Opinión

"¡Cuántos asesinatos en México!": papa Francisco

"Estoy cerca con afecto y oración a la comunidad católica afectada por esta tragedia", dijo el papa al entrarse del asesinato de los sacerdotes jesuitas. | Fred Álvarez

  • 22/06/2022
  • Escuchar

"Una muerte totalmente absurda a los ojos humanos, pero desde la fe un martirio, una ofrenda y el premio a toda su vida de entrega, desprendimiento y amor": Diócesis de la Tarahumara

A las 13 horas del lunes 20 de junio un hombre armado de nombre José Noriel Portillo alías "El Chueco" y vinculado a la delincuencia organizada irrumpió en el templo católico de San Francisco Javier en Cerocahui, en la sierra Tarahumara, Chihuahua y mató a tres personas, dos de ellas sacerdotes jesuitas y a un laico que entró a refugiarse a la misión jesuita.

Los sacerdotes asesinados son Javier Campos, "el Gallo" -de cariño- y Joaquín César Mora "El Morita" fueron abatidos sólo por el hecho de estar cumpliendo con su deber de ayudar espiritualmente a un cristiano que buscó refugio.

Hay una versión que los hechos ocurrieron en el atrio y otra que fue interior del templo; el asunto es que en lugar había cinco misioneros, el primer abatido buscó evitar la muerte del guía de turistas sin éxito, y lo que hizo fue darle los santos óleos.

Comenta un sacerdote en la red que en ese momento el criminal le gritó al cura por qué lo ayudara, y sin decir más, lo asesinó a sangre fría.

De inmediato salió el "Padre Gallo" y éste, impactado por la tragedia, le pidió a "El Chueco" -a quien seguramente conocía-, que se calmara, pero este hace el mismo reclamo y descarga su arma en su persona, matándolo en ese preciso momento.

Un tercer sacerdote, Jesús Reyes (...) llegó al lugar y quedó impactado al ver lo que sucedía. "El Chueco" lo regañó y le preguntó si él también quiere morir. El joven prelado logró decir que no y trató de tranquilizar al frenético asesino. (según la publicación en OMNIA.com.mx).

A decir de esta versión fue más de una hora de angustia para Jesús Reyes SJ, pero el criminal se dio el tiempo suficiente y con la ayuda de otros hombres se llevaron los cadáveres . Por el momento se desconoce su paradero.

Hay que decir que hubo muchas horas silencio en la zona. El primero en hablar fue el Padre Ávila, alías el padre Pato. Debemos decir que la primera versión de los hechos anota que habrían ocurrido pardeando la tarde, pero no fue así. La tragedia ocurrió horas antes, pero durante horas hubo silencio obligado; el miedo se impuso, hasta que los jesuitas alzaron la voz...

El mismo C. Presidente López Obrador comentó en la mañanera que el crimen habría ocurrido "ayer por la tarde-noche". No traía la película completa, debió haber sido más prudente..

Precisó que "parece que se tiene ya información sobre los posibles responsables de estos crímenes", pero la información ya la traían muy clara los jesuitas

El superior provincial de la Compañía de Jesús en México, Luis Gerardo Moro Madrid SJ, informó los hechos a través de un comunicado "condenamos estos hechos violentos, exigimos justicia y la recuperación de los cuerpos de nuestros hermanos que fueron sustraídos del templo por personas armadas". 

Demandaron medidas de protección "para salvaguardar la vida de nuestros hermanos jesuitas, religiosas, laicos y de toda la comunidad de Cerocahui".





Reacción del padre General

"Estoy conmocionado y entristecido por esta noticia. Mis pensamientos y oraciones están con los jesuitas en #México y sus familias. Tenemos que detener la violencia en nuestro mundo y tanto sufrimiento innecesario", escribió en su cuenta de Twitter el P. Arturo Sosa Abascal, Superior general de los jesuitas en Roma.

