Opinión

Crecer para igualar e igualar para crecer

No existe el desarrollo sin la inclusión social, ni tampoco con la doble moral de los opositores. | Ismael Jiménez

  • 17/06/2020
  • Escuchar

Uno de los principios, que se vienen manejando de unos años a la fecha, es la necesidad de crear sociedades más inclusivas y equitativas.

Ese concepto evolucionó, y hoy se habla de equidad e inclusión social. Los preceptos están fundamentados en los tan mencionados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de las Naciones Unidas.

Algunas de las metas de estos objetivos, apuntan hacia el desarrollo de sociedades más justas, con acceso a derechos básicos como la educación, la alimentación y la salud. Igualdad entre hombres y mujeres, así como el reconocimiento de las comunidades vulnerables como la personas con discapacidad, etnias y la comunidad LGBTI.

Muchos de esos conceptos, son empujados y promovidos desde la ONU, pero organismos y grupos como el Banco Mundial, el FMI y el G20, también han asimilado esas propuestas como programas de compromiso social en todo el mundo.

En México, las empresas lo han asimilado como parte de sus programas de sostenibilidad, sumándose a los ODS y promoviendo desde su óptica, el desarrollo equitativo de las sociedades y comunidades con las que se relacionan.

La Organización de Estados Americanos (OEA), en su estudio “Superando las desigualdades hacia sociedades más inclusivas”, asume que la desigualdad, no debe entenderse solamente como una distribución desigual del ingreso y el patrimonio, sino que tiene que ver con la educación, la salud, la vivienda, mercados de trabajo y la protección social.

El concepto, señala el documento, se centra en la persona como ser humano, y ello implica también respeto a los derechos humanos en todos los niveles de la sociedad, pues su violación involucra la discriminación y la exclusión social; es decir, la desigualdad entraña también, un atentado a los derechos como individuos que implican los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

La CEPAL desarrolló un programa de trabajo denominado “Agenda Regional de Desarrollo Social Inclusivo” en el que entre otros factores, destaca un plan de inclusión social y laboral para reducir las desigualdades, así como fortalecer la agenda social de la región.

La OEA y la CEPAL, sugieren a los países de América Latina, adoptar estas medidas para encaminarse hacia un desarrollo más inclusivo y equitativo. Así como desarrollar políticas públicas y fiscales encaminadas a promover este modelo de desarrollo, avalado por los principales organismos globales de desarrollo.

Si observamos con atención, el programa de gobierno de la 4T, tiene fundamentos en los conceptos que marcan las agendas de desarrollo global. Uno de esos preceptos, señala la ubicación y generación de polos de desarrollo en las comunidades y regiones menos desarrolladas para ser incentivadas con inversión e infraestructura pública.

El proyecto del Tren Maya, cumple estos requisitos, que es uno de los proyectos que el gobierno de la 4T tiene destinados para el Surestes del país. La zona más atrasada económica y socialmente. Región que el brillante Gabriel Quadri, señaló en diciembre pasado, como un lastre por su atraso e improductividad y poca aportación a las arcas públicas.

Junto con el proyecto ferroviario, la 4T anunció el proyecto para construir el “Corredor Interoceánico”-del cual nadie habla-, que conectará el puerto de Oaxaca con el de Campeche y Veracruz. Con este proyecto, se estima que México atraería inicialmente, el 30% del tráfico de mercancías que hoy cruzan por el Canal de Panamá. Esto generaría unos mil millones de dólares anuales en números redondos y miles de empleos.

La hipocresía de los opositores de la 4T, no les deja ver ni concebir, que este gobierno pueda tener como mínimo un acierto en su administración, pues en todo momento, ha sido más fácil satanizar al Tren Maya por el supuesto impacto ambiental que podría generar, si recordar, que todas las grandes cadenas hoteleras asentadas en la Riviera Maya y Cancún, alteraron y se adueñaron de selvas, cenotes y manglares para edificar sus resorts. Proyecto impulsados por ellos.

Bacalar e Isla Mujeres, son dos de los últimos escándalos de ecocidio, de los que los opinadores vociferantes y sus acólitos de redes sociales, ni siquiera hablan. Existen cientos de denuncias en los juzgados de Quintana Roo señalando los ecocidios y despojos sufridos por muchas comunidades de la región. No es lo mismo, que el proyecto lo realice la 4T, a que lo hagan los inmaculados neoliberales.

La 4T se apegó a los lineamientos de desarrollo de la ONU, la CEPAL y la OEA para modelar su programa de gobierno. Sin embargo, para los opositores, la ineptitud del gobierno actual, opaca la brillantez con la que ellos polarizaron el desarrollo del país, y devastaron las riquezas naturales del sureste mexicano. La diferencia, es que “ellos, sí saben hacer las cosas”.

Su doble moral los ciega, y no los deja ver, que para evitar un conflicto social del que nadie escaparemos, es momento de desarrollar el sur del país. El centro y el Norte como lo señala el brillante Quadri, caminan solos. Es hora de redirigir el progreso hacia el otro extremo del país.

En 2014, durante un discurso, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, declaró que la comunidad internacional ha reconocido que “la equidad es un principio fundamental del desarrollo; señaló, que el nuevo paradigma de desarrollo, implica crecer para igualar e igualar para crecer”.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.