Opinión

De los sismos a la democratización

La conmemoración nos evoca los hechos de la tragedia y el nacimiento de una nueva etapa de lucha.

  • 20/09/2015
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Los temblores del 19 y 20 de septiembre de 1985 evocan sentimientos contradictorios. Por un lado, el dolor por las miles de personas que murieron, ni siquiera hay una cifra exacta pues los datos oficiales se quedaron por debajo de la realidad. Por otro lado, nos trae a la memoria el formidable proceso de organización de la sociedad civil que se produjo para enfrentar el desastre. Una sociedad capaz de auto organizarse ante la emergencia y de lograr grandes transformaciones.

 

La conmemoración nos evoca ambos hechos, a la tragedia y al nacimiento de una nueva etapa de lucha. Ese movimiento social desencadenó muchos cambios y nuevos ciclos de participación ciudadana. Propició, por ejemplo, la creación de la asamblea de representantes en 1988 primer órgano electo y no designado.

 

También formó a decenas de jóvenes que después participaron en la lucha por defender el carácter público y gratuito de la UNAM en 1986-1987. Asimismo, decenas de uniones de vecinos, maestros y estudiantes, formaron un sedimento en el que se apoyó Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano para su campaña en la ciudad en 1988.

 

En efecto, el movimiento surgido de esos años, cambió la ciudad. El movimiento abrió un ciclo de transformaciones democráticas en la ciudad y el país. La democratización de la ciudad de México comenzó con aquel movimiento. La ola de transformación surgida del 85 alcanzó para propiciar una reforma en 1996 que permitió que en 1997 se lograra, por primera vez, elegir a las autoridades de la ciudad y tener por primera vez un jefe de gobierno electo por la gente. Desde ese gran salto, no ha habido otro cambio de tal magnitud en la ciudad. Quienes dominan en los poderes de la Unión no lo han permitido.

 

Durante la movilización ciudadana del 85, a muchos nos tocó estar como compañeros solidarios. A mí me tocó apoyar en la colonia Doctores, ahí aprendí a escuchar problemas reales, a realizar asambleas en las vecindades, donde llegaban colonos y comunidades a pedir apoyo, solicitaban psicólogos, abogados y trabajadores sociales, ahí aprendimos que la lucha política era más que adherirse a una ideología, se necesitaba saber organizarse y conducir los procesos para el cambio.

 

Hoy, a la luz de los sismos de 1985 y las movilizaciones de la ciudadanía, sabemos que luchar por nuestra ciudad es luchar por nuestro país. Para lograr las nuevas transformaciones, para lograr la completa democratización de la ciudad y que sea una ciudad con plenos derechos.

 

Para dar un nuevo salto en la democratización y transformación de la ciudad de México se requiere una transformación nacional. Los grandes obstáculos de la ciudad se encuentran en los poderes federales. Así nos encontramos con un gobierno federal que pretende despojar a la capital del país del aeropuerto internacional, un tribunal federal electoral que defrauda a los ciudadanos y desconoce la voluntad popular en la elección de delegados. Un Senado de la República que pretende imponer un constituyente de la ciudad donde más de la mitad de sus delegados constituyentes serían designados por dedazo y no por la ciudadanía.

 

Todo esto indica que hay que cambiar la ciudad, que cambiar la ciudad es cambiar al país.