Opinión

Construir el enmedio

Construir el enmedio significa reconocer que si la política es el arte de lo posible tenemos que hacer esa limonada con los limones que hay sobre la mesa. | Roberto Remes

  • 18/01/2022
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Los últimos años han sido de polarización creciente y no podemos asegurar que el escenario no se siga radicalizando. Esto no tiene que ver con el juego de palabras entre el Senador Ricardo Monreal y el presidente de México hablando de que radicalizarse es volver a la raíz. Me refiero en específico a desarrollar posiciones que son incapaces de hablar una con otra.

En este artículo trataré de defender a los moderados, a las posiciones intermedias, a la conciliación y al encuentro, pero al mismo tiempo me reconozco parte del conflicto, me reconozco opositor a Morena y a la actitud intolerante del presidente cuando se burla de sus opositores o cuando se inventa algún conflicto de interés de quienes lo critican.

Me reconozco irónico de las pifias de la “Cuarta Transformación”, me reconozco votante de una alianza que representa lo mismo ciertas élites de poder, que la única posibilidad de un triunfo opositor en la Ciudad de México o en el país, al menos en el corto plazo.

Construir el enmedio significa reconocer que si la política es el arte de lo posible tenemos que hacer esa limonada con los limones que hay sobre la mesa. Ciertamente uno puede buscar el banco de nivel y optar por posiciones políticas sin posibilidades de triunfo, como una lucha testimonial. La otra es optar por el pragmatismo, que está representado hoy por quienes cruzamos el emblema de alguno de los partidos que apoyaron a Va por México el pasado 6 de junio: PAN, PRI o PRD.

Esta semana vimos la polémica que generaron algunos legisladores al cuestionar la agenda transgénero. Sus posiciones son transfobicas. Hablar de “ideología transgénero” es, sin duda, un error y alimenta la discriminación, pero lo es más cuando esos diputados asumen posiciones que, en la práctica, ponen en el mismo nivel de la agenda a la urgente necesidad por combatir la violencia contra las personas transgénero, con discusiones relativas a la instrumentación de una política de inclusión.

Es muy probable que la discusión de agendas tan difíciles como la que acabo de mencionar requieran mucha información para todos y en particular para los tomadores de decisiones, pero también requieren puntos de encuentro. No tengo la menor duda que la razón asiste a quienes por décadas han luchado por sus derechos y porque nunca se les juzgue por autodefinirse. Sin embargo, un amplio sector de la población fue educado bajo cánones que son incompatibles con el sector LGBT+ (o con el feminismo, o con la movilidad sustentable, o con el vegetarianismo, con muchas otras causas que no son política pública). Nadie está construyendo el enmedio, es decir, no hay mecanismos de entendimiento que hagan ver a las personas con una formación distinta la necesidad social de ser no sólo inclusivos sino solidarios.

Pero así como abordo temas tan delicados como los derechos de las personas trans, la política está llena de polarizaciones: al reconocer nuestra decisión política (votar por A, B o C, o no votar), muchas veces estamos suponiendo que el otro no tiene razones para tomar otras decisiones políticas. La intolerancia política no es PAN versus Morena, viene incluso (y a veces podría decir que sobre todo) del partido que se considera a sí mismo políticamente correcto: MC, pues justo la corrección política (agendas feminista, de sustentabilidad, de movilidad, etcétera) los lleva a un desdén de otras posiciones políticas que no sólo son posibles en el espectro, sino que realmente deberíamos discutir como sociedad.

El resultado es que somos una sociedad sin moderados, porque quienes podrían ocupar esa posición política se inhiben de participar o se decantan por una postura que también lleva una elevada carga intolerante porque se asume superior a las otras.

Como sociedad nos urge entender que no hay una verdad única, una discusión única y que si quien nos gobierna respeta los principios democráticos básicos, podemos ser gobernados por quien piensa distinto y por quien no votamos.

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