Opinión

Crónica de una renuncia anunciada

Las causas de manera inevitable se ligan a las nuevas elecciones que se convocarán en el estado de Puebla. | Carla Humphrey

  • 25/01/2019
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La renuncia a la Presidencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de la magistrada Janine Otálora, sienta un mal precedente para la autonomía y la independencia con la que deben cumplir con sus obligaciones los organismos electorales, y es el resultado de la actuación de las y los magistrados que integran la Sala Superior de ese Tribunal Electoral.

La Presidenta del Tribunal Electoral hace pública la renuncia a esa encomienda al cumplir dos años al frente de esa institución y cuando quedaban otros dos para la conclusión de este encargo para el que fue electa por sus pares. La magistrada señaló en un comunicado el miércoles 23 de enero, que había tomado la decisión personal, ética y política de presentar su renuncia como presidenta y que seguirá ocupando el cargo como magistrada de esa Sala Superior para el que fue designada por el Senado de la República en 2016.

El comunicado no abunda en las razones por las que la magistrada determina renunciar a presidir el más alto tribunal electoral de nuestro país, pero las causas de manera inevitable se ligan a las nuevas elecciones que se convocarán en el estado de Puebla, derivado del lamentable deceso de la Gobernadora Martha Érika Alonso y de las tensiones que se generaron por la confirmación del triunfo en las urnas de la coalición que abanderaba en ese estado la gobernadora Alonso. La organización de unas nuevas elecciones en una entidad tan polarizada y confrontada, reavivó la crisis que parecía haberse contenido en el seno de la Sala Superior.

Una autoridad denostada públicamente por sus integrantes con cuestionamientos públicos y notas sembradas en diversos medios de comunicación, que no puede resolver sus tensiones de manera interna, acaba por resquebrajar su credibilidad y la confianza de las y los ciudadanos en su actuación. En materia electoral, las consecuencias de este debilitamiento e inestabilidad institucional son aún más graves cuando se trata de elecciones y de determinar quién debe gobernar el país, una entidad federativa o integrar el poder legislativo federal o estatal.

Una de las fortalezas del diseño de las autoridades electorales es su integración colegiada. Las decisiones nunca se toman de manera unilateral. Las determinaciones y acuerdos se toman en sesiones públicas en las que cada uno de sus integrantes debe dar las razones por las que votará a favor o en contra de un proyecto de acuerdo, una resolución o una sentencia. Culpar a uno de sus miembros por una decisión tomada por mayoría de votos, como se toman en todos los órganos colegiados, es desconocer la naturaleza y el andamiaje constitucional y legal que rige la actuación de estas autoridades. Las votaciones se ganan con argumentos, no con descalificaciones superficiales y sin sustento.

El daño está hecho. Sin entrar a juzgar las razones de la renuncia de la hasta ayer presidenta del Tribunal Electoral, es lamentable que sucedan este tipo de casos en el seno de las autoridades electorales. Las presiones y desencuentros son parte del trabajo cuando el reto es dirimir cuestiones relacionadas con las elecciones y las personas que accederán a un cargo de elección popular; sin embargo, los mecanismos de rendición de cuentas y para exigir responsabilidades de los funcionarios públicos que integran los órganos colegiados, se encuentran en el debate abierto y público de cada una de sus posturas y el escrutinio de la ciudadanía, los partidos políticos y los medios de comunicación del trabajo y el cumplimiento de las obligaciones de las personas que conforman estas instituciones.

Esta renuncia no afecta sólo a la magistrada Otálora sino a todo el Tribunal Electoral y la responsabilidad de esta renuncia recae en todas las y los magistrados que integran la Sala Superior de ese Tribunal. El deterioro de la confianza ciudadana en ese Tribunal es responsabilidad de sus integrantes y de los legisladores que al momento de integrar la Sala Superior del Tribunal Electoral privilegiaron el amiguismo sobre los méritos.

¿Qué sigue en Puebla?

@C_Humphrey_J | @OpinionLSR | @lasillarota


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