Luego de cada jornada electoral suelen evaluarse los costos y beneficios de las coaliciones que establecieron los distintos partidos. Lamentablemente, ello suele hacerse desde una perspectiva más subjetiva que a través de una revisión de los datos duros. Es por ello que detrás de estos balances se descubren más mitos que realidades. Veamos un ejemplo.

La coalición el PAN

Acción Nacional resolvió coaligarse con dos partidos tradicionalmente ubicados, al menos en el imaginario, hacia la izquierda del espectro político: el PRD y Movimiento Ciudadano. Esta alianza fue, por ello, calificada de “contra-natura” y se le adjudica la baja penetración del conjunto de partidos en el voto ciudadano.

Empero, al menos habría que reflexionar en dos puntos: primero, la volatilidad electoral no pareciera explicarse por filias o fobias hacia las coaliciones establecidas en las recientes elecciones. Más bien pudiera pensarse, y la información de encuestas así lo sugiere, que al hartazgo e irritación social por la corrupción, la delincuencia y las carencias económicas persistentes, se sumó un repudio a la imposición de una agenda de reformas percibida como ajena a la voluntad mayoritaria y que se signó mediante el “Pacto por México”. Eso explicaría que la ciudadanía se haya corrido masivamente hacia la única opción que le garantizaba una revisión de esas “reformas estructurales” y le haya otorgado con su voto el poder para revertir dichas reformas. Sabiduría del electorado ante lo que pudo vivirse como una traición de las élites partidarias aglutinadas en un frente coyuntural.

Los saldos electorales

Lo segundo: el PAN consigue con su coalición electoral, descontando las posiciones que cede a sus aliados, alrededor de veinte diputaciones adicionales a aquellas que habría conseguido de haber corrido en solitario; eso no es poca cosa. Y en Puebla, de no haberse dado la alianza con otros partidos, no habría superado la votación de su principal contendiente y ganado la gubernatura. Así, al menos para Acción Nacional, la coalición no le restó, sino que le sumó posiciones.

Pensar en pleno siglo XXI en el carácter natural o antinatural de una alianza electoral en función a un viejo esquema de división derecha-izquierda que pareciera caduco e insuficiente hoy día no parece ser una vía que aporte muchos elementos para una lectura a fondo de la realidad. Lo que es más: en el México posterior al primer domingo de julio de este año los partidos de oposición a Morena, además de pensar en su eventual “refundación”, debieran evaluar con seriedad la pertinencia de definir un programa común de medio plazo que les permitan constituir un frente común, si pretenden algún día próximo recuperar una condición mayoritaria hoy perdida.

Un modelo de estimación de los resultados electorales

@ricartur59 | @OpinionLSR | @lasillarota



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