Opinión

Cosas buenas que parecen...

En vez de sólo hacer convenios con un actor, la Semovi tendría que abrirse con quienes puedan ayudar a transformar la movilidad. | Roberto Remes*

  • 03/07/2019
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En febrero, el Gobierno de la Ciudad de México anunció la firma de un convenio de colaboración con la empresa de navegación urbana Waze. De entrada, esto tiene mucha lógica dado que se trata de una de las empresas con mejor información sobre los viajes de los capitalinos.

Sin embargo, hay que destacar un hecho que da a este convenio un sesgo legal. La misma Waze ha lanzado una aplicación que se llama “Waze Carpool”. Por lo tanto, Waze no sólo es un actor que gestiona información vial, sino además tiene intereses concretos en la movilidad de última generación.

A través de Waze Carpool uno puede ganar dinero ofertando viajes en su ruta cotidiana, o conseguir un “aventón” a precios convenientes. Es un buen camino a la eficiencia, como lo son los servicios colectivos de las otras aplicaciones, y habrá que medir su impacto real en la contaminación y la congestión.

Sin embargo, la Secretaría de Movilidad no ha estado muy dispuesta a permitir el crecimiento de los servicios colectivos mediante plataformas tecnológicas. Como se vio hace unas semanas, ante la violencia de transportistas concesionados contra nuevos servicios colectivos a Santa Fe, sólo hubo indolencia. Para el secretario Andrés Lajous, las apps colectivas son simples microbuseros.

Con el convenio con Waze llegamos al principio juarista de “a mis amigos justicia y gracia, a mis enemigos, justicia a secas”: Waze es ahora competidor de Uber Pool, Jetty, Bussy, Urbvan y los que se sumen. Waze opera en condiciones menos supervisadas que sus rivales, pero tiene picaporte con el Gobierno de la Ciudad mediante un convenio. En el mejor de los casos esto es una cosa buena que parece mala.

No es el único caso. La Semovi ha buscado relacionarse con actores internacionales que promueven cambios en la movilidad sin darse cuenta que “el interés tiene pies”. Es el caso del concurso “City: one challenge”, que promueve el desarrollo de ideas innovadoras respecto a la movilidad. Hasta aquí no tendría cómo oponerme a la iniciativa.

El problema, sin embargo, es la relación de Ford Motor Company, con la empresa Ford GoBike, operadora de sistemas de bicicleta pública. La Semovi ha establecido regulaciones que limitan la presencia de bicicletas compartidas distintas a Ecobici, pero también estaría cambiando de operador del sistema Ecobici: de Clear Channel, con quien este sistema abrió en 2010, a Motivate, la filial de Ford GoBike, a su vez subsidiaria de Ford Motor Company, sin mediar una licitación pública. Nuevamente, a mis amigos justicia y gracia.

En general, los operadores privados de transporte por chofer y las plataformas de bicicleta y patines compartidos, han encontrado puertas cerradas en la Semovi, no los quieren escuchar, no quieren reuniones individuales con las empresas, sólo reuniones en colectivo y muy de vez en cuando (a diferencia de las organizaciones de taxistas) ... pero cuando se trata de “sus empresas amigas”, léase Ford o Waze, entonces las puertas no sólo están abiertas, se despliega la alfombra roja y se firman convenios de colaboración.

Voy a profundizar en el tema. Recién, el 25 de abril de este año, la Secretaría de Movilidad estableció nuevos procedimientos para el registro de vehículos y conductores en plataformas de servicio de chofer. Uno de los enunciados del Acuerdo, en el punto número 6, establece que las empresas deberán compartir la información de sus viajes a un nivel de detalle que por un lado invade la privacidad de los usuarios, y por otro afecta el modelo de negocio de las empresas.

Esta ordenanza tiene otro efecto: qué garantías existen contra el manejo discrecional de la información. Qué garantiza que los datos de los usuarios no terminarán en manos de Waze Carpool, de Ford o en manos de algún empresario del Big Data, cercano al Gobierno de la CDMX, que luego se asocie con una plataforma de movilidad.

Esta no es una acusación concreta, es una preocupación general: en la Semovi hacen cosas buenas (es un eufemismo) que parecen malas. En vez de sólo hacer convenios con un actor, tendrían que abrirse a mantener una relación constante con quienes puedan ayudar a transformar la movilidad, y a su vez atender las problemáticas específicas que se presenten en las nuevas plataformas.