Opinión

De silbatos, misoginia y acoso sexual

Hemos llegado a un punto de no retorno.

  • 28/05/2016
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Aunque en nuestro querido país, muchas cosas tiran para el lado contrario donde debían marchar, no deja de alertarnos el giro que tomó en las redes sociales y en algunos medios impresos, el anuncio de un silbato que como parte de la Estrategia 100 días (E30/100) para poner fin al acoso sexual contra las mujeres, anunció el Jefe de Gobierno el pasado 25 de abril, en respuesta a las demandas expresadas por las capitalinas en  la marcha nacional Vivas Nos Queremos organizada por colectivos feministas diversos un día anterior.


El silbato conocido como rape whistle en países anglófonos, es una herramienta que ha sido muy útil en estrategias comunitarias para prevenir ataques sexuales contra mujeres. Se le ha utilizado en campus universitarios de Norteamérica y Nueva Zelanda, donde las violaciones y el abuso sexual contra las estudiantes están atrozmente rutinizados (Hunting Ground; Tacking campus assaults, producido por CNN en 2015) Así como en barrios de numerosas ciudades del mundo.


En las experiencias anteriores el silbato fue adoptado y puesto en operación por las propias comunidades. Y es que además de ser un recurso para las mujeres que atraviesan parajes urbanos solitarios y peligrosos, el sentido de su uso fue también provocar una respuesta comunitaria de sensibilización y corresponsabilidad respecto a estas agresiones que victimizan a las mujeres y niñas, induciendo un cambio cultural importante. No para que las mujeres se defiendan solas, como se ha dicho en las redes sociales, sino para provocar el concernimiento de la comunidad y las autoridades en su prevención y erradicación.


En este marco, la introducción de estos silbatos en la E30/100 anunciada el pasado miércoles 25, es parte de un dispositivo para aterrizar la estrategia a las comunidades vecinales y ofrecer a la ciudadanía en general, hombres y mujeres, una vía para la participación en su seguridad y en la defensa de la integridad física y los derechos de las mujeres. Es decir como un elemento complementario, integrante de la estrategia en su conjunto y no una simple ocurrencia.


La paradoja es que de haber sido colocado como un recurso para fortalecer la movilidad segura de las mujeres, por obra y gracia del albur y de la banalización sexista, se tornó en una caricatura fálica.  


El silbato se trucó en pito, con una dualidad de significados que median entre ser algo baladí: “me vale pito, o vale un pito”, es decir nada y en este sentido anularlo como propuesta. Mientras por el otro significado se lo convierte en una representación del órgano sexual masculino, con el cual se agrede diariamente a mujeres en el Metro de la ciudad. Algo así como hacer-decir que “a las mujeres que sufren acoso déseles un pito-pene” para que se calmen.


Psicoanalíticamente hablando, el instrumento “silbato” propuesto para que las mujeres alerten cuando un hombre las ataque, manosee o les exhiban su pene y las hagan observar como se masturban, fue transmutado en su significante contrario al haberlo referido al “pene”, convirtiéndolo en síntoma del machismo agresivo-sexual reprimido.  


Ese machismo que ha reculado ante el redoblaje de la vigilancia o ha resentido la separación de mujeres y hombres en el transporte público, es el mismo machismo militante de las redes que ha reaccionado con violencia y descalificación ante la decidida actitud de las mujeres que denuncian acoso; vio su oportunidad de revancha banalizando los esfuerzos realizados, aprovechando el viaje para descalificar el embate que se ha dado a los agresores día a día.


Lo mas sorprendente es que esto no sólo lo hicieron o secundaron personas de sexo masculino, tocadas por la afinidad con el falo centrismo, algunas de las cuales tienen sus redes sociales pletóricas de mensajes misóginos y violentos desde el punto de vista sexual,  sino muchísimas mujeres que parecen no tener ubicado de qué lado están en el terreno de la violencia sexual en contra de su género. Pero esto último es explicable dado el nivel de naturalización de la violencia misógina que fluye como manantial en buena parte de las expresiones y practicas de nuestra cultura popular.


La simplificación comunicativa de la medida y la sorna sexo-política mal intencionada sin embargo, pasaron de largo los esfuerzos reales que está haciendo el gobierno, como de los logros colectivos que se están dando en la CDMX en torno al tema.


Entre los esfuerzos gubernamentales hay que contar el reforzamiento de las medidas de separación y vigilancia que a lo largo de ocho años del Programa Viajemos Seguras había venido aflojándose como resultado de la rutina, los apremios y la saturación de los sistemas de transportes que movilizan más de 8 millones de personas diariamente en la Ciudad de México.


A partir del inicio de la Estrategia se han movilizado mas de 4 mil agentes del Operativo Temis Fase II,  para asegurar los accesos a los vagones y carros especiales para las mujeres, así como para la vigilancia en escaleras y pasillos, que son lugares frecuentemente elegidos por los agresores sexuales para manosear y tocar a las mujeres en diversas partes de su cuerpo. Gracias a la presencia de estas agentes de chaleco rosa, se detuvieron a 69 agresores sexuales en treinta días; es decir un  promedio  de 2.2 diarios.


