Opinión

Corrupción de alta escuela

Vale la pena estudiar cómo se dio el fenómeno tan extendido de la corrupción el sexenio pasado. | Octavio Díaz García de León

  • 20/02/2020
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La idea: la captura de Emilio Lozoya Austin en España es un logro muy importante para el combate a la corrupción. Esperemos que la gran madeja de corrupción que se dio el sexenio pasado se vaya desenredando para encontrar a los principales actores de este ejercicio de corrupción sistémica, de alta escuela. Por lo pronto Emilio Lozoya y Rosario Robles están ya en la cárcel para ser juzgados. Esperemos que pronto caiga el resto.

La lista de escándalos de corrupción del sexenio pasado es extensa. Solo para recordar algunos, estuvo el de la “Casa Blanca de la Lomas”, residencia que se supone le fue financiada a la entonces primera dama por parte de Grupo HIGA, importante contratista del gobierno federal y del Estado de México, que se había beneficiado del contrato del tren México - Querétaro entre otras obras importantes. (Ver)

Estuvo la “Estafa Maestra” donde se adjudicaron contratos para proyectos fantasmas, con la complicidad de universidades públicas y donde los desvíos superaron los 7 mil millones de pesos.

También las supuestas ventajas otorgadas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a la empresa española OHL, a cambio de apoyos para campañas políticas. OHL también es investigada en España por corrupción.

En el terreno de la anécdota, se cuenta de oficiales mayores de importantes dependencias y del mismo Lozoya, quienes tan solo para sentarse a “platicar” con posibles proveedores, solicitaban millones de pesos y luego, cuando asignaban los contratos, se pedían sobornos de hasta 30% o 40% del valor de los contratos otorgados. O el caso de un director general de una institución que exigía que del organismo se extrajera un pago en efectivo para sus “gastos”, de 50 mil pesos diarios.

Respecto a Lozoya, se le acusa de recibir sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, tanto para la campaña del presidente Peña como para obtener contratos con Pemex. Además, también se le imputa la compra fraudulenta de una planta de fertilizantes a AHMSA y la compra de astilleros en quiebra, en España.

El común denominador de varios de estos casos de corrupción es la sofisticación con que actuaron oficiales mayores, sus equivalentes en paraestatales, sus subordinados y otros funcionarios de alto nivel. Lozoya, por ejemplo, es un experto financiero capaz de armar esquemas de lavado de dinero utilizando paraísos fiscales.

¿Qué permitió que el sexenio pasado se diera un fenómeno de corrupción casi generalizada?

Por una parte, parece que hubo un programa deliberado de corrupción que se extendió transversalmente a buena parte del gobierno federal y a algunos gobiernos estatales.

Por otra parte, hubo una red institucional de protección a dichos actos. Por ejemplo, nunca se supo que la Unidad de Inteligencia Financiera hubiera denunciado movimientos de dinero ilícitos relacionados con estos actos de corrupción en la administración pasada, o que la entonces Procuraduría General de la República persiguiera con éxito esos casos.

La llamada “Reforma Anticorrupción” que creó el Sistema Nacional Anticorrupción y la Ley General de Responsabilidades Administrativas, fue más bien un buen deseo que no tuvo, ni ha tenido, consecuencias prácticas en el combate a la corrupción.

Falló también el control interno. La Secretaría de la Función Pública estuvo en manos de un encargado del despacho durante más de dos años. Él y su sucesor ya como secretario, permitieron que secretarios de estado y directores de paraestatales, nombraran a sus propios contralores. Esto cambió al final del sexenio, pero, o no le dio tiempo, o no pudo la entonces secretaria realizar todos los cambios de contralores que se requerían.

Esto propició que gran parte de las auditorías e investigaciones realizadas por esa Secretaría, nunca llegaran al fondo de la problemática de corrupción y en los casos en que se llegó a descubrir algo, algunos se encubrieron y archivaron.

Fallaron los consejos de administración de las empresas paraestatales que aprobaron operaciones de calidad dudosa o que francamente dañaban el patrimonio de las empresas, como en el caso de PEMEX.

Finalmente, fallaron los partidos políticos que escogieron a un grupo de cleptócratas como candidatos junto con sus equipos de trabajo y que probablemente ganaron las elecciones gracias a dinero proveniente de la corrupción que fue canalizado a la compra de votos. Fallaron también, quienes votaron por ellos.

Vale la pena estudiar cómo se dio el fenómeno tan extendido de la corrupción el sexenio pasado, en especial los actos de corrupción de alta escuela con administradores de dependencias y paraestatales expertos en corrupción. Habría que revisar todo lo que falló para contenerlos y, en lo posible, evitar que se repita en el futuro.

La captura de Robles y Lozoya son buenas noticias. Esperamos que solo sea el inicio de una larga cadena de detenciones que vayan castigando a los responsables que produjeron uno de los sexenios más corruptos de que se tenga memoria.

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