Opinión

De silencios institucionales

...y medidas para tapar lo evidente

  • 20/05/2017
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No se entiende que el problema siguen siendo los cimientos, y que desde las profundidades, las estructuras viciadas no tardan en mostrarse.

El problema no fueron las letras pintadas, porque al otro día, unos jóvenes con mucho espíritu universitario las limpiaron, asegurando que ellos eran del bando de los buenos, no como las malas personas que las pintaron. Las autoridades de la Universidad, por su parte, se encargaron de quitarlas, de borrar las huellas de las mujeres que un día anterior protestaban por la vida, la seguridad y la justicia de las universitarias y de las mujeres en general.

Entonces, quedamos, el problema no fueron las letras, porque Lesvy siguió muerta, y su mamá sigue llorando, y muchas universitarias, conscientes de los riesgos que corren, siguen con miedo, enojo y frustración por el sentimiento de injusticia y amenaza que ronda las aulas y pasillos de las distintas facultades de esta entidad universitaria. Pero ¿en qué momento se llegó a esto? ¿Cómo fue que sucedió un feminicidio, se ocultó por 12 horas, se retuvieron las pruebas por dos días, se criminalizó a la víctima y después a quienes protestaron por su asesinato ya que se consideró que desprestigiaban a la universidad?

¿Qué hizo la universidad por Lesvy? O mejor dicho: ¿qué hacen las universidades para evitar casos como el de Lesvy?

¿Qué hace una institución universitaria cuando recibe una denuncia por acoso, violación o cuando un feminicidio sucedió en sus instalaciones?

¿Silenciarlo para no caer en el desprestigio? O porque son problemas que simplemente no les parece importante erradicar, ya que son tan normales… hay prioridades para la comunidad universitaria. Las letras para las selfies, por ejemplo. La violencia feminicida, qué.

Pero esto se viene tejiendo desde mucho antes que Lesvy fuera asesinada, por supuesto. No se fraguó en la cabina de teléfono en la que la ahorcaron, ni en los lugares sin vigilancia en el que muchas compañeras han sido violentadas sexualmente. No no centremos, ni siquiera, en los asesinos, violadores, acosadores y ex locutores de radio que siguen sosteniendo que a las mujeres les gusta ser violadas y que pueden ser penetradas con palos de escoba y eso no sería violación. Estos ya son producto de algo que viene de un lugar más profundo. Pensemos mejor en la institución en la que estas expresiones de violencia se han dado con la impunidad más cotidiana, de una manera tan naturalizada que son casi imperceptible como violencias o abusos.

Con esto no quiero decir que sólo en esta universidad se den este tipo de situaciones, justo la idea es hacer ver que, para que todas estas cosas sucedan dentro de un ámbito universitario es necesario que exista una estructura que las proteja, que las oculte, y por tanto, las fomente. Si una universitaria va al área correspondiente de su institución académica a levantar una denuncia en contra de un profesor de renombre, lo más probable es que su denuncia sea ignorada, o bien, puede que sea persuadida de no hacer oficial su denuncia ante la instancia universitaria correspondiente ya que será puesta en evidencia, perderá tiempo y el acosador o violador no tendrá un castigo, si acaso una sanción, porque hay profesores que son inamovibles de sus puestos. Mafias académicas, les dicen. Es decir, estructuras de poder viciadas y echadas a perder desde sus cimientos. ¿Qué es lo hace un criminal que se da cuenta de que puede ir por la vida delinquiendo y de que sus víctimas son ignoradas o expuestas al denunciarlo? Pues claro: lo hace de nuevo, una y otra vez. Se da cuenta del poder que tiene, de que su institución lo protege.

Ahora, tal como ya lo vimos recientemente, en el caso de profesores distinguidos y de trayectoria académica larga, declaraciones que incitan a la agresión sexual no fueron suficientes para que la institución lo destituyera de su puesto. Las denuncias por acoso por parte de alumnas contra este personaje ya se habían hecho mucho antes, y fueron ignoradas, fue hasta que la visión machista de este reconocido profesor se tornó mediática cuando la institución tomó “una postura”. Sí, “una postura”, porque el señor siguió dando clases. Poco después él hizo público que la universidad le pidió que dejara de dar clases para evitar problemas.

