Opinión

De lo difícil de escribir fácil

Los formatos de lectura fácil, evitan la discriminación y garantizan la “accesibilidad cognitiva”. | Marina San Martín

  • 18/12/2020
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Lograr expresar lo que queramos comunicar, ya sea hablando o escribiendo de forma fácil, para ser comprendido por cualquiera, es más difícil de lo que parece. 

Fue apenas hace siete años cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió una sentencia en lenguaje sencillo dirigida a personas con discapacidad, al resolver el caso de un adulto con síndrome de Asperger, en el amparo en revisión 159/2013. 

De dicha resolución derivaron tesis y jurisprudencia para que los juzgadores aplicaran formatos de lectura fácil, como complemento al texto jurídico tradicional, cuando conocieran de asuntos similares, a fin de que sus decisiones se entendieran.

En el mes del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, resulta oportuno visibilizar los retos que implica construir una sociedad inclusiva, en la que quienes tengan alguna limitación física, mental, intelectual o sensorial, puedan participar y ejercer sus derechos por igual.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2018 del INEGI, en México, la población con discapacidad rondaba los 7.8 millones de personas (6.3%); de los cuales, aproximadamente, 1.4 millones (19.1%) presentaba dificultad para aprender, recordar o concentrarse; 819 mil (10.5%) para hablar o comunicarse y 928 mil (11.9%) mostraba problemas emocionales o mentales.

Para que las personas con discapacidad venzan las barreras a las que se enfrentan, los Estados deben implementar “ajustes razonables”; es decir, adoptar las medidas necesarias, sin tener una carga desproporcionada, que faciliten el acceso a instalaciones, a información, a tecnologías, a servicios, y lo que se requiera para vivir plenamente.

En ese contexto, resulta positivo promover formatos de lectura fácil, que de acuerdo con la Asociación Europea International League of Societies for the Mentally Handicapped, hoy Inclusion Europe, buscan adaptar textos a las capacidades de las personas con problemas de lectura, de escritura y de comprensión, a través de un lenguaje simple, claro, breve y directo, que evite tecnicismos, abreviaturas e iniciales.

En el INFO de la Ciudad de México, recientemente atendimos algunos asuntos -dos de ellos asignados a la Ponencia a mi cargo- en los que ordenamos acompañar las resoluciones tradicionales, con un formato de lectura fácil, considerando la discapacidad manifestada por el solicitante, para facilitar su comprensión.

Este tipo de escritos benefician, no solo a quien tiene alguna discapacidad, sino también a las y los niños y adolescentes, a las personas adultas mayores o a quien no esté familiarizado con el contenido que se divulga.

John F. Kennedy sostenía que “si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”. Los formatos de lectura fácil, al tener un diseño inclusivo que considera la diversidad, evitan la discriminación y garantizan la “accesibilidad cognitiva”, es decir, el derecho a comprender la información de nuestro entorno.

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