Opinión

¿Corro, vuelo, me acelero?

La prisa en asumir el control de la agenda es, para algunos, una equivocación. | José Antonio Sosa Plata

  • 02/08/2018
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La enorme cantidad de decisiones y anuncios que ha dado a conocer Andrés Manuel López Obrador, en tan solo un mes, permiten vislumbrar el nuevo rumbo que tomará el país bajo su liderazgo.

La prisa en asumir el control de la agenda es, para algunos, una equivocación. Afirman que tarde o temprano le va a costar muy cara en términos de imagen. El ejercicio del poder desgasta, pero más cuando faltan cuatro meses para que el nuevo gobierno asuma formalmente el poder. Para otros, se trata de una demostración lógica de fuerza, congruencia y efectividad que le demanda la ciudadanía.

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La #CuartaTransformación no puede esperar

Por eso, el virtual Presidente Electo corre, vuela y se acelera. La mayoría de los cambios comprometidos son drásticos y algunos requieren mucho tiempo para su consolidación. Esta vertiente parece ser una de las razones por las que los nombramientos de los funcionarios de primer nivel y de los coordinadores en los estados, las reformas legales anunciadas y los recortes que se harán en toda la administración pública han adquirido para él y su equipo un auténtico sentido de urgencia.

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El nuevo estilo de gobernar se impone, sin sorpresas

En el pasado, los nombres de quiénes conformarían el gabinete se conocían hasta un día antes de la toma de posesión. En cinco meses había tiempo suficiente para evaluar perfiles y proyectos, filtrar en algunos medios los nombres de quienes podrían generar dudas o controversias en ciertos sectores, medir las reacciones nacionales e internacionales de los personajes y, lo más importante, realizar una transición tranquila y ordenada.

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Antes, el proyecto se perfilaba con el programa de 100 días y se concretaba en el Plan Nacional de Desarrollo, el cual se presentaba seis meses después de la toma de posesión del nuevo Presidente. Ese ritmo era parte de la normalidad de nuestro sistema político y al Presidente recién electo le garantizaba un bono o periodo de gracia de más de un año.

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Ante la velocidad en los procesos de toma de decisiones por la que optó, el virtual Presidente electo, no debe olvidar que la precipitación es un arma de doble filo: en el diseño de un nuevo modelo de gobierno, y en los nuevos ejes que piensa poner en marcha en la #ComunicaciónDeGobierno. Para garantizar la eficacia no basta con crear un modelo institucional alternativo.

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Las nuevas formas y los nuevos equilibrios —que desde ya se están construyendo— necesitan el establecimiento de una política y una #Estrategia de Comunicación, que mantenga los niveles de legitimidad, aprobación e imagen de los personajes que tendrán un rol activo en el gobierno federal, que fortalezca la confianza en las instituciones y que evite caer en los errores del pasado.

La misión no es imposible, pero sí será compleja

Para mantener la confianza y credibilidad ciudadana no bastará contar con el apoyo de las “benditas redes sociales”. El cambio en los equilibrios afectará la relación del nuevo gobierno con los propietarios, directivos y líderes de opinión de los medios tradicionales. La lucha por el poder que desataron los resultados electorales desde la noche del primero de julio pasado, se está viendo reflejada todos los días en el amplio espectro de los medios que conforman el nuevo ecosistema de comunicación. Por lo tanto, el nuevo gobierno requiere trabajar con celeridad su Mapa de Riesgos.

Los ejemplos de los costos y consecuencias de una mala #Estrategia de #ComunicaciónPolítica son significativos y le han costado muy caros a personajes, partidos e instituciones. Buena parte del resultado negativo para el #PRI, en las pasadas elecciones, tuvo que ver con la falta de una solución efectiva al problema de la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

Además, el compromiso de que bajarían los precios de la gasolina y la luz no se cumplió.

El alcance de las reformas legales que impulsó el presidente Enrique Peña Nieto no llegó a tiempo a verse reflejado en beneficios directos para los sectores más desfavorecidos o en desventaja. Tampoco alcanzaron a reducir la pobreza en los términos en los que se proyectó al inicio de su administración. ¿Cuántas de las promesas que hizo Andrés Manuel López Obrador se convertirán en realidad? ¿Cuál será el costo de los probables incumplimientos, muchos de los cuales se pueden anticipar desde ahora? Prometer mucho es valiente y audaz.

Lo más difícil es cumplir a cabalidad con la palabra empeñada.

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¿Una vil venganza?

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