Opinión

¿Contamos hasta diez?

La salud mental de la población no está considerada como una de las mayores priori-dades de la crisis del Covid-19. | José Antonio Sosa Plata

  • 09/04/2020
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Hay quien dice que la experiencia podría ser especial y hasta agradable. Sin embargo, la indicación de quedarse en casa está afectando la salud mental de millones de personas. Las autoridades del sector salud ya lo han reconocido y un número importante de medios de comunicación están abriendo espacios para analizar lo que está sucediendo dentro de los hogares.

En principio, las recomendaciones oficiales y de los especialistas parecen viables y razonables. Frente al carácter inédito e incierto de la pandemia, es lógico que esté provocando algunas reacciones físicas y emocionales que merecen atención y cuidados en diversos grupos de la población. No se trata de un asunto menor, pero las recomendaciones para estar tranquilos son inviables e insuficientes para quienes viven en situación de desventaja o vulnerabilidad.

Entérate: Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de COVID-19, Organización Mundial de la Salud, 18 Marzo 2020.

El Doctor Hugo López-Gatell, vocero del gobierno de la República, aseguró que nuestro país entrará en dos o tres semanas a la Fase 3 de la pandemia. Ante la presión que se vivirá en los ámbitos económico y social, es probable que se experimenten cambios significativos en el humor social, en general, y en el estado de ánimo dentro de los hogares, en particular. Las experiencias de desastres y pandemias estudiadas en épocas anteriores confirman que se pueden generar daños importantes en la salud, para los que tal vez nuestro sistema de salud no esté preparado.

La fragilidad y debilidad de las instituciones será el obstáculo principal para atender el problema que se está gestando. Si nos atenemos a las recomendaciones principales que se están difundiendo oficial y extraoficialmente en forma profusa, es fácil comprobar que servirán de muy poco a un alto porcentaje de la población. Para algunos, no existen las condiciones para llevarlas a cabo. Para otros, se trata simple y llanamente de un catálogo de buenas intenciones.

Te recomendamos: 10 claves para proteger la salud mental en tiempos del Covid-19. France 24, 21 Marzo 2020.

Hacer ejercicio, leer, mantener una rutina, dialogar con la familia, o a través de las redes sociales con los seres queridos, no quedarse en cama todo el día, aprender a diferenciar entre un episodio de ansiedad y un ataque de pánico, hacer ejercicios de respiración y mantener una actitud positiva son buenas sugerencias de manual. Pero, ¿es suficiente la voluntad personal para ponerlas en práctica?

Para alguien que tiene un lugar agradable donde vivir, con seguridad. Para quien ha logrado consolidar una vida familiar estable y positiva, también. Para aquellas y aquellos que mantienen una vida a base de trabajo productivo y pueden comprar sus alimentos —y pagar sin problemas sus impuestos y las cuentas de los servicios que disfruta en casa— sin duda. Y qué decir de los pocos que tienen asegurado no sólo su futuro, sino el de las generaciones de sus familias que vendrán después de ellos.

También puedes leer: El coronavirus tumba el ánimo de tuiteros, El Universal, 18 Marzo 2020.

¿Cómo podrían seguir estas recomendaciones los millones de personas que nunca o casi nunca tienen agua? ¿Cómo pedirles que se "concentren" y "cuenten hasta diez" a las 346 mil 878 personas que acaban de perder su trabajo; a quienes llevan meses o años sin conseguir un empleo seguro y bien remunerado; a quienes no pueden seguir trabajando en la calle y que viven al día; a quienes padecen la violencia dentro de casa todos los días; a quienes los acaban de asaltar en el transporte público o en la calle; a quienes tienen un ser querido que acaba de desaparecer o fue secuestrado?

La lista de preguntas en este sentido es enorme.

Para lograr la mayor tranquilidad en tiempos de crisis, la gente debe tener confianza en sus instituciones y sus autoridades. ¿Quiénes pueden sentirse con esperanza cuando se genera la percepción, desde las más altas esferas del poder, de que no se está haciendo un llamado verdadero a la unidad o a la solidaridad?

Nadie pone en duda que la mayor prioridad de un gobierno democrático son los pobres y aquellos que están en mayor desventaja. Sin embargo, en tiempos de crisis, las políticas públicas y los planes emergentes deben ser para todos los afectados. Es lo más conveniente. Es lo justo.

Por si quieres saber más: Juan Martín Sandoval de Escurdia. La salud mental en México. Servicio de Investigación y Análisis de la División de Política Social, Cámara de Diputados LIX Legislatura, 2005.

Cierto es que hay servicios de líneas telefónicas, portales y redes sociales para apoyar a quienes requieran apoyo en su salud mental. Como cierto es también que la psicología social, la psiquiatría o la comunicación política pueden contribuir en buena medida para aminorar los efectos en el estado emocional de las personas. Pero estos medios tienen muchas limitaciones, porque la salud mental de la gente empieza por la estabilidad personal, familiar y laboral.

La confianza, la esperanza, la certeza y la certidumbre son conceptos que necesitan de una base sólida en los hechos. De poco sirve la retórica o la demagogia para afianzarlos. En comunicación política hemos comprobado que la mejor comunicación política es la que está sustentada con hechos. Y los hechos son el mejor tratamiento para reducir los episodios de ansiedad, miedo, depresión, enojo o nerviosismo como los que todas y todos podemos tener en el marco de una pandemia.

Recomendación editorial: Jorge L. Tizón. Salud emocional en tiempos de pandemia. Reflexiones urgentes. Barcelona, España, Editorial Herder, 2020.

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