpearse en una y otra mejilla. Hasta que se le acaben las mejillas. ¿Quién ganará este debate? No importa. Al final todo seguirá igual, listos para los otros dos debates.

jhsantiago@prodigy.net.mx

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