La Conferencia del Episcopado de México condenó la "tragedia", en el mismo sentido fueron las reacciones de la diócesis de la Tarahumara y de fieles en general. En el mismo sentido se sumaron el Iteso, la Ibero, la Unión Europea y la oficina en México del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU, entre otros.

Pero la voz más fuerte fue la del papa Francisco, el primer papa jesuita en la historia; le mataron a dos hermanos y sufre en silencio orante.



"¡Cuántos asesinatos en México!"

"Estoy cerca con afecto y oración a la comunidad católica afectada por esta tragedia. Una vez más, repito que la violencia no resuelve los problemas, sino que aumenta el sufrimiento innecesario", dijo el papa Francisco al final de la audiencia general de este miércoles en la Plaza de San Pedro, y emitió un tuit en varios idiomas.





Reacción del presidente López Obrador

Este miércoles ya con información oficial, el presidente le dio sus condolencias a los jesuitas y dijo que lo que más importa es encontrar los cuerpos, y detener a los responsables.

Aseguró en la mañanera que el presunto criminal José Noriel Portillo, -"El Chueco"-, debió haberse detenido desde el 2018, y agregó, quizá lavándose las manos: "esto no surgió de ahora, viene de tiempo atrás, cuando existía un contubernio completo entre las autoridades y la delincuencia. ¿O el señor este acaba de empezar su carrera delictiva? No, y seguramente fue tolerado".

¡Por supuesto que fue tolerado señor presidente! pero no sólo antes, sino también hoy, lamentablemente.

Por cierto, nuestro gobierno debe agradecer al papa Francisco que no dio la cifra de muertos. ¿Imagínense? al papa dando los datos de muertos en México; cualquier país en situación de guerra quedaría como niño de pecho. El líder religioso sabe que son más de 33 mil en lo que va del año, y que en este gobierno los homicidios dolosos ascienden de manera oficial a más de 121 mil personas.

Hay consternación, tristeza, enojo entre los fieles y prelados de México.

El presidente no cambiará su estrategia en materia de seguridad, escuchamos que mandó al Ejército, la Guardia Nacional, y al grupo especial que siempre va a todas partes cuando hay un crimen de alto impacto a coadyuvar en la investigación...

No sé por qué lo hacen, es como mandar a los bomberos a ver las cenizas del incendio que destruyó el pueblo, es mejor prevenir, y para ellos se requiere el uso de las armas de la inteligencia.

Escuché al padre Moro Madrid en entrevista radial que no se habían asesinado a sacerdotes jesuitas en México desde aquel 23 de noviembre de 1927, cuando fue fusilado el hoy beato padre Agustín Pro, SJ.  Como dice el presidente "para los jóvenes", fue ejecutado sin un juicio, sólo se cumplió la orden del presidente Plutarco Elías Calles.

(Miguel Agustín Pro SJ, a un milagro de ser santo/ Fred Álvarez)

En los años noventa justo cuando el movimiento del EZLN hubo una persecución de jesuitas por grupos conservadores. Conocí el tema de cerca, tenía un amigo jesuita entonces Jesús Vergara Aceves SJ (RIP), "El Colorado", y me platico los pormenores.

Ojalá, quiera Alá, los criminales regresen los cuerpos.

He comentado en este y otros espacios la muerte de muchos sacerdotes, muchos de ellos por el crimen organizado, pero nunca habíamos visto que los hayan matado al interior de un lugar sagrado... 

"Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, fueron secuestrados y asesinados el día lunes 19 de septiembre a orillas de la carretera Papantla-Poza Rica, en un lugar conocido como la "curva del diablo...", ambos se encontraban maniatados y presentaban heridas de bala en diferentes partes del cuerpo, fueron abandonados entre la maleza". (Vease Asesinato de sacerdotes... ¿Fiesta de borrachos?)

Abrazo solidario a los jesuitas de México y el mundo.

PD. ¿Dónde diablos están los 118 mil efectivos de la GN? ¿Dónde están los policías del Estado de Chihuahua, la Marina Armada de México y el Ejército?



Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.