Opinión

Coronavirus en fase fifí

El coronavirus viaja en jet. | Jorge Faljo

  • 15/03/2020
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Las primeras señales de la entrada de la pandemia en fase fifí venían de un lugar alejado, del tercer mundo, y tal vez por eso no le prestamos suficiente atención. Se trataba de Irán.

El 25 febrero el viceministro de Salud iraní dio una conferencia de prensa para calmar las inquietudes sobre el coronavirus. Mientras hablaba era evidente que se limpiaba el sudor y tenía tos. Horas después transmitió un video, en bata de hospital, diciendo que estaba infectado.

Dos días más tarde se supo que la vicepresidenta iraní para Asuntos de la Mujer y la Familia había presentado síntomas en una reunión del Consejo de Ministros y se puso en cuarentena. Poco después supimos que por lo menos 24 miembros del Parlamento resultaron positivos. Otros enfermos son el vicepresidente del país y los ministros de cultura y el de industria. Han muerto varios altos funcionarios del gobierno y de la guardia nacional.

Irán oculta la información, pero es evidente que el golpe a la élite política es mayúsculo. Sabemos que no reaccionaron a tiempo y de manera contundente; pero esa no es toda la película.

En los Estados Unidos por lo menos tres senadores republicanos y un demócrata, así como el jefe de personal de la Casa Blanca, recién nombrado por el presidente Trump entraron en cuarentena voluntaria por 14 días tras haber saludado de mano a alguien que posteriormente resultó positivo.

Un importante representante norteamericano, Nadler, propuso que cada quien se fuera a su casa dado el riesgo de permanecer juntos. Pero Nancy Pelosi, la líder indiscutible dijo “somos los capitanes del barco, los últimos en abandonarlo”.

Resulta que el secretario de Prensa de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, dio positivo a la prueba del coronavirus. Este secretario de prensa y el propio Bolsonaro acababan de regresar de un encuentro con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y existe la posibilidad de que haya sido en esa visita que se contagió el primero. Bolsonaro dijo que se hizo la prueba y salió negativo; es decir, que no está enfermo. El presidente Trump se niega a hacerse la prueba.

El caso es que el virus, al igual que con funcionarios en Irán se ensaña en los líderes políticos norteamericanos. Pero no únicamente.

La señora Trudeau, esposa del primer ministro de Canadá tiene la enfermedad; tanto ella como el primer ministro se encuentran ahora en cuarentena.

La ministra española para la Igualdad, dio positivo y se colocó en cuarentena con su pareja, el vicepresidente segundo del gobierno español. La reina Letizia había saludado de beso a la ministra; así que, por si acaso, los reyes se hicieron la prueba y resultaron negativos. Pero de cualquier modo la reina suspendió todas sus actividades y se encuentra en observación.

También decidieron recluirse los presidentes de Portugal y el de la Eurocámara.           

El mundo del deporte se está cimbrando por el contagio. Notables deportistas de equipos de futbol de España, Italia y Alemania han dado positivo y en algunos casos todo el conjunto se ve obligado al aislamiento.

Ah, y no olvidemos a uno de mis actores preferidos, Tom Hanks, que con su esposa son enfermos confirmados.

Es evidente que todos estos personajes de alto nivel, lo más granado de las élites del planeta, se están contagiando mucho más que los demás. Y no se contagian por sus contactos con los ciudadanos de a pie. Se contagian entre ellos mismos; en este momento son las mayores víctimas, y también los principales difusores de la pandemia.

Es el caso del presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Jaime Ruiz Sacristán que no fue a la Convención Nacional Bancaria que acaba de tener lugar en Acapulco porque tiene el coronavirus; tampoco fue, por alguna poderosa razón el director general de la Bolsa, Oriol Bosch.

Por mi parte si hubiera tenido que elegir entre ir a la Convención Bancaria o subirme al metro de la Ciudad de México, lo segundo sería lo más saludable. No me cabe duda de que, entre la élite financiera, muy viajadora, algunos hayan regresado en los últimos días de los Estados Unidos, o de Europa donde tuvieron encuentros de alto nivel. Entre ellos se encuentra el riesgo mayor.

En este contexto se explica la muy dura, pero racional prohibición de la entrada de vuelos procedentes de Europa a los Estados Unidos. Lo mismo hace Turquía y son ya muchos los países que están restringiendo vuelos y tomando medidas asociadas.

En América Latina, Perú detuvo la entrada de vuelos procedentes de Asia y Europa. Bolivia prohibió las conexiones a Europa.

Argentina suspenderá a partir del martes 17 de marzo los vuelos desde China, Corea del Sur, Japón, Irán, Europa y hasta desde los Estados Unidos. Sólo podrán operar vuelos de la compañía nacional, Aerolíneas Argentinas, con el propósito de repatriar a sus ciudadanos. Además, todos los que lleguen de países con epidemia tendrán que pasar por un periodo de 14 días de cuarentena.

Las suspensiones de vuelos internacionales muestran que estos países ya entendieron que el coronavirus viaja en jet. Es así que se esparció por todo el planeta y ahora parece preferir primera clase.

Frente al coronavirus hay mucho qué hacer y hay múltiples ejemplos. En otros países se habilitan hoteles para facilitar la cuarentena de sospechosos; en Estados Unidos la guardia nacional reparte alimentos a los hogares en cuarentena; hay diversas maneras de facilitar el aislamiento.

Lo verdaderamente urgente en México es suspender los vuelos, o poner en cuarentena a los viajeros internacionales provenientes de países con el virus. Tal vez si les digo a mis amigos de la 4T que se trata de un contagio fifí tomen alguna de esas precauciones.