En este orden de ideas, ¿desde dónde está comenzando el problema? Existen varias dimensiones: comentarios misóginos y violentos son tomados a menos, se aprenden desde casa, a través de la familia (y no, no es responsabilidad sólo de las mamás, porque los papás también deben educar y cuidar a hijos e hijas) o a través de un tipo que hace chistes en la radio, la televisión, la columna semanal, el videoblog o su cuenta de twitter. Esos mismos comentarios se socializan con los amigos, en las relaciones interpersonales, en las aulas de clases y en los ambientes laborales, total: el acoso es bien chistoso, y la violación, y el feminicidio.

Así, cuando una joven llega a denunciar violencia sexual le dicen que no es para tanto, que no es tan grave. Cuando se denuncia violencia en el hogar o en el noviazgo sucede lo mismo, les dicen que el amor es así (también hay miles de chistes sobre ello). Cuando una mujer es asesinada los medios de comunicación dicen que “apareció muerta”. Las instituciones de justicia dicen, entre líneas, o entre tuits, mejor dicho, que es probable que ella se lo haya buscado, porque tomaba alcohol, consumía drogas y no se comportaba como una universitaria decente y de bien, sea lo que sea que eso signifique. La sociedad en general, hombres y mujeres, la culpan, le dicen lo mismo que a todas: que se lo ganó por puta.

Cuando un grupo de mujeres se manifiesta en las instalaciones de la universidad para pedir justicia, para limpiar su memoria, para esclarecer los hechos, exigir seguridad y cese de estas violencias, también se les dice putas y además, violentas. Se les criminaliza.

Al parecer es más violento manifestarse y pintar unas letras que acosar, violar y matar".

Y de nuevo el verdadero problema se invisibiliza: nos están violando y matando. A la sociedad le importan más las letras, el espíritu universitario.

A las instituciones universitarias, en general, les importa más mantener su reputación intacta, el prestigio universitario, su plantilla académica intacta con sus profesores reconocidos a nivel profesional y en el medio académico, pero acosadores y violadores. Entonces ¿cuál es la función de la Universidad en un país si no es constituirse como agentes de cambio positivos en la sociedad a través del conocimiento? ¿Reproducir la violencia de género, alentarla, consecuentarla, ocultarla, justificarla?

Recapitulando: el problema no sólo es el lenguaje sexista, no sólo son los vagones del metro. Tampoco lo son solamente los chistes misóginos, los mal llamados piropos, ni el sexismo en los medios de comunicación. No es nada más el silencio de las instituciones laborales y académicas o la manera en la que la justicia mexicana toma partido para justificar al agresor, culpar a la víctima y luego olvidarse del caso. El problema no son sólo las reacciones de una sociedad que se siente profundamente ofendida cuando las mujeres se manifiestan, denuncian las violencias que han vivido y se expresan en contra de seguirlas viviendo. El problema es todo eso junto, alimentándose mutuamente. Estas son sólo algunas de las muchas cabezas de la hidra contra la que luchamos.

Podríamos empezar por repensar cualquiera de los problemas ya mencionados. Si bien no podemos cambiar de inmediato todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra existencia y en todas las estructuras sociales que dan forma a nuestra personalidad, por lo menos podemos cuestionarlo, reflexionarlo, buscar la empatía, o mínimamente, respetar las acciones de quienes sí buscan hacer algo al respecto.

Ahora, las instituciones sí que tienen otro tipo de obligaciones dado que su misión tendría que estar encaminada a realizar un bien social. Nuestras instituciones universitarias ¿qué están haciendo? ¿Implementar operativos de seguridad superficiales? ¿Buscar chivos expiatorios para ver a quién se culpa y criminaliza por un problema de impunidad y negligencia dentro de la estructura universitaria? Y usted ¿qué está haciendo? ¿Dándose golpes de pecho por la estructura material de las letras que pintaron y cuestionando las estructuras que protegen y solapan la violencia sexual y los feminicidios?

Porque vivas nos queremos

Ni una asesinada más

@AleCaligari