Opinión

¿Conviene desviar la atención?

La desviación de la agenda es un acto de manipulación pública. | José Antonio Sosa Plata

  • 03/09/2020
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Durante las últimas semanas se han incrementado las críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador por tratar de desviar la atención de la opinión pública. Unos dicen que con las acciones “espectaculares” que se están realizando se busca distraer a la gente con el fin de ocultar los errores en la estrategia contra el covid-19. Otros lo ven simplemente como actos anticipados de campaña de las Elecciones 2021.

En el marco del Segundo Informe de Gobierno la confrontación entre grupos de poder y partidos políticos parecería un fenómeno legítimo y normal. Sin embargo, la desviación de la atención en el escenario multicrisis que estamos viviendo no parece ser lo más recomendable. Si bien la decisión puede generar algunos resultados positivos para el jefe del Ejecutivo y su partido en el corto plazo, un error de cálculo podría traer más costos que beneficios.

Que quede claro. En una situación de crisis, la mayor atención debe estar en resolverla. Más aún cuando se trata de acontecimientos cuya gravedad no se había registrado desde hace más de 90 años. La complejidad que está adquiriendo la pandemia, la crisis económica profunda que ésta ha generado y la inseguridad que no cede, impiden la aplicación de tácticas propagandísticas que solo se justifican en escenarios de estabilidad.

Te recomendamos: Los distractores de AMLO rumbo a las elecciones de 2021. Foro TV, 27 Agosto 2020.

Los tiempos del presidencialismo en los que se podía  manipular la agenda para convertirla en monotemática, vertical, caprichosa, autoritaria y unidireccional se acabaron el siglo pasado. En el nuevo modelo de comunicación política que se empezó a gestar con las nuevas tecnologías, el paradigma para incidir en la agenda es —debe ser— muy diferente. Sobre todo si lo que se busca es una transformación pacífica y de alto impacto en la vida nacional.

Sobran las razones para comprender el porqué se necesitan nuevos enfoques. Destaco tres. Uno, la abundancia de medios y plataformas, con un enorme abanico de intereses económicos, políticos y sociales. Dos, la velocidad con que fluyen las noticias, haciéndolas fugaces y a veces difíciles de retener en la memoria. Y tres, los amplios márgenes que hoy tenemos con la libertad de expresión.

En suma, el nuevo rostro de la agenda de comunicación política es multitemático, diverso, efímero y plural. En estas circunstancias, no hay lugar en la actualidad para un Gran Dictador como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, mucho menos para un Big Brother, como el que creó George Orwell en su novela clásica de 1984. No hay duda que algunos políticos en el mundo quisieran tener todo el control sobre las agendas y, al mismo tiempo, con sus gobernados. Pero, una cosa es intentarlo. Otra muy diferente es lograrlo.

Consulta: Roberto Rodríguez Andrés. "Fundamentos del concepto de desinformación como práctica manipuladora de la comunicación política y las relaciones internacionales", en Historia y Comunicación Social, Ediciones Complutense, Enero de 2017.

Por otra parte, es evidente que sí hay temas que se pueden manipular ante la opinión pública por varios días, semanas y hasta meses. El combate a la corrupción, la seguridad pública o el combate a la pobreza son ejemplos ilustrativos de que es posible. Lo importante es que se haga con el debido cuidado, teniendo siempre presente que no tendrán exclusividad en la mayoría de los medios profesionales y serios, que formarán parte de una agenda abierta y que no serán útiles si no están respaldados por hechos, evidencias e historias indudables y verificables.

Aún más. ¿Quién puede esperar buenos resultados con publicidad, propaganda, demagogia o retórica con la cruda realidad que viven millones de mexicanas y mexicanos en el marco de las graves crisis que hoy enfrentamos? ¿Quién cree que un tema identificado como “distractor” es capaz de reducir la preocupación o cambiar la opinión de los millones de personas que no tienen un empleo para subsistir? ¿Cuántas de las mujeres violentadas todos los días se dejan convencer por los temas “desviadores” que se difunden en los medios de comunicación? 

Por si no lo leíste: Aumenta 22% cifra de mujeres víctimas de abuso sexual en la capital.

¿Cómo esperar la empatía de quienes perdieron a algún familiar en estos meses por la falta de atención médica adecuada en un hospital del sistema de salud que tiene el gobierno? ¿Es posible que tengan un cambio de actitud las personas que no están recibiendo, por ejemplo, las quimioterapias que necesitan para seguir viviendo y tener una esperanza de recuperar la salud?

¿Qué acción de comunicación tiene la capacidad de mitigar el dolor o la frustración de quienes fueron robados, asaltados o secuestrados y cuyos delitos quedan en la impunidad? Y peor todavía. ¿Existe alguna táctica informativa que tenga el poder de calmar el dolor de los familiares y seres queridos de la gente trabajadora y honesta que perdió la vida a manos de criminales violentos y despiadados como los que vemos con frecuencia en los noticieros y redes sociales?

Lee más: María Teresa Priego-Broca. "El desgaste emocional". Opinión La Silla Rota, 1 Septiembre 2020.

La desviación de agenda pública es un acto de manipulación, ciertamente. Pero no toda la manipulación trae una carga negativa, ilegal o ilegítima. La desviación de la atención o la capacidad para fijar o imponer la agenda (agenda setting) también puede estar sustentada en técnicas de comunicación profesional justificables, apegadas a valores éticos y, por lo tanto, perseguir objetivos que beneficien a la población. No existe ninguna campaña política que no recurra a este tipo de técnicas. 

El problema en términos de efectividad, eficacia y resultados esperados está cuando la manipulación se lleva a cabo en el lugar y/o en el momento equivocado. Durante la gestión de crisis —vale la pena reiterarlo— la prioridad es la resolución misma de la crisis y atender las necesidades de la gente afectada, de manera particular a quienes padecen sus peores efectos.

Recomendación editorial: Roberto Aparici y David García Marín (coordinadores). La posverdad, una cartografía de los medios, las redes y la política. Barcelona, España, Editorial Gedisa, 2019.

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