El acondicionamiento de unidades, el balizamiento de espacios en las estaciones, la liberación de espacios urbanos adyacentes a las estaciones de mayor afluencia; además de la reparación de luminarias, colocación de mamparas que en conjunto contribuyen a generar mayores condiciones de seguridad para la movilidad de las mujeres en los transportes, fue también un esfuerzo conjunto de los diversos sistemas de transporte público de la ciudad. Destaco la asignación de unidades exclusivas para mujeres en el Trolebús, a lo largo de las 4 líneas más importantes en el traslado de pasajeros (Eje Central, eje 2; Eje 7 Sur, Metro Boulevard Aeropuerto) y la ampliación del transporte exclusivo para mujeres Atenea que amplió sus corridas en horas pico y extendió el servicio hasta las once de la noche en las zonas periféricas mas alejadas. 


El INMUJERES abrió un sitio web para la recepción de reportes, solicitudes de apoyo jurídico y servicios de atención y acompañamiento jurídico a víctimas, enlazado al MP virtual. Con ello se facilita la denuncia y se puede dar seguimiento a casos. La pagina cuenta con un mapa para que las personas agraviadas por acoso o abuso sexual, indiquen lugar y hora del evento, de suerte que puedan identificarse zonas de riesgo en las cuales tomar medidas de prevención situacional. El C4 por su parte incrementó las consignas de video vigilancia en los 36 Centros de Transferencia Modal y atendió 156 denuncias de acoso a través del 066. Mientras la PGJDF puso en marcha el Refugio para Víctimas de Trata y ha instalado un grupo de expertos, funcionarios y organizaciones sociales para revisar y adecuar los protocolos de investigación y atención. 


De parte de la sociedad hay también avances muy importantes a resaltar. Primeramente señalar el cambio en la respuesta social sobre el problema. Es decir la presencia de un giro fundamental en la conducta de las capitalinas frente al acoso: han pasado de la resignación, la frustración y el silencio que por décadas invisibilizaron el problema, a la indignación y la denuncia. 


Si la marcha del 24 de abril mostró el quiebre de la tácita rendición que por generaciones sostuvieron las mujeres de la capital frente al abuso sexual, expresada en menos del 8% de la denuncia de casos que arrojan encuestas como la ENDIREH;  el incremento exponencial de éstas en sólo treinta días, así como la rápida apropiación de los mecanismos puestos en marcha por E 30/100 para reportar casos, evidencian una madurez en el sentido de apropiación de sus derechos (empoderamiento) que debiéramos considerar un nuevo activo ciudadano. Hemos llegado a un punto de no retorno: las capitalinas ya no toleran el acoso sexual cotidiano y las autoridades, del signo político que sean o fueren, están obligadas a atender sus justas demandas.


Como dato, si anualizamos la denuncia de los casos que se presentaron en los primeros treinta días de la E30/100, respecto a la totalidad promedio de casos denunciados anualmente en los ocho años previos de Viajemos Seguras, que fluctuaron entre los 360 a los 270 casos, habríamos multiplicado el numero de denuncias en 83.8%  sólo en el primer mes de la Estrategia.


Otro logro social que celebrar es el interés que los medios de comunicación impresos, audiovisuales y virtuales han tomado por el tema, lo que contribuye a que la sociedad, las empresas y comunidades profesionales diversas se sensibilicen y los gobiernos se apliquen mejor a su tratamiento. A lo largo de los últimos tres meses, el INMUJERES-DF ha recibido un engrosado número de solicitudes de Información Pública para aportar datos de la violencia sexual que sufren las mujeres en los espacios públicos y el transporte, la atención, las denuncias, el presupuesto y los resultados de Viajemos Seguras. Se ha multiplicado también el interés de organismos internacionales como el Banco Mundial y el BID, en conocer mejor la experiencia acumulada en la ciudad con el proyecto mas longevo en materia de movilidad segura que se ha puesto en marcha fuera de los países europeos. Y con el ánimo de participar en nuevos emprendimientos del tipo.


El rendimiento político es que en la medida en que un asunto como este gana terreno en la sensibilidad social, su legitimidad como problema público lo coloca en la agenda de los gobernantes, sean del color político que sean y esto representa un avance para la igualdad sustantiva de las mujeres, que impactará en todo el país.


Para los 100 días finales de la Estrategia se están diseñando y valorándose diversas medidas y acciones orientadas a generar consensos y provocar cambios más de fondo: institucionales, legislativos, normativos y culturales. Se echará mano igualmente de nuevos instrumentos para fortalecer los servicios de atención a las mujeres victimizadas por el acoso y el abuso sexual. La Asamblea Legislativa de la CDMX así como el Senado de República han dado también muestras de un renovado y genuino interés por el tema por lo que al concluir el periodo de gobierno seguramente tendremos redefinido el campo y los objetivos de la política para el combate de la violencia en contra de las mujeres en la Ciudad de México.