En el mundo, 2 de 3 mujeres vivimos algún tipo de violencia a lo largo de nuestra vida, según la ONU Mujeres.

En México, 66% de las mexicanas de más de 15 años han vivido algún episodio de violencia en su vida, de acuerdo con una encuesta realizada por INEGI, mientras que la CNDH sostiene que de los 12 feminicidios que ocurren a diario en América Latina, 7 suceden en México

Se trata de un problema global que ha inspirado distintas campañas de concientización, como la que se realiza cada 25 de noviembre, Día internacional para la eliminación de las violencias contra las mujeres. En este día las redes sociales se pintan de naranja, se escuchan discursos por parte de organizaciones, se presenta información y datos sobre las situaciones de violencia a las cuales las mujeres nos enfrentamos. 

Violencia por el hecho 

de ser mujeres


La violencia de género es el conjunto de violencias contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, es decir, una violencia ejercida contra las mujeres que se inscribe en una relación desigual de poder entre hombres y mujeres. 

Desde 2007 la Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia ha clasificado las formas de violencia (emocional, física, económica, sexual) así como las modalidades o ámbitos en los cuales suceden estas expresiones de violencia, distinguiendo el espacio privado, comunitario, laboral y docente. 

Uno de los aportes de esta ley que nos parece relevante destacar es el capítulo IV sobre la violencia institucional contra las mujeres. En particular el artículo 18, que la define como:


... los actos u omisiones de las y los servidores públicos de cualquier orden de gobierno que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, así como su acceso al disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia

Esto es muy potente porque es reconocer que también las instituciones ejercen violencia de género y violan los derechos de las mujeres, a pesar de su obligación de garantizarlos.

Pero ¿qué significa en concreto la violencia institucional? ¿Cuándo la sufrimos las mujeres? ¿Es esta violencia algo raro o muy común? 

Violencia institucional


En la campaña que hizo Fundar este 25 de noviembre, difundimos algunos gifs para ejemplificar este tipo de violencia que parece invisible y que se ha normalizado. 

1.     Cuando el personal de salud y administrativo de los centros de salud condiciona o se niega a dar información útil, veraz y oportuna sobre métodos de anticoncepción y aborto seguro a las mujeres o niñas y jóvenes que la solicitan. La negación de información impide que podamos tomar decisiones sobre nuestro cuerpo, afectando nuestra integridad personal y libertad de decidir. 

2.     Cuando las mujeres, adolescentes y niñas víctimas de violencia sexual no recibimos la atención médica adecuada y no se nos dan acceso a los anticonceptivos de emergencia y/o a los servicios de interrupción legal del embarazo. 

3.     Cuando el/la agente del Ministerio Público cuestiona nuestra vestimenta y nuestra actitud, revictimizándonos cuando denunciamos agresiones sexuales en vez de tomar la declaración y llevar a cabo la investigación correspondiente. 

4.     Cuando el personal médico maltrata a las mujeres en las consultas de atención del embarazo y en el parto, humillándonos, haciendo comentarios misóginos, o tomando decisiones sobre los procedimientos médicos sin nuestro previo consentimiento y sin darnos la información completa. 

Tristemente estos casos no son situaciones alejadas o excepcionales en nuestras vidas como mujeres, sino todo lo contrario. 

Están incrustadas en el patriarcado, en la estructura social de poder y de relaciones desiguales entre hombres y mujeres, en las prácticas autoritarias de ciertas profesiones como la médica y la legal. 

Para romper con estas prácticas de violencia por parte de las instituciones, podemos hacer uso de distintas herramientas técnicas (solicitudes de acceso a la información, entrevistas, investigación, litigio, etc.), e inventarnos otras, pero primero se requiere que podamos concebirlas como prácticas de poder, sumisión y discriminación, como situaciones que no son normales. 

Nos requiere perder el miedo, estar informadas, preguntar, cuestionar y alzar la voz. 

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Cecile Lachenal es Coordinadora del Programa Género, Derechos y Políticas Públicas de Fundar

cecile@fundar.org.mx

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