Opinión

De nacionalismos, neoliberalismos y ¿el mundo al revés?

Llama la atención que uno de los pilares del neoliberalismo esté pidiendo revertir la política de apertura y globalización.

  • 26/06/2016
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Por sorpresa tomó a más de uno la decisión del pueblo del Reino Unido de separase de la Unión Europea (UE), por lo menos hubo una decena de gobiernos y una centena de inversionistas conmocionados por el resultado de la consulta a referéndum para votar a favor o en contra del Brexit.

 

El consenso casi generalizado entre analistas financieros y políticos, era que Reino Unido seguiría siendo parte de la Unión Europea. Ahora, todo es incertidumbre y la pregunta recurrente es ¿qué sigue? En geopolítica nadie sabe, en economía, tampoco existe una claridad hacia dónde correrá todo. Lo único que se tiene seguro en este momento, es la vacilación, y el desasosiego.

 

La salida de Reino Unido de la Unión Europea modificará por completo el mapa comercial y político del planeta, las razones para haber tomado esta decisión son varias, pero me parece que hay dos en las que debemos de poner especial atención.

 

En primera instancia, el mensaje que parece estar mandando el Reino Unido con esta decisión, es responder a un aire de nacionalismo inglés que está justificado en las fobias generadas en el seno de la Unión Europea, y sus políticas macroeconómicas dictadas desde la comisión de Bruselas. Ante una debilitada economía mundial y diversas presiones financieras en Europa, en donde Grecia, Italia y Portugal aún no recuperan su crecimiento económico, la receta para el bloque europeo era la reducción del gasto público en cada uno de los países miembros de la comunidad.

 

Esta medida no sólo impacta en la capacidad de los gobiernos para responder a las demandas sociales, también limita la inversión pública en servicios como salud, educación e infraestructura, golpeando el consumo interno de los países.

 

El segundo tema es la política nacionalista que parece estar siguiendo el Reino Unido y el jueves pasado, su población ratificó. Es decir, el peligro no es sólo cerrar la entrada a nuevos y más flujos de migrantes, si no que se podrían desencadenar políticas que presionen a las minorías raciales y étnicas, que ya están presentes en el país y que hoy día están prácticamente en todas las tiendas de barrio de Londres.

 

En cualquier restaurante o tienda de esa ciudad, actualmente atienden árabes, hindús, ucranianos, rumanos, eslovacos, mexicanos, argentinos, y españoles. Es decir, el país en general o al menos su capital, es un mosaico multiétnico que trabaja, labora y genera una economía dinámica en la que pocas veces vemos a un ciudadano inglés laborar en este tipo de establecimientos.

 

El sentimiento de nacionalismo podría demandar en el futuro esas plazas laborales para los ciudadanos ingleses, lo que acarrearía una crisis política y étnica mundial que no se vive desde hace más de 60 años. Pero hay otro punto que vale la pena mencionar y sobre el que hay que reflexionar con mayor detenimiento y mucha seriedad.

 

Llama la atención que sea uno de los países pilares del neoliberalismo quien esté pidiendo en este momento, revertir la política de apertura y globalización que por tantos años han promulgado y endosado a todo el planeta.

 

Es decir, la de Reino Unido es una de las economías más pro capitalista y globalizadoras de todo el orbe, junto con los Estados Unidos, han marcado las reglas del juego de la economía mundial en los últimos 60 años, de hecho, Londres luego de Nueva York, es el mercado bursátil y financiero más importante del mundo, de hecho, ahí se deciden cada día, las tasas de interés, flujos de inversión y la paridad cambiaria que analistas y periodistas de negocios, seguimos todos los días.

 

La pregunta es ¿por qué una economía tan capitalista, decide ahora virar hacia adentro su política de desarrollo económico? Las respuestas son muchas y variadas, pero lo que parece estar muy claro, es que las recetas endosadas a los países en desarrollo y en otros tiempos milagrosas, que estaban encaminadas a mantener el orden del gasto público y disciplina fiscal, no fue la medicina que los capitalistas quisieran tomar.

 

¿Por qué? Simple, porque reduce la calidad de vida de los ciudadanos y limita el crecimiento económico del país. Es decir, que tanto la migración de extranjeros que ocupan las plazas laborales de los ingleses, como las recetas mágicas dictadas por Estados Unidos y Reino Unido desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no fueron aceptadas por la población inglesa y determinaron el resultado del referéndum del 23 de junio.

 

La salida de Reino Unido podría ser el principio de una salida en cadena de otros países de la Unión Europea, Francia, Italia y Holanda, están considerando realizar un referéndum al respecto. Alemania perdió su liderazgo en la zona euro y ahora, tendrá que lidiar con sus propios problemas y dar respuesta a las demandas internas de limitar la migración de desplazados por la guerra en medio oriente y el surgimiento cada vez mayor de grupos neonazis.

 

El escenario es un coctel complejo, que difícilmente en este momento tendrá una solución única y que no repercuta en el resto de los países del planeta. La globalización ha interconectado las relaciones de manera directa o indirecta a todos los países del orbe y tomar una decisión que no afecte a otros, es prácticamente imposible en la actualidad.

 

Ante ese escenario, México enfrenta al menos dos grandes retos, por un lado, deberá mantener el equilibrio macroeconómico y evitar que las finanzas públicas se deterioren, especialmente, que se genere una espiral inflacionaria que agudice el déficit del gasto público y que la paridad peso dólar, permita manejar las variables anteriores, aunque el dólar se fije por arriba de los 20 pesos.

 

El segundo gran reto, no depende de las decisiones del gobierno federal, pues éste ya ha hecho su parte con la reforma energética, lo que ahora necesita el ejecutivo y su gabinete, es que comiencen a fluir las inversiones dirigidas a este sector lo más pronto posible. Esto es algo que se dará en mayor o menor medida en base al nivel de incertidumbre que se viva en los mercados globales; por lo pronto, el pasado viernes los precios del petróleo cayeron 5 por ciento.

 

Resulta por demás paradójico observar cómo los creadores del neoliberalismo ahora pretenden cerrar sus fronteras no sólo a la inmigración, sino también cuidar el desarrollo de su economía interna privilegiando el crecimiento del empleo y el ahorro interno. Esto nos lleva a pensar que el mundo está cambiando, sin embargo, la paradoja se tuerce cuando vemos que en países como México y otras economías emergentes, la política de subsistencia, sigue basada en la apertura de la economía, derribar las fronteras internas para que continúen llegando los profetas del neoliberalismo y continúen con la política de restricción del gasto público y déficit fiscal.

 

Parece que las ultraderechas en lo último que piensan, es en perder y como antaño, buscarán los mecanismos necesarios para encontrar una nueva salida para imponer su visión al resto de los países del planeta. Sin embargo, un nacionalismo acendrado y más profundo, podría poner en peligro la paz mundial como sucedió en 1939.

 

En ese sentido, se equivocan quienes han señalado que la decisión del Brexit fue impulsado por un partido de izquierda, de hecho, aunque se digan progresistas los miembros del parlamento ingles que apoyaron la salida de la Unión Europea, éstos no tienen nada que ver con el pensamiento y filosofía de los partidos progresistas de Latinoamérica.

 

Confundir a la extrema derecha que cada vez gana más presencia en Europa con partidos progresistas, será un error que las ultraderechas latinoamericanas buscarán explotar, a raíz del caos que gobierna al mundo, luego de la decisión tomada por el pueblo inglés. Y como ejemplo, observemos al partido republicano y el discurso de su candidato presidencial Donald Trump.

 

@ijm